pamplona. El título de la charla que Mariano Chóliz dio en el marco de los cursos de verano de la UNED, Lo que importa para ser feliz, da una pista de la realidad que defiende este psicólogo experto en emoción: no hay receta para ser feliz, pero sí unas directrices claras que, además, pueden entrenarse.
¿Cómo se define la felicidad?
Es un estado emocional. Como todas las emociones no es algo que dure para siempre, pero sí más que la alegría, que es más momentánea.
¿Y enseña usted cómo puede alcanzarse ese estado?
Se trata de las claves que están implicadas en la consecución de la felicidad. Hay unas pautas que si se conocen pueden ayudar, aunque muchas veces todo dependa de las circunstancias de cada persona.
Hay muchos tópicos acerca de la felicidad...
Todos los tópicos, cómo el que habla de salud, dinero, amor y trabajo, tienen algo de verdad, pero lo cierto es que no todo. Por ejemplo: el que uno no tenga una enfermedad no significa que sea feliz, pero es verdad que cuando uno tiene algo grave, esto sí que le provoca infelicidad. Aunque también es verdad que somos capaces de acostumbrarnos a todo tipo de situaciones.
¿El dinero no da la felicidad?
Bueno, los que menos tienen probablemente no sean los más felices, porque aunque hay muchas variables culturales, normalmente la gente que carece de lo mínimo no lo es. Otra cosa es que se pueda vivir con mucho menos de lo que creemos necesitar. Porque tenemos mucha flexibilidad, tanto como para vivir con poco como para no saciarnos con mucho. El materialismo, por ejemplo, es contraproducente, nos lleva en sentido opuesto a la felicidad, ya que no nos sacia nunca.
Pero eso es algo casi implícito en la sociedad de hoy...
Socialmente se nos exigen muchas cosas que no son precisamente las que pueden proporcionarnos felicidad. Tener un buen nivel de vida, un buen coche...
¿Y qué podemos hacer?
Podemos luchar contra esto. El tener dinero o más salud es algo que muchas veces no tenemos capacidad para cambiar, pero las cosas que verdaderamente dan la felicidad sí que podemos controlarlas. Por ejemplo, tomarnos el trabajo como una meta a conseguir o como una forma de poner a prueba nuestras capacidades, en vez de como una amenaza, nos puede acercar a una sensación parecida a la felicidad.
¿Y cómo se aprende a ser feliz?
Hay una serie de recursos psicológicos que podemos entrenar. Otra cosa es conseguirlo, porque muchas veces las cosas más cotidianas pueden estar interfiriendo.
¿Existe un manual para ser feliz?
No existe una receta, pero podría sintetizarse en aceptar y no estar preocupados por el pasado, tener una visión optimista del futuro y disfrutar del presente. A partir de ahí cada uno tiene sus variantes.
Salud, dinero, amor... ¿Hay un orden?
Si, sería: amor, salud y dinero. Aunque si uno vive obsesionado con alguna de estas cosas, está condenándose. Puede pasar con el dinero, pero también con el amor, que es una fuente extraordinaria de felicidad, pero también de infelicidad.
¿Cambiamos de prioridades con la edad?
Por lo general, la gente más mayor suele tener una visión de la vida más optimista, porque han aprendido a relativizar, en muchos aspectos que a los más jóvenes les suponen muchos más problemas. Hay un recurso que nos puede servir y consiste en pensar: dentro de tres años, ¿cómo veré esto que me está pasando?.
¿Se puede aprender a ser optimista?
El optimismo es la esencia de la felicidad, para llegar a él también hay que tener una serie de atribuciones, como entender lo que nos está pasando. Así, un optimista verá un fracaso como algo temporal, que no afecta a su globalidad, analizará las circunstancias y verá como superarlas.
¿Hay diferencias entre hombres y mujeres en este sentido?
Hay diferencias en la vida emocional: las mujeres normalmente son más enérgicas, viven de forma más intensa las emociones, ya sea alegría o tristeza, mientras que a los hombres nos entrenan para lo más mecánico. Por eso ellas están muchas veces en inferioridad de condiciones cuando se mide todo por medio de parámetros economicistas, y ellos cuando es por medio de otros.
¿Somos así o nos educan así?
Diferencias hay, aunque la educación que recibimos las acentúa más. Es, muchas veces, algo inconsciente. Por ejemplo, un estudio hace poco desveló que cuando unos padres tienen un bebé, si es niña le hablan mucho más y si es niño, juegan e interactúan de forma más física con el.