Mientras que la política internacional se llena de nuevos incendios –como el ataque militar de EEUU contra Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro; que Gaza se encuentra en las últimas después de un genocidio que no cesa pese a que se decretara un alto al fuego o las protestas contra el régimen de Irán deja miles de muertos, entre otras problemáticas–, hay crisis humanitarias que permanecen fuera del foco y, para muchos, dejan de existir. El Sahara Occidental –que lleva 50 años en el exilio después de que el régimen marroquí ocupara de forma ilegal sus territorios y de que durante este medio siglo hayan tratado de ganar el juicio público blanqueando su imagen con películas (como La Odisea) o de que hayan convertido las ciudades ocupadas en resorts para los turistas–.
Por eso, aun cuando el mundo da la espalda a la población saharaui, todavía hay una resistencia que se atreve a mirar hacia los campamentos de refugiados. De esta forma, el equipo docente del CIP Virgen del Camino –Alberto Goikoa, Eduardo Igea (coordinador) y Sergio Isabal, del departamento de Automoción–, junto con tres alumnos –Álex Koltas, Ander Arriaga y Javier Villanueva– han marchado de madrugada hasta Tinduf, en colaboración con ATTsF, para realizar labores de apoyo ténico, repararción y para reforzar los recursos de un entorno donde el mantenimiento de vehículos es esencial.
Se trata de un proyecto que surgió “poco a poco” y desde el compromiso con el pueblo saharaui. “Llevábamos mucho tiempo tratando de involucrarnos con este tema, pero no sabíamos cómo hacerlo y tampoco encontrábamos el momento”, reconoce Goikoa. Y, de pronto, un amigo de Igea –vinculado con el proyecto Sáharaztan– les donó un vehículo antiguo. “Ahí ya fue cuando vimos la luz y pensamos que podíamos involucrar a los alumnos para preparar el vehículo y mandarlo después a los campamentos”, añade Eduardo. El centro apoyó por completo la propuesta, por lo que el siguiente paso fue adquirir una subvención y contactar con una asociación que amparara su idea. Con ATTsF dieron el el clavo. De esta forma, este proyecto que realizarán entre el 14 y el 24 de enero, cuenta con dos objetivos principales. Por un lado, preparar el vehículo –un Santana Aníbal donado por Parque Móvil de Gobierno de Navarra– con los 18 alumnos de la clase, que luego se cederá a la organización para que lo utilicen como consideren y, por otro, “colaborar en campo, realizar talleres y dar formación al personal ténico sobre el diagnóstico de vehículos, neumáticos, funcionamiento de máquina de agnosis para mantenimiento y diagnóstico de averías. Además, el alumnado trabajará mano a mano”. Es decir, ofrecer una sinergia que pueda venir a medio-largo plazo tanto para el centro como para la asociación. Asimismo, también, para completar el presupuesto, harán una aportación “más que necesaria” de herramientas, material fungible... “La intención es que toda la ayuda que se nos ha dado se pueda revertir en quienes más lo necesitan, que son los saharauis”, apunta Alberto.
No ser “salvadores blancos”
Todavía no se imaginan nada. Ni la hospitalidad saharaui, ni el olor del desierto o si dormirán en jaimas, casas de adobe o ladrillos. Sin embargo, durante varias semanas han recibido sesiones de formación en materia de igualdad y cooperación. “Además de conocer su historia y sus costumbres, yo me llevo del curso que no tenemos que ir de salvadores blancos, sino que tenemos que escuchar sus necesidades y ayudarles tal y como ellos nos sugieran. Aunque nuestros prejuicios occidentales nos digan que tendríamos que aconsejarles de una manera, no tenemos que meternos en su vida. Estamos para aprender y colaborar, no para cambiarles”, expresa Sergio.
En lo que respecta a la continuidad de este proyecto, los tres docentes esperan que esta experiencia sirva como punta de lanza para que, tanto el centro como la asociación, puedan aprovecharse de esta unión creada. Por eso, lo que se plantea después de la vuelta –además de asentar lo vivido y contarlo– tiene que ver con organizar futuras jornadas y trasladar a otros departamentos las diferentes necesidades para, en los próximos años, poder exportarlas hasta los campamentos saharauis. “Ya estamos removiendo conciencias. Somos un centro de Formación Profesional y tenemos muchos departamentos que serían muy válidas para ATTsF, como automoción, soldadura, mantenimiento, frío y calor, fontanería... Se abre un abanico muy grande para la cooperación. Y si la dirección lo facilita, lo tenemos hecho”, sostiene Eduardo. Y “aquí tenemos esa suerte”, añade Alberto. En ese sentido, mencionan la predisposición por parte de su departamento para permitirles realizar este viaje cogiendo las horas que les tocaría trabajar a ellos.
Por otro lado, más allá de la solidaridad –que la hay, y mucha– también quieren que el alumnado abra los ojos hacia una realidad –muy desconocida– que está perdiendo el foco y la ayuda humanitaria. Y, de esta manera, abrir las potenciales líneas de trabajo, incluyendo, a partir de este viaje, la cooperación. “Tenemos muchas intenciones, nuestros estudiantes tienen muchas virtudes y creemos que pueden ser muy válidos. Si conseguimos que pongan el foco en la cooperación, se podrán desarrollar cada vez más proyectos inspiradores, bonitos y útiles”, dice Alberto. Sin embargo, eso llegará después, cuando, después de diez días allí, los jóvenes –y ellos mismos– descubran los privilegios de Europa y reconozcan, en palabras de Igea, “cuáles son los verdaderos problemas del mundo o “por qué el sistema capitalista nos hace creer que tenemos necesidades que no existen”. Cuando sepan que el Sáhara Occidental, aunque a tientas, resiste y lucha con el alma contra un mundo que solo recuerda lo inmediato y lo que se ve en las redes. Y contra unos cuantos que quieren callar su voz. Pero hay una resistencia que reivindicarán su autonomía. Y los alumnos y profesores de Automoción del CIP Virgen del Camino ya han pisado el acelerador.