La idea de hacer un documental en torno al VIH que fuera didáctico, rompiera tabúes y estuviera cargado de un tono positivo comenzó a rondar por la cabeza de Jordi Évole cuando la actriz y directora Leticia Dolera contactó con él. “Es una historia que empieza hace tres años porque Leticia Dolera nos pone en contacto y nos dice que Edu tiene que contar algo, y es que Edu tiene VIH desde los 17 años”. Ese Edu no era otro que el también actor y director Eduardo Casanova.

Pero como los propios protagonistas contaron durante el Festival de Málaga, en aquel momento la idea no prosperó y ambos decidieron dejarlo pendiente para mejor ocasión. “Edu no estaba preparado en ese momento ni para estar en ese punto”. El tiempo pasó y hace ahora un año Casanova transmitió a Évole que tenía claro que quería aprovechar su experiencia de vida para ayudar a otras personas. Quería “contar cómo lo había vivido y ayudar a esas personas que estaban en la misma situación. Luchar con el estigma de lo que significa tener VIH”, recuerda Évole.

Y así echó a andar el proyecto del documental Sidosa que, tras un paso breve por las salas de cine, llega a Atresplayer antes de un próximo estreno en abierto en laSexta. El documental, rodado el pasado otoño, muestra, según resume Atresmedia, “un viaje catártico con humor, emoción, memoria y cine, que permite entender la realidad de las personas con VIH hoy en día y conocer mejor quién es Eduardo Casanova”.

Évole reconoce que el título puede no resultar atractivo en absoluto “pero lo que quisimos fue devolver la jugada a las personas que le insultaban con esa palabra. Es un golpe encima de la mesa, es decir “vamos a plantar cara y a ver quién gana””. Y Casanova da a la palabra que titula la cinta el poder de convertir el insulto en empoderamiento. “Yo quiero apropiarme de ‘sidosa’”, afirma.

El documental quiere ayudar a romper tabúes porque, tal y como se escucha a Casanova afirmar en el trailer de la cinta, “el VIH es un tema tabú que no se nombra” y pone su experiencia como prueba. “Como persona con VIH he tenido que ir a recoger la medicación a escondidas o pedirle a otra pesona que la recogiera por mí. Esta es la realidad de muchas personas con VIH. Yo no soy único. Espero no ser una referencia para nadie pero tengo una voz pública muy mediática y entiendo la posición en la que se me coloca. Soy una persona privilegiada que lo dice y luego puede ir al psicólogo para recibir ayuda”.

Casanova resalta además que “la única posibilidad que tenía para hablar del VIH era a través del cine. Siempre he tenido la herramienta de hacer cine para contar lo que me preocupa”.

Positivismo y humor

Todo el equipo tenía claro que además de hacer pedagogía, quería hacerlo en clave positiva, incluso con dosis de humor. Évole afirma que se propusieron “que no fuera un drama, que no fuese Philadelphia, porque queríamos reírnos. A ello contribuyó la mirada de Edu desde el humor, el sarcasmo y el combate al odio, muy presente hoy en día en nuestra sociedad”. Esa mirada es la que, a juicio de Évole la ha dado trascendencia a la película.

El periodista ha defendido la cinta a pesar de que en los cines su repercusión ha sido muy escasa y lo atribuye al desconocimiento. “Vivimos en un momento en el que todo el mundo se desnuda y habla de salud mental, de cáncer, pero nadie habla del VIH”.