Música

Tres son multitud

22.07.2020 | 00:04
David Otero, guitarra eléctrica en mano.

CONCIERTO DE DAVID OTERO

Fecha: 18/07/2020. Lugar: Ciudadela. Incidencias: Concierto perteneciente al ciclo de actividades culturales organizado por el Ayuntamiento de Pamplona. A David Otero (guitarra y voz), le acompañaron Cristina Rubio (teclado, bajo y voces) y Carlos Gamón (batería).

desde que El Canto del Loco anunció su disolución, David Otero no ha perdido el tiempo. Comenzó su andadura en solitario bajo el sobrenombre de El Pescao, aunque era él el que cortaba el bacalao, si se me permite el símil marino. Y desde hace años firma los discos con su propio nombre. En la Ciudadela se presentó como trío –guitarra, teclados y batería–. Era una formación más básica de lo habitual, pero suficiente para vestir las canciones de manera eficaz. Arrancaron con No te voy a olvidar. El público comenzó a involucrarse en la segunda canción, Aire, en la que dio palmas y coreó el estribillo. En la tercera, la teclista, Cristina Rubio, sorprendió acompañando a David con una voz maravillosa –no hizo los coros, sino que la cantaron a dúo–. Como dijo el líder de la banda, en realidad Cristina valía por dos músicos, ya que con una mano tocaba el teclado y con la otra el bajo, cual Ray Manzarek, de The Doors. Subieron la pegada de la guitarra eléctrica con Azul y blanco; el sonido rugoso fue recibido, de nuevo, con muchas palmas. Aprovechando la euforia, prolongaron el riff final mientras el cantante emitía gritos que la audiencia repetía –cual Freddy Mercury conquistando Wembley, y paro ya con las referencias–.

Aunque la guitarra volvió a sonar con fuerza en Tal como eres, la distorsión no pudo empañar el brillo de sus melodías –seguramente, tampoco sea esa la intención–. Si definimos su música como pop rock, que puede ser un término acertado, tendríamos que precisar que está mucho más cerca del pop que del rock. Obviamente, ese nunca fue un problema si la facturación es buena, como sucede en este caso. Incluso, a veces, se permite flirteos con otros estilos, como el funk en Jardín de flores.

Y, por supuesto, en otras ocasiones recuerda más a su antiguo grupo, que para algo fue miembro fundador y compositor del mismo, cosa que hizo en Micromagia o Me enciendes. Curiosamente, fueron estos alardes de rock desaforado –ya me entienden, no estamos hablando de heavy metal–, los que más enardecieron al público. Y para rematar este vibrante pico del concierto, nada mejor que Insoportable, viejo himno de El Canto del Loco. Hay que decir en favor del público que, aunque todos cantaron y aplaudieron, el respeto a las normas fue absoluto: nadie se levantó de su butaca ni se desprendió de la mascarilla.

Sobre el escenario estaban disfrutando, y se notaba. Y también era visible el orgullo que sentían por el sonido que estaban desplegando los tres, sin utilizar ni una sola pista grabada. Así lo dijo, aunque luego bromeó con la posibilidad de que apareciese en algún periódico una crítica negativa. Que esté tranquilo, que este no va a ser el caso. Al contrario, su buen hacer fue digno de elogio, al igual que su simpatía y su capacidad de conectar con el público. No sorprende: le sobra oficio para triunfar en cualquier lid. Y repertorio, claro. Pocos podrán presumir de una colección de hits como la que el tocó en acústico al final.