Síguenos en redes sociales:

Maialen Gurbindo ‘Chica Sobresalto’Cantante, música y compositora

“Está siendo la gira en la que más ternura siento por parte de la gente”

En plena gira de su cuarto disco, Maialen Gurbindo, alma mater de Chica Sobresalto, llega con su banda a Zentral; la cita será este viernes 15 de mayo a las 21.00 horas

“Está siendo la gira en la que más ternura siento por parte de la gente”Iñaki Porto

Disco nuevo, gira… ¿Qué momento vive Chica Sobresalto?

–Pues no lo sé ni yo… (risas). En un momento muy guay, creo. Mañana (por el miércoles 13 de mayo) cumplo 32 años. Y estoy muy contenta, la verdad, porque con la edad siento que cada vez me da más igual lo que es menos importante. Y muy contenta de la red que tengo y del trabajo que hago.

He preguntado por Chica Sobresalto, que realmente es el nombre del grupo, pero también ha funcionado como alter ego de Maialen. ¿Cómo lleva esa dualidad?

–Creo que se ha ido fusionando con el tiempo. La necesitaba, porque tenía muchísimo susto y no me creía capaz de hacer absolutamente nada. Con el tiempo creo que he ido cogiendo esa confianza. Como nombre me encanta, porque también representa a mi banda, que sin ellos no estaría en ningún sitio.

En el disco, Información sísmica, se aprecian cambios en la composición. Ha utilizado más la electrónica y menos la guitarra y el piano. ¿A qué se ha debido este cambio?

–Es que decido pocas cosas. Realmente empecé componiendo con la guitarra, pero siento que si haces muchas canciones de la misma manera, vuelves todo el rato como al mismo sitio. Entonces aprendí a chapurrear con el piano, a dar clases de teoría musical que tenía un poco olvidada. Compuse Oráculo así y esta vez necesitaba otra cosa. Me he acercado a los ordenadores, a los programas de edición y de grabación, y me ha parecido muy divertido componer desde ahí, porque pasan otras cosas y en la producción también pasan otras distintas. Pero es más por aburrimiento y por querer hacer cosas distintas que por buscar un sonido determinado.

Ha trabajado también con distintos productores. ¿Por qué no hacer todo el disco con el mismo?

–Primero porque se me ha ido el prejuicio de que hay que hacer un disco entero con los mismos productores para que suene todo súper equilibrado. Yo no soy nada equilibrada. Decidí que iba a hacer lo que me diera la gana, pensando en qué pedía cada canción. Desde la composición hasta la producción ha sido todo distinto. Fuera de la fiesta la he compuesto y producido con Zahara y Martí. Pero es que Bad Gyal la compusimos Ander, el bajista, Santos, Fluren y yo, improvisando. Las que he hecho con Ed is dead, yo le llevaba semiproducciones que había preparado y él se reía muchísimo, pero sabía captar lo que yo quería. He dado a cada canción lo que a mí me ha parecido que ha necesitado. Además, es una masterclass: depende con quién estés, aprendes cosas distintas.

“Me encanta la mezcla de lo que alguien podría llamar alta y baja cultura. Hay que quitar el prejuicio, para mí la trinchera pop lo es todo”

Del trabajo que hacía en casa, cacharreando, ¿se ha quedado mucho luego en el disco o se ha rehecho en el estudio?

–Hay mucho que se ha rehecho. Por ejemplo en la intro, que Ed se reía porque decía que era bakalao, pero el sinte que hay al final, ese es el que hice yo. La voz está grabada improvisando en mi casa y se quedó tal cual. En Desamor también hay mucho de lo que les llevé a Santos y Fluren de mi casa. Sí que hay cosas, y me hace una ilusión cada vez que lo escucho en algún sitio, porque no me lo pongo, pero cada vez que suena en algún sitio digo “tío, es que ese sonido salió de mi puñetero ordenador en mi casa, en Arrosadía”.

En un disco tan variado, ha dicho que lo que le da unidad es que está cabreada en todas las canciones. ¿A qué se refiere?

–Sí (risas). Como dice Victoria Martín, siento que solo tengo dos emociones: ternura y amor profundo o una mala hostia del horror. No tengo término medio. Siento que incluso en el desamor hay rabia; no hacia ninguna persona en concreto, sino hacía la situación. O en el amor a mis amigas, en Amor, también hay rabia. “Nacimos en el lado salvaje”, que hace referencia al libro. O “papi y mami no pudieron comprarnos la entrada de un piso”. En todo esto que hemos tenido que pelear, seguimos siendo amigas. Siento que, incluso cuando quiero expresar amor, hay algo de enfado, porque soy muy picona, sigo así desde niña.

¿Y escribir las canciones le ayuda a relajarse, a reconciliarse con el mundo?

–Lo siento como una venganza. Me siento como una villana de película en mi casa. ¿Hacia qué? Hacia nada. ¿Quién recibe mi venganza? Nadie. Pero me siento más en paz.

En Llorando con Bad Gyal dice que siente que lleva toda la vida escribiendo esa canción. ¿Cómo es su proceso compositivo? ¿Le salen rápidas las canciones?

–Muchas cosas se me atascan. Hay otras que no. La de Bad Gyal, por ejemplo, salió de seguido. Desamor también. Pero luego hay otras que se atascan más. Más que la canción en sí, rumio mucho idea. Igual quiero escribirles una canción a mis amigas, pero no quiero que sea la típica canción de os quiero mucho, sino que quiero decir cosas concretas, quiero hablar sobre la red y la comunidad, y me tiro mucho tiempo rumiando eso, buscando libros que tengan esa temática. Me obsesiono. Lo que pasa es que en cuanto hago una estrofa y un estribillo, normalmente suele ir ya rodado, y como voy escribiendo todo el rato, luego puedo recurrir a eso para no escribir nada forzado. Si busco en algo que ha salido de forma genuina, encuentro cosas que que tienen fuerza.

“Siento que solo tengo dos emociones: ternura y amor profundo o una mala hostia del horror; no tengo término medio”

Otra frase de esa canción: “Yo quiero un hit que se pueda corear”. ¿Existe un manual para escribir canciones? ¿Una va teniendo trucos de compositora?

–Para mí es un error. En mi forma de componer, si yo intento hacer un hit, no me va a salir un hit. Si intento hacer una canción triste, no me va a salir. Lo que me hacía muchísima gracia era pensar en hacer una canción tan triste que pudiera ser un hit. En plan, esta tristeza que tengo la vamos a cantar todas juntas. Me parecía muy bonito como idea.

En esa canción, aparte de Bad Gyal, también hay una referencia a Trinchera Pop, de Iván Ferreiro.

–Sí. Iván Ferreiro es uno de mis compositores favoritos y cuando escuché Trinchera Pop pensaba en cuando era pequeña, que no tenía muchas amistades, que en casa a veces había una situación regulera, y me ponía los discos de Shakira o veía Bar Coyote y se me pasaba. Escuché ese concepto de Trinchera Pop y pensé que no me había sentido tan identificada con nada en mi vida. Hice un pequeño ejercicio de cuál era para mí la trinchera pop a mi edad, y me di cuenta de que está Bad Gyal y está Iván Ferreiro, y está Kate Millett y leer teoría feminista, que me encanta, pero también está leer novelas más livianas, o incluso ver un reality. Me encanta la mezcla de lo que alguien podría llamar alta y baja cultura. Hay que quitar el prejuicio. Para mí la trinchera pop lo es todo.

“Me he acercado a los ordenadores, los programas de edición y grabación, y ha sido muy divertido componer desde ahí, pasan otras cosas”

Ese disco de Iván Ferreiro también jugaba con el concepto de que el pop recicla mucho, y de que un creador no hace nada realmente nuevo, sino que utiliza cosas que ha ido viendo y oyendo durante toda su vida. ¿Lo ve así?

–Sí, y me parece superimportante como artista y como compositora, también para tener los pies en el suelo, pensar que no te estás inventando nada y que hay que honrar y hacer referencia a todo aquello que te inspira. Por eso todo el disco está lleno de referencias y de citas, porque me gusta decir de dónde vienes, pero ya no sólo en la infancia, sino ayer. ¿Qué disco te salvó la vida el mes pasado?

El disco está lleno de referencias literarias, pero quiero centrarme en una, que es la de Canto yo y la montaña baila, de Irene Solá, que ha inspirado Primeros auxilios, la canción que cierra el disco y, creo, una de las más especiales del álbum.

–Me acababa de leer aquel libro y me fui a un retiro a hacer yoga con Zahara. El retiro era de la psicóloga que las dos tuvimos en común y me pareció precioso. Estaba ahí, en mitad del bosque, y pensaba en cómo en el libro de Irene Solá hablan los ciervos y cómo la naturaleza tiene palabras. Me sentía así. Enseguida entro en la película, me sentía dentro del libro. Vi un ciervo y pensé en que yo quiero ser como ese ciervo del libro, como este que estaba viendo. Esa canción es para mí la más importante del disco. La iba a producir con Zahara, porque había surgido a su lado, pero a mi aita le habían diagnosticado cáncer y me fui con mis padres a los Pirineos. La canción se iba a quedar fuera de disco, pero luego vino mi amiga Marta, que es la pianista, Marta Irizibar, y la grabamos en casa. La mezcló Santos y está todo, entre comillas, mal, tuvo que hacer filigranas. Pero me parece, igual que Canto yo y la montaña baila, un recordatorio de qué es lo realmente importante en la vida. Y que solo necesitas a alguien que sepa primeros auxilios a tu lado. Que así ya vale para saltar o para mirar. Y ser un ciervo. No necesito nada más que ser un ciervo (risas).

Te puede interesar:

“Aunque tengamos festivales y macroconciertos, hay que cuidar la escena más pequeñita; vayamos a las salas”

Otra canción importante es Virgen de la Luz, dedicada a su abuela y a las mujeres de su generación.

–Es que mi abuela Leo es una reina. Ella no sabe leer ni escribir y a mí desde pequeña me parecía una cosa supernatural. Años más tarde, mi ama me enseñó unas cartas que había mandado el abuelo desde no sé dónde. Ahí descubrí que el abuelo sí escribía, y como siempre tengo esta manía de llevarlo todo al feminismo, me chocó, porque mi abuela es del mismo pueblo, de la misma generación. Creo que no es coincidencia que a las mujeres las alejaran de la cultura para poder tenerlas más controladas. Me parecía injusto y al mismo tiempo muy de agradecer que mi abuela hiciera todo lo que hizo, porque la familia de mi ama es un matriarcado absoluto. Gracias a eso yo sí sé leer y escribir, yo sí tengo acceso a la cultura. Quería hacer un homenaje a todas las mujeres que tuvieron que firmar con una X aunque tuvieran cosas tan importantes que contar. Les debemos mucho de la memoria histórica. Luego, al ser ella extremeña y tener que subir, está esa soberbia que tenemos un poco los del norte, lo de los ocho apellidos vascos. Yo estoy súper orgullosa de ser mitad extremeña, me hace mucha ilusión. Esa canción está llena de alusiones a historietas que ella me ha ido contando cuando bajaba al pueblo, a cómo se tuvo que casar de noche porque estaba embarazada, el pecado y todo esto.

¿Vive todavía?

–Sí, vive, pero le dio un ictus y no puede hablar.

¿Y ha podido escuchar la canción?

–Sí. Le encantó. Se la puso en un bluetooth y abrazaba el bluetooth. Es que es toda ternura ella.

¿Cómo está yendo la gira?

–Creo que tenemos un concierto bastante brutal. Tenemos un setlist precioso. Tengo unos músicos y unas músicas con las que llevo años tocando y nos entendemos a la perfección. A veces estamos tocando y nos reímos, o me voy a abrazar a Marta. Tenemos una cosa preciosa y somos tan trabajadoras y tan obsesivas todas que sonamos muy bien, vamos a piñón. Está mal que yo lo diga, pero es precioso. Algunas salas han estado más llenas, otras han estado más vacías, que también lo he estado reivindicando. Me parece importante porque si todas decimos que hacemos sold out hay mucha gente que se va a sentir mal sin necesidad. Aunque tengamos festivales y macroconciertos, hay que cuidar la escena más pequeñita, ya no solo por mí, sino en general. Vayamos a las salas. Está siendo la gira en la que más ternura siento por parte de la gente. Tenemos un público que es magnífico.