Lamine Yamal, musulmán declarado, ondea una bandera de Palestina en la celebración liguera del Barça, y el ministro de Defensa de Israel le acusa de incitar al odio contra su país y contra los judíos. Como si en vez de enarbolar una bandera legal, en solidaridad con un pueblo que está siendo masacrado, hubiera portado un mensaje ofensivo o violento contra Israel. Con el peregrino argumento –que lleva usando Israel desde el inicio de la invasión de Gaza– de que criticar el asesinato de los gazatíes es apoyar el terrorismo de Hamás. Al ministro solo le faltó exclamar: “¡Lamine, déjanos aniquilar tranquilos!”. Y en ésas estamos cuando un vocero del PP dice que “no se debe mezclar el deporte con otras cuestiones”. Frase que suelta siempre que no le gusta el mensaje político en concreto, pero que en este caso chirría especialmente por su tolerancia con tan trágica matanza. Nos consuela comprobar que a Lamine se la refanfinflan unos y otros.