Murió en su caserío Martintonekoborda, enel barrio de Aintzialde de Arizkun, donde vivió con su esposaSilvestra Elizalde, de la que había enviudado el 13 de juniode 1987, y de donde y hasta donde tuvo que caminar para ir yvolver, hasta que algunos se dieron cuenta de que aquello nopodía ser y empezaron a traerle y llevarle, cosa buena por elpremio del pan y queso, y el café y copa generosos de la madrugada.
Mauricio, inagotable sin descanso horas y horas que parecía increíblepor su menuda figura,se hizo popularísimo en todo Euskal Herriadonde representaba y se le tenía por la perfecta y mejor imagendel txistulari rural, lo mismo que su compañero inseparable ytambién recordado y querido Félix Iriarte (+), del mismo Arizkun,representaba al atabalari. En las fiestas de los pueblos de Baztansu presencia era obligada, como proverbiales eran su seriedady compromiso a la hora de cumplir.
Para Mauricio Elizalde, el txistu era su vida, en público y enla soledad de su caserío al caer la tarde y una vez acabadoslos trabajos de casa, servida el forraje y ordeñadas las vacas.Por décadas, fue profesor de txistu en Elizondo tres días porsemana (ya se dice que venía a pie) y de mutildantza al acercarselas fiestas patronales, con su gran amigo el euskaltzale MarianoIzeta, golpeando con el pie para marcar los pasos y sin dejarde tocar en la cancha del Antxitonea y bien de noche, las primerassalidas nocturnas de muchos jóvenes con la excusa de aprender.
Se recuerda que cobraba del Ayuntamiento de Baztan ¡12.000 pesetasal año!, lo que se le mejoró gracias a las gestiones de Ana MariMarín ante la Institución Principe de Viana y gracias a MiguelJavier Urmeneta, diputado foral por aquel entonces con otras24.000 pesetas, que para los años 60 eran ya una más digna cantidad.Estuvo y estaba en todas partes, recordaba que en más de 350bodas, montones de bautizos y misacantanos que sobrevivían enaquel tiempo, un personaje insustituible.
El Padre Donostia, el 27 de diciembre de 1943, trece años antesde morir en Lekaroz, escribía: "Esta copia de música está hechasegún otra escrita por Mauricio Elizalde, de 28 años, txistularide Arizcun, el cual ha aprendido de memoria estos bailes de supadre Antonio. He corregido algunos detalles de ritmo que noestaban bien transcritos en la copia de Mauricio Elizalde, despuésde habérselos hecho tocar todos a este txistulari". Lo hizo aindicación del alcalde del valle, Gerardo Plaza, "para que quedearchivada en el Ayuntamiento (de donde desapareció y nunca másse supo) y no se olvide la música de estos bailes".
Al fin de sus días, muy afectado por la falta de su esposa Silvestray por sus achaques de salud, se retiró al caserío. Su fallecimientocausó tremenda consternación en Baztan, y se habló de erigirlealgún recuerdo. Pero la memoria es débil. (Parece).