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Luchar y vivir en Cisjordania

La tudelna Maialen Goikoetxea ha viajado a Palestina con el colectivo Longo Maï para aprender de cultivos de autoabastecimiento y de la agroecología de la población, para quien cada día es una victoria

Luchar y vivir en CisjordaniaFermín Pérez Nievas

"En Cisjordania he aprendido a que si quieres hacer algo, solo tienes que ponerte a hacerlo. Tengo el sueño de tener una tierra y siempre pienso: donde será, quiero que sea una buena tierra. Aquí con un trozo de tierra idean cómo hacer para cultivarlo, si tiene piedras las quitan y si necesitan agua la buscan. En el tiempo que he estado aquí he aprendido a tirar p’adelante, a trabajar y crear desde lo que tienes y aprovechar al máximo los recursos. En Tudela hay tierra muy buena y es fácil sacar el huerto aquí, aunque sea difícil, se puede hacer y no hay que preocuparse, hay que pensar e idear soluciones”. Así describe Maialen Goikoetxea, tudelana de 32 años, la enseñanza que se trae de Cisjordania, parte de la Palestina ocupada, donde ha permanecido unas semanas para tratar de aprender sobre la agroecología y el autoabastecimiento.

Unida por amistad a la comunidad de Longo Maï, esta joven emprendió la experiencia de viajar a una de las zonas más militarizadas del planeta para tratar de aprender y conocer “las diferentes realidades de los campesinos para a la vuelta a Europa darlas a conocer”. Maialen vive en una furgoneta desde hace tiempo y se mueve por el continente entre diferentes “colectivos políticos de agricultura, comunidades que viven en el monte con cierto objetivo de autonomía y también con cierta ideología anarquista y anticapitalista”.

"Se quejan de que las ONG no miran las necesidades reales del pueblo palestino, imponen ciertos tipos de proyectos, cultivos y conocimientos con pesticidas y también cierta mirada a la industrialización y al sistema capitalista”

Maialen Goikoetxea

De esa manera, cuando se encontraba visitando a una de las comunidades de Longo Maï en Francia, que existen desde hace más de 50 años, le invitaron a unirse a este viaje a Palestina un país con el que querían conectar “a través de la agricultura” y con el que habían contactado con varias familias de Cisjordania en unas charlas que les habían ofrecido en Francia.

Maialen Goikoetxea estará esta Navidad en Tudela para dar a conocer la realidad de estos campesinos en una charla que ofrece el día 26 de diciembre en la sede del colectivo Haize Hegoa a las 18.30, donde también proyectará un documental sobre su experiencia que lleva por título Tierra y Resistencia. El ejemplo palestino en Cisjordania. Uno de los objetivos de estos palestinos es “tratar de recuperar mucho del conocimiento de la tierra que han perdido y enfocarse hacia la agroecología. Se quejan de que las ONG no miran las necesidades reales del pueblo palestino, imponen ciertos tipos de proyectos, cultivos y conocimientos con pesticidas y también cierta mirada a la industrialización y al sistema capitalista y quieren volver a sus orígenes de vivir de cuidar la tierra”.

Trabajando en uno de los campos de Cisjordania.

La llegada

Solo el viaje en sí fue toda una aventura. El grupo de Longo Maï llegó a Cisjordania a través de Amán, en Jordania, para lo cual se dividieron en parejas. “a nosotros nos retuvieron unas 5 horas en una comisaría. Durante dos horas nos hicieron una entrevista, yo tenía que decir que iba de turismo, pero no me creían y me hicieron esperar y esperar”. Para entrar en Cisjordania están obligados a hacerlo en autobús. “Tienes que mentir y decir que vas a Israel. Finalmente nos dejaron pasar y nos dijeron que no podíamos ni trabajar, ni hacer voluntariado y que si lo hacíamos nos sellarían el pasaporte para que no pudiéramos entrar en 20 años”.

La situación que se vive en el día a día resulta casi increíble si no se contempla con tus propios ojos, el Gobierno de Israel, a través del ejército o de las leyes, hacen todo lo posible para que los palestinos puedan llevar una vida digna como seres humanos, poniendo problemas al agua, introduciendo animales alóctonos como el jabalí, prohibiendo la venta de ciertos productos, robándoles tierras y negando casi la condición de personas. Cisjordania es la peor tierra de todo el territorio Palestino, árida, con una enorme sequía y llena de piedras por lo que “la mitad de nuestro trabajo cuando llegamos a ayudar es quitar y quitar piedras. Con trabajo muy duro convierten los montes en pequeños huertos aterrazando los montes con pequeños campos de cultivo de 3 ó 4 metros de ancho. Están tratando de cultivar entre los olivos como hacían antes. Antes de la ocupación israelí había viñas, higueras y moreras y todo eso lo han ido perdiendo”.

El Gobierno de Israel, a través del ejército o de las leyes, hacen todo lo posible para que los palestinos no puedan llevar una vida digna como seres humanos, poniendo problemas al agua, introduciendo animales alóctonos o prohibiendo la venta de productos

En estos momentos, la prioridad para esta población es tratar de cultivar el trigo entre los olivos, “ya que el 96% lo importan de Ucrania y Rusia y es la base de su alimentación para todo, es uno de los objetivos del Foro Agroecológico Palestino, con los que tratamos”. Una de las actuaciones sibilinas de los israelíes ha sido la introducción del jabalí que ataca sus cultivos y contra la que no pueden luchar porque no comen cerdo. “Uno de los proyectos principales es vallar para que no entren los jabalíes pero es caro y va en contra de la tradición Palestina. No se ven vallas, como en Europa, pero tiene la necesidad de hacerlo para salvar los cultivos. Para ello hacer vallas comunales y que no reparcelar todo”.

El esfuerzo palestino por la defender su tierra y su modo de vida les lleva a proyectos como el de la biblioteca de semillas. Lograron 2.000 euros de diferentes activistas de Europa y con ese escaso dinero compraron una tonelada de semillas que repartieron a 60 agricultores. “Fue un día muy bonito”, recuerda Maialen. “De ahí nació la idea de descentralizar el Banco de Semillas que está en Hebrón. Son los propios campesinos quienes quieren crear Bibliotecas de Semillas, que cada pueblo tenga la suya, por lo que el 5% de las semillas que les dan tienen que devolverlas para crearla. Viven con la idea de que se están preparando para que pase algo como en Gaza, que los sitien o no les dejen moverse. Por eso su intención de poder autoabastecerse”.

Maialen en la parte alta de un olivo.

La persecución

La presión militar hebrea llega a tal extremo que realizaron una redada donde se encontraba el Banco de semillas. Detuvieron a un gran número de gente, destruyeron documentos, ordenadores, muebles, “ese mismo día íbamos a ir nosotros, pero en el último momento lo cancelamos y nos libramos”, relata. El grupo con el que ha viajado ha estado también en Haifa, que se encuentra en lo que los propios palestinos denominan Palestina 48, porque es territorio palestino que fue ocupado por Israel en la guerra de 1948.

Ahora es el peor momento que está viviendo Cisjordania por la violencia que están sufriendo y la constante ocupación y presión de los colonos. Es habitual escuchar disparos por la noche y ver al ejército merodear y hacer detenciones o registros “cada dos o tres días asesinan a alguien, pegan un tiro a jóvenes, sobre todo universitarios, sin ninguna justificación”. En un ambiente tan hostil los check point son “horribles, convierten un viaje de media hora en 3 ó 4 horas. Te sugieren que pongan las manos siempre en la parte de arriba del volante porque si las tienen en otro sitio tienen una excusa para pegarte un tiro. Es una situación muy fuerte e injusta, pero sorprende la fuerza del pueblo palestino. La vida es muy complicada pero siempre piensan una idea nueva, como el campesino que se ha comprado una burra pensando en que les van a quitar el diesel. Están considerando y esperando que pase algo como en Gaza. Llevan sitiados desde 2004 y creen que puede empezar un nuevo Gaza aquí”.

"En Cisjordania los colonos les matan a los rebaños, les queman los olivos, muchos colonos dicen que son pastores y les roban los rebaños y si los palestinos pastorean no tienen derecho a estar en las tierras donde pastorean los colonos"

Maialen Goikoetxea

Cisjordania tiene los mismos problemas que los territorios palestinos ocupados, la diferencia es que la presión que ellos sufren viene del ejército y la que viven en Palestina 48 proviene de las leyes israelíes. La presión para tratar de hacer imposible la vida tiene tantas aristas que es complicado narrarlo. “Por ejemplo, el problema con el agua no es solo que les destruyen las fuentes, sino que dicen que esa fuente es sagrada para los judíos y se la prohíben usar, o dicen que es para las colonias y se la devuelven a precios caros, o les cortan el agua y sobre todo en verano. Si miras los techos de sus casas, distingues que quienes tienen depósitos de agua son palestinos, ya que los colonos siempre tienen agua. En Cisjordania los colonos les matan a los rebaños, les queman los olivos los colonos, muchos colonos dicen que son pastores y les roban los rebaños y si los palestinos pastorean no tienen derecho a estar en las tierras donde pastorean los colonos, que claro son las propias tierras de los palestinos. El Gobierno israelí no les permite cultivar determinados productos como aguacates, mangos, algodón, patatas… por lo que no pueden vender en el mercado y tampoco determinados animales como colmenas de avejas, gallinas, vacas…”.

"Mi conclusión es que hay que volver a la tierra y nos estamos confundiendo de camino en esta civilización con la idea de progreso. Hago un llamamiento a todos a volver a la tierra. Cuando ves tanta violencia alrededor no queda otra que volver a la tierra"

Maialen Goikoetxea

"Un viaje empoderador"

Pese al sufrimiento que se palpa, Maialen Goikoetxea vuelve con una visión positiva de aprendizaje, “el viaje está siendo muy empoderador para mí. Siento que tienen mucha fuerza, mucho humor, nos lo hemos pasado muy bien. Derrochan alegría, pero al mismo tiempo viven bajo mucha presión y mucha violencia y Gaza les pesa mucho. Si llueve no se alegran por sus cultivos, sino que piensan cómo lo estará viviendo la gente de Gaza. Mi conclusión es que hay que volver a la tierra y nos estamos confundiendo de camino en esta civilización con la idea de progreso. Hago un llamamiento a todos a volver a la tierra. No nos queda otra. Cuando ves tanta violencia alrededor, no queda otra que volver a la tierra”.