Alumnos y alumnas del centro La Ribera de Cascante han realizado un documental sobre la importancia de la música en la memoria que se proyectó en el centro cultural Avenida de Cascante. En el proyecto han trabajado 16 alumnos y alumnas de entre 15 y 16 años de edad, dirigidos por Carmen Abian, profesora del centro, que buscaba “recuperar el patrimonio inmaterial musical de Cascante”. El trabajo nació como un proyecto dentro de la Red de Escuelas para la Memoria y la convivencia de Navarra y ha sido posible gracias a la subdirección del departamento de Educación del Gobierno de Navarra y al Ayuntamiento de Cascante que cedió el centro cultural para la proyección del documental.

Antes de empezar la proyección Joseba Guardia dijo unas palabras en nombre de Estaciones Sonoras, “por cosas como esta tiene sentido Estaciones Sonoras, la escusa de poder ver a Luz Casal en el antiguo colegio, a Amaral o Rosendo en otras épocas es el argumento que nos damos para poder construir comunidad de la manera que lo hacen los alumnos y alumnas del centro la Ribera”. En el proyecto han tomado parte otros colectivos como Reforzando Vínculos, de Cruz Roja, desde los centros de día, colegios o el vecindario.

Los protagonistas

Estos alumnos y alumnas llevaron a cabo 5 entrevistas a seis personas del pueblo vinculadas al mundo de la música en Cascante, y con la información recogida pusieron en marcha la grabación del documental de un poco mas de 24 minutos de duración, sobre la historia de la música de Cascante en los últimos 100 años. El objetivo de este proyecto ha sido también fomentar el encuentro intergeneracional entre adolescentes y personas mayores y cuenta con ayudas del departamento de Educación del Gobierno de Navarra y se puede ver en youtube bajo el título de Música y Memoria en Cascante.

Este es el segundo proyecto realizado por alumnado del Centro La Ribera de Cascante sobre recuperación de patrimonio inmaterial ya que en 2025 el proyecto realizado fue sobre los oficios perdidos. Las personas entrevistadas por el alumnado para realizar este documental han sido Toni Gómara, Antonio Clemente, los hermanos Falces y Joaquín Gómara.

Toni Gómara

Toni Gómara es a sus 68 años un referente de la memoria musical de Cascante. Su viaje sonoro comenzó a los 20 años en el Conservatorio, donde el violín fue su primer compañero, para luego dar paso a una prolífica trayectoria marcada por la gaita navarra y la tuba en la banda municipal. Sin embargo, su cu­riosidad no se detuvo ahí tras su jubilación, Toni ha encontra­do una nueva pasión en las flautas del mundo, instrumentos que no solo estudia, sino que fabrica él mismo utilizando materiales cotidianos como PVC, caña o aluminio. Toni recuerda una infancia donde la música era una presen­cia constante y natural, desde los cantos de las mujeres du­rante las faenas domésticas hasta las jotas espontáneas en los bares y los cantos de los hombres en el campo. A tra­vés de sus recuerdos, se ha podido reconstruir la historia musical del pueblo, marcada por hitos como la recuperación de la Jota de Cascante del maestro Guerra o el descubrimiento de una polonesa para gaita que hoy es imprescindible en las fiestas. Ahora Toni usa la música como una forma de terapia perso­nal. En su taller, rodeado de más de cien flautas artesanales, busca sonidos únicos y escalas exóticas, improvisando con los ojos cerrados.

Antonio Clemente

Antonio Clemente a sus 73 años, representa esa generación de Cascante que aprendió a amar la música antes incluso de tener un instru­mento entre las manos. Su primer recuerdo musical es, en una época donde no había juguetes en las casas, él y sus amigos sentados en el Parque del Romero, con unos palos de madera, imaginando que tocaban saxofones y trompetas mientras tarareaban melodías. Aquel juego infantil fue el preludio de una vida donde la música siempre ha buscado un hueco. Durante su juventud, la música en Cas­cante estaba marcada por las fechas se­ñaladas: las orquestas en la plaza, las fiestas de los pueblos, una tradición de los quintos... Antonio recuerda también las jotas espontáneas en los bares, cantadas a viva voz y sin más acompañamiento que el de un grupo de amigos compar­tiendo un vino, una esencia que, según él, se mantiene viva a pesar de que hoy la guitarra haya ganado protagonismo en este género. Al jubilarse, decidió que era el momento de cumplir una asignatura pendiente y se apuntó a clases de guitarra. Para él, practicar y aprender es una ma­nera de mantener la mente activa y disfrutar relacionándose con otras personas. Su testimonio nos enseña que nunca es tarde para retomar una pasión y que la música, más allá de la técnica, es una herramienta fundamental para la salud y la alegría de vivir.

Hermanos Falces

Para los hermanos Falces, la música no fue solo una afición, sino el eje central sobre el que giraba su hogar. Con 87 y 91 años respectivamente, Romero y Ángel recuerdan una casa siempre llena de sonidos y ensayos, donde su madre disfrutaba viendo cómo las habitaciones se abarrotaban de músicos. Esta pasión familiar tuvo su máximo exponente en su hermano mayor, Fermín, quien lideraba la emblemática orquesta cascantina La Bella Flor y era capaz de escribir sus propias composiciones. Bajo su guía, los hermanos se integraron en la música, Ángel (ya fallecido) a la batería y Romero a la guitarra, el piano y la voz. La trayectoria de Ángel está marcada por las giras veraniegas con La Bella Flor. En una época de desplazamientos difíciles, la orquesta recorría los pueblos de la zona cargando instrumentos para hacer bailar a la gente en plazas y salones. El repertorio era exigente, tenían que preparar más de veinte canciones seguidas, desde pasodobles y valses hasta los ritmos más modernos de la época como el twist o el foxtrot. Por su parte, Romero destaca su faceta como organizadora de un grupo mixto que, tras ser descubierto por el Ayuntamiento, llegó a actuar con gran éxito en el teatro del pueblo. Ambos coinciden en que la música de antes tenía una salsa especial, basada en la melodía y en letras que transmitían un mensaje frente al ritmo tecnológico de la actualidad. Al participar en este proyecto, los hermanos Falces lanzan un mensaje claro a las nuevas generaciones: la música es una compañía incomparable que no deben abandonar.

Joaquín Gómara

Para Joaquín Gómara, de 80 años, la música es una compa­ñera inseparable que le ayuda a levantar el ánimo cada día. Sus primeros recuerdos musicales están estrechamente ligados a su etapa como monaguillo en la parroquia de Cascante, donde con apenas 8 años descubrió la solemnidad del canto gregoriano. Aquellas melodías religiosas, como el kyrie o el cre­do, fueron su primer contacto con un arte que, aun­que no siempre entienda técnicamente, asegura que nunca le molesta y que busca en cada rato libre.