Euskal Jaia une a toda la Zona Media
La fiesta agrupa a 28 pueblos situados en la merindad de Olite-Erriberri y tiene como eje vertebrador el impulso del euskera y la unión comarcal
A pesar de tratarse de algo nuevo, la Euskal Jaia ha calado como si de una tradición se tratase, ya que la involucración de la población para esta segunda edición ha sido, una vez más, espectacular. Se palpó durante los meses previos, pues el material repartido se vendió de forma incesante. Se agotaron los 1.200 tickets de comida, se vendieron cerca de 700 tote bags y se hizo una nueva tirada del pañuelico, convertido en el indudable distintivo de la cita. A excepción de la desestabilidad climatológica, todo apuntaba a una nueva jornada histórica.
Y así lo fue. El desagradable cierzo y los nubarrones no pudieron oscurecer lo que se ha convertido en la mayor expresión folklórica de la merindad de Olite-Erriberri. Organizada por Agerraldia, Altaffaylla Fundazioa y varios grupos promotores del euskera de la Zona Media, la fiesta tuvo como objetivo principal exaltar el euskera y la cultura local, de una forma festiva e inclusiva.
Fueron miles las personas que se desplazaron a Tafalla para disfrutar de un programa de actividades que abarcó todo el día. Los gigantes, tan adorados por los muetes y muetas de nuestra tierra, dieron el pistoletazo de salida a penúltima hora matutina. Desfilaron las comparsas de Asier Marco, Larraga, Artajona, Falces, Ujué y Txantrea; acompañadas por gaiteros de Orisoain, Tafalla, Aldamara y Larraga. Esta primera comitiva partió hacia la Iglesia de Santa María, aunque luego se juntase con la comitiva posterior.
EL GRAN DESFILE
Al mediodía partió de la plaza la segunda kalejira, una excelente muestra de la buena salud de la que goza la cultura vasca en la franja central de la Alta Navarra. Abrieron la marcha los zampanzares de Larraga y Tafalla junto con una decena de compañeros venidos de diversos puntos de Euskal Herria. Tras ellos, los blasones de los pueblos de la Merindad cargaban de solemnidad el evento, dotando de ceremoniosa elegancia a la marcha popular. El desfile también incluía personajes carnavalescos, de Miranda de Arga y Mendigorria, muestra de la labor de recuperación del carnaval rural que se está haciendo últimamente en muchas localidades navarras.
La danza, como no, fue una de las grandes protagonistas de la Euskal Jaia, y es que 8 compañías estuvieron presentes en el desfile y el posterior baile: Txibiri (Olite-Erriberri), Urnia (Larraga), Martin Galdiano (Tafalla), Berbinzana, Caparroso, Falces y Tafalla. El ritmo lo pusieron los txistularis de Tafalla, Peralta, Olite y Larraga.
Todos los grupos culturales culminaron sus andanzas en la Plaza de Navarra, donde dio comienzo el acto de apertura. Muestras de majestuosidad se entremezclaban con el carácter costumbrista y cercano de la fiesta, como el hecho de que los txistus entonasen el Gernikako Arbola, himno vasco por excelencia, para abrir la intervención. Tras el debido aurresku a los escudos de los pueblos, el valdorbés Ibai Berrogi y la marcillesa Marta Garrido procedieron a la lectura del mensaje, representando en sí mismos la unión entre montaña y ribera.
IDENTIDAD, VASCA Y DE PUEBLO
“¿Qué sería de un pueblo sin identidad? ¿Qué sería de un pueblo sin cultura? Podría ser muchas cosas, pero desde luego, no sería pueblo”, citaba el texto. Se apeló a la importancia de la cultura como nexo intergeneracional: “No hay una flor que crezca sin raíces, ni especie en la tierra que no mame del saber de sus ancestros. Somos el vehículo que une a nuestras generaciones pasadas con las futuras, y la cultura, es el camino por donde transitamos. Hoy, estamos aquí para reivindicar lo que somos, lo que, además de existir, nos hace ser”. Por ende, se remarcó el orgullo de pertenecer a pueblos pequeños como “lugar de transmisión de sabiduría popular”.
En el acto cantó la coral Baigorri, de Tafalla, entonando la que es probablemente la canción popular en euskera con más arraigo en el grueso de la ciudadanía: Txoriak txori, de Mikel Laboa. Tras el acto; bailes, cantos, talleres de laya y txalaparta, puesticos de venta… Cuadrillas vestidas de casero brotaban por todos los rincones, llenando de alegría y ambiente la ciudad del Zidacos.
En la comida, el cierzo fue el invitado más desagradable, pero no pudo enturbiar el buen ambiente generado, con el gentío cantando a ritmo de la Txaranga Kuxkuxtu. Después, las danzas de Patxi eta Konpainia, la txaranga Malatxo y la música del pinchadiscos Lotsik Ez o el grupo artajonés Antigona amenizaron la tarde. Mientras tanto, el público infantil pudo gozar de los juegos de Dindaikale y el esperado torico de fuego. Para terminar, toda la masa se dio cita en la plaza para escuchar a los grupos de rock que cerraron el cartel; las vizcaínas Sua, los míticos EH Sukarra y la romería vasca Muxutruk. Un cierre redondo para una completísima jornada.
VOLUNTAD POPULAR
En el acto inaugural, los organizadores destacaron que “Si hay una palabra que define la Euskal Jaia, esa es “Voluntad”, pues todo esto que veis aquí está saliendo adelante gracias a la ilusión y el trabajo de centenares de personas”.
Dadas las frecuentes adversidades, el impulso del euskera y su cultura en la Zona Media ha corrido con frecuencia a cuenta del movimiento popular; de grandes esfuerzos particulares que han germinado una gran voluntad colectiva, en contraste con el desinterés -o incluso la contrariedad- mostrada por ciertos grupos políticos e instituciones.