No se le conoce cara amable a Cristina Ibarrola, la persona designada por Enrique Maya –eso comentó él– para encabezar la lista de UPN al Ayuntamiento de Pamplona. No se le conoce aunque se supone que la tendrá, pero no la pudo mostrar en su dura legislatura con Marta Vera en Salud de 2011 a 2015, bregando con recortes y toda clase de problemas internos –sustituyó como gerente del SNS al defenestrado y encerrado en su despacho Juanjo Rubio, el fichaje estrella de Vera– y una pésima imagen por, entre otros, asuntos como el de Mediterránea de Catering. Tampoco en la oposición en el Parlamento de Navarra, al que entró en 2019 recuperada por Esparza, y en el que se ha convertido en la cara más visible y áspera de la oposición en esta legislatura tan marcada por los asuntos sanitarios, que son su campo natural, y en los que ha zurrado sin piedad al Gobierno de Navarra y al Departamento de Salud. Desde fuera, sin dudarlo, parecemos estar ante una trabajadora seria y constante, que ya sea en la alcaldía o si le toca oposición será un duro hueso de roer para los partidos que tenga en frente, puesto que no estamos ya ante un mirlo blanco como era Maya en 2011 –Barcina puso a alguien que no opacara su imagen y a fe que lo logró, puesto que la primera legislatura de Maya fue muy plana al nivel que le preocupaba a Barcina, el fotogénico– sino ante una gestora y política con suficiente experiencia como para ser una candidata fuerte y del agrado del votante clásico de UPN. Por tanto, no parece –por este bagaje parlamentario y de dirección comentados–, que haya sido solo Maya el que haya elegido a Ibarrola, sino que más bien o ha sido una imposición del partido o una entente entre actual alcalde y actual presidente de UPN para ubicar en la capital a una de sus máximas esperanzas y referentes, ante el poco brillo existente en las concejalías actuales de UPN en Pamplona.
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