La elección de la Mesa del Congreso ha sido un baño de realidad para Feijóo. También para el bloque de derechas que se rompió en la Cámara Alta a las primeras de cambio. A UPN le ha dejaron como un convidado de piedra que no pintaba nada en la escena. Mientras la socialista Francia Armengol se hacía con la presidencia de este órgano parlamentario tras el acuerdo del PSOE con Junts y ERC y sumar los votos de PNV, Sumar, EH Bildu y BNG (mayoría absoluta con 178 votos), Vox optó por votar a su propio candidato después de que el PP se negara ahora a cederle un puesto. Si los acuerdos de pluralidad garantizan el control de la Mesa del Congreso a Sánchez, la ruptura del apoyo mutuo entre PP y Vox dejó en la soledad más inútil a la candidata de Feijóo, Cuca Gamarra, que se quedó con 139 votos, los 137 votos del PP y los dos de UPN y CC. Un giro político que aumenta las expectativas de Sánchez para afrontar la investidura y optar a la reelección como presidente del Gobierno. Es cierto que será otra votación distinta y tendrá otro proceso de negociaciones, pero eso es solo política. A la política y a los políticos se les debe exigir antes que esencialismos de pose y soflama, soluciones y soluciones constructivas. De esa realidad política el PP está tan lejos hoy en su acción partidista como UPN en Navarra. Y quizá, solo quizá, el giro de Ibarrola con la paralización del aparcamiento de la Plaza de la Cruz tenga algo que ver con ello, además de, por supuesto, con el malestar entre sus propios votantes en esa zona y con intentar salvar su imagen y si es posible a estas alturas su alcaldía de Iruña de una moción de censura. La desazón y la soledad que transmitían las imágenes de la bancada del PP en el Congreso son el mejor reflejo de una derrota estrepitosa que, además, le augura vía muerta a Feijóo para un intento de investidura. No tiene buena pinta el futuro de Feijóo y su equipo hoy. Sin duda y más allá de lo que deparen las próximas semanas, la votación de la Mesa del Congreso abre varias puertas de solución a problemas importantes del Estado. La apuesta es arriesgada y está repleta de retos y complicaciones, pero las urnas del 23-J situaron una representatividad democrática acorde con la pluralidad ideológica y nacional del Estado y esa es una oportunidad para la política de verdad. Un paso fundamental de la política española hacia la búsqueda de cierta normalidad institucional y también una oportunidad para la regeneración del Estado. España –sus estructuras de poder judicial, mediático, institucional...–, está ahora en modo fallido. Lleva más de una década deambulando en crisis. La adopción de medidas regeneradoras profundas y valientes y una regeneración democrática que reimpulse la vertebración territorial y la plurinacionalidad del Estado, el equilibrio económico y financiero y la estabilidad institucional debe ser el objetivo de máximo consenso. Construir vías de diálogo y salidas democráticas al conflicto político en Catalunya parece una responsabilidad esencial de la política hoy. Mientras, Navarra continúa por tercera Legislatura con un modelo propio de gobernanza progresista, plural y constructivo en lo social, lo económico y la convivencia, pero también aún con retos y consensos para avanzar. El euskera en positivo sin duda. A UPN le toca otro tiempo más en el rincón de pensar.
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