Este viernes se presentaron en rueda de prensa por parte del Ayuntamiento de Pamplona un montón de enseres y materiales que formaban parte del legado del violinista pamplonés Pablo Sarasate (nacido en Pamplona en 1844 y fallecido en Biarritz en 1908) que se hallaban extraviados desde 1985, cuando 11 baúles cerrados y precintados fueron trasladados desde el Museo de Navarra hasta el Archivo Municipal, sito en la calle del Mercado, donde 4 de los 11 han sido encontrados tras 40 años de no saber nada de ellos.

A mi se me perdió en casa el mando del vídeo VHS creo que en 1991 y lo encontré en 2003 palpando el interior del sofá que había revisado un millón de veces, pero el cabrón se había mimetizao tan bien con la madera de una de las patas que nos pegamos sin mando 12 años.

Pamplona ha sobrevivido 40 años y a unos cuantos alcaldes y alcaldesas -Balduz, Chourraut, Jaime, Barcina, Maya, Asirón e Ibarrola- sin los 4 baúles repletos de cosas de Sarasate, pero ahora, una vez notificado el hallazgo al parecer en unos “habitáculos ocultos” de la cuarta planta del Archivo igual lo que se hace menester es que resucitase el bueno de Valentín Redín y escribiese una obra de teatro de este sainete. O cualquiera de nuestros actuales y buenos dramaturgos o escritores, Sanzol, Iriarte, Izu, Bassas, Irurzun o Lezaún o gentes así.

Porque, no me jodan, junto a estos cuatro baúles han encontrado “otros objetos sueltos”, así que a saber qué hay y no hay en ese archivo municipal y a ver si no hay falsos tabiques y más habitáculos ocultos y estamos aquí hablando sin saber y pasando el tiempo tan ricamente y lo mismo tenemos ahí el Santo Grial, el oro de Moscú y a Elvis Presley. Bien, el caso -valga la expresión- es que Asirón anunció este viernes que las 55 piezas recuperadas son “de enorme valor”, lo que no deja de ser una buena noticia para Pamplona y los pamploneses. Pero, ya digo: esto es para Pamplona Negra.