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A la contra

Jorge Nagore

El fuego

El fuegoPatxi Cascante

“Solo cerrar los ojos y allí estaban/ la Kon-Tiki, los sioux, Mowgli, Hilary y Tensing/, sequoias y pirañas… y era como estar lleno/ de un verano de potros y acampadas y playas,/ como llevar por dentro siempre las vacaciones/ y siempre con buen tiempo y campeonatos./ No sé qué sucedió: todo se fue nublando/ y yo también estaba más turbio y más silencio/ más preso entre mi nombre y mis semanas/ y todo tan invierno y tan Pamplona/ y los libros, y el aire, todo gris, todo como/ con un olor a gato o seminario./ En mí se está apagando el fuego. Cualquier día/ moriré de asfalto y de bibliografía”.

Este maravilloso poema lo escribió en 1977 el poeta y profesor universitario Miguel D’Ors, afincado aquí por entonces, y lo leo cuando caemos en una de estas habituales rachas nuestras en las que se nos salen los litros por los poros y cada vez que sale un rato el sol -la última vez creo recordar que fue el sábado, estaba la calle a reventar- dejamos todo lo que estamos haciendo para que nos dé un poco porque no sabemos cuándo será la próxima vez. Miro las previsiones meteorológicas y no veo un símbolo de sol a la vista por lo menos en 7 días, así que seguiremos sumando minutos y horas de gris Pamplona al taxímetro invernal, ése en el que caen muchas más horas de oscuridad que de luz solar.

Ayer, sin ir más lejos, no vimos el sol ni un segundo y desde el sábado al mediodía, según el medidor del Labrit –que no tiene por qué coincidir con el de su barrio– las cifras hablan de un total de 85 minutos de luz solar, una cifra ridícula que se viene a sumar a todos los días anteriores de febrero y enero, también con muy pocas horas totales de sol. Leí a un estadístico decir que, en España, había sido el enero más oscuro de los últimos 35 años tras 1996. No me extraña que D’Ors escribiera ese fantástico poema. Ahora, eso sí, al asfalto y a la bibliografía le podríamos añadir la TV, el móvil y el PC.