Hola personas, bien, de nuevo aquí con vosotros tras pasar por talleres.
Hoy vamos a ver un ERP que tendrá tres tramos. El primero de carácter social. El segundo un fondo de armario que tenía guardado para ese día que no pudiera pasear ni en bici. Ese día es hoy.
Vamos a ello.
El miércoles me hice de la asociación española contra el Cáncer, A.E.C.C., seguro que os suena.
Como acabo de apuntar he estado estos días hospitalizado y, aun estando en un buen hospital del 1er mundo, bien atendido, médica y afectivamente, con mis allegados cuidando de mi “full time”, con una afección que no va más allá de una pequeña intervención y cinco días fuera de casa, pues bien, aun así, digo, lo he pasado mal, dolor, incomodidad, aburrimiento, habitación compartida con los problemas, las toses y los ronquidos de un vecino desconocido y viceversa. A estas alturas de la mili todos somos ya muy mayores y cada uno vive con sus cadaunadas, y tal, y tal, y tal. Bien, no quiero ser Elmer Gruñón, (gran personaje de la farándula, con gran ascenso de consideración social en la actual USA), y empezar a regañar, hay que ser camaleónico y calmar el nervio. No hay otra.
Hoy desde mi modesta tribuna quiero hacer un poco de proselitismo a favor de la A.E.C.C. y pido un ejercicio de empatía con todos los que lo sufren, o lo sufrís, porque, desgraciadamente, algunos de vosotros me estaréis leyendo desde el otro lado de la raya, del chungo, en el que nadie queremos estar. A ellos todo mi abrazo, mi ánimo y solidaridad. El domingo pasado se celebró el día Internacional del cáncer infantil, eso ya me parece una putada que te juega la vida de difícil comparación. Asociaros que es bueno para todos.
Cuando Iván, el voluntario de la Asociación, se acercó a ofrecerme la opción de hacerme socio, salía yo del ambulatorio del II Ensanche, a donde había ido a apretarme una tuerca. Paré porque al entrar no lo pude atender, iba justo de tiempo y tenía hora, a la salida te escucho, le dije, y al salir cumplí. Me empezó a explicar el gran problema que supone el cáncer para la humanidad en tantos aspectos y apuntó que 1 de cada 2 habitantes tiene o tendrá el innombrable. En tan agorero punto estábamos cuando yo, con intención de relajar un poco la situación, le dije. Oye por favor, ahora cuando rellenes mi ficha a mí ponme una cruz en la casilla del 50% que no va a tener. Nos reímos un poco y concluimos que todos llevamos los mismos boletos y no hay casillas que valgan. Así que piensa que con todo lo que ahora puedas aportar o ayudar, quizá te estás ayudando a ti. ¿Quién sabe?
Bueno, a another zinc butterfly (giro propio de los 80).
Dado que, debido a mis achaques, me muevo menos que el portero de un futbolín, voy a tener que tirar de archivo, algún libro y un poco de imaginación para dar cuerpo a esta segunda parte de este ERP. En ella vamos a conocer en profundidad dos obras de arte de esas que tenemos instaladas por las cómodas, credenzas, consolas y boiseries que amueblan Pamplona.
Fue hace un par de meses que en uno de mis paseos dediqué unos minutos y unas fotos a dos figuras que son dos de mis favoritas. A una por admiración, agradecimiento y familiaridad. Bronce salido del barro, palillos, estecas, vaciadores, espátulas y buriles del escultor Rafael Huerta. Preside el paseo de su nombre y no es otro que el monumento al Dr. José Joaquín Arazuri.
La otra obra que veremos me gusta por varios motivos, el primero artísticamente, ya que esta obra de Luis San Martín, inaugurada el 6 de junio de 1800, me parece de lo más meritorio que luce nuestro magro catálogo. En segundo lugar, me gusta por esa inclinación romántica hacia el olvidado y ella lo fue. Fue desposeída del trono que ocupó durante más de un siglo y que la hizo, además de Diosa, Reina. Peor suerte corrió el pedestal que la sustentaba, obra de Luis Paret y Alcázar (Madrid 1746-id. 1799), lo convirtieron en grava para el nuevo pavimento de la plaza.
Como ya habréis adivinado me estoy refiriendo a la diosa de la Abundancia, popularmente conocida como la Mary Blanca, apodo que le puso, con éxito, como puede verse, el periodista Raimundo García “Garcilaso”, director del Diario de Navarra, debido a su blanco color.
Su historia es bien conocida, de su posición inicial presidiendo el centro de la Plaza del Castillo, que es como decir el centro de todo el Reino, un buen día de 1910 pasó a un modesto pedestal en la Plaza de San Francisco, espacio recién construido en terrenos que ocupaban la cárcel y la audiencia. Tras unos años en su nuevo enclave, fue molestada de nuevo y obligada a viajar, y a cambiar de amigos y de barrio, si bien, iba a ganar con el cambio. Fue llevada a escasos 500 metros en línea recta, a un lugar muy principal, frecuentado por gentes de toda la ciudad. Sin duda fue a mejor. La Taconera era un lugar lujoso y tranquilo acorde a su condición de Dama retirada. Si así hemos tratado a la de la Abundancia, ¿cómo trataríamos a la de la miseria?
Pero…volvamos a atrás y vamos a ver las dos obras en detalle. Regresamos con el padre de “Pamplona, calles y barrios” (Pamplona, autoedición, 1980) y de muchos más, el Dr. Arazuri.
El autor nos lo presenta en una típica imagen del pequeño Dr. que me quiere sonar a una foto que anda por ahí publicada. De cualquier modo, la figura tiene ese micro segundo congelador de un obturador fotográfico. El representado se encuentra en uno de sus buenos momentos en el que algo le ha llamado la atención y, tras haber tomado las fotos correspondientes, las justas que eran muy caras, tomaba las notas pertinentes que luego pasarían a su ficha definitiva. Esta nuestro gran historiador elegantemente vestido con un traje de chaqueta, camisa de almidonados cuellos y corbata discreta. El out fit de cualquier sr. de Pamplona de unos 75 años, edad que representa en el retrato el retratado. La chaqueta del traje presenta botonadura cruzada y grandes solapas. Sobre el ojal de la derecha vemos una insignia con un escudo, todos hubiésemos pensado que llevaba el escudo de nuestro león pasante surmontado de corona, pero Huerta fue fiel a la foto y reprodujo lo que vio, el escudo del colegio de médicos. De su hombro izquierdo cuelga su inseparable cámara de fotos, el autor ha dado detalle en la funda y se ve que era una Zeiss-Ikon. Gran Cámara. El bolígrafo que empuña para tomar sus notas es un modesto bolígrafo, puede que Inoxcrom. Mirando al suelo vemos una pieza que nos da fecha del momento, son sus zapatos. En aquellos años, un señor de esa edad con unos Castellanos no fue visto hasta la década de los 80.
Sus gafas no están, le han puesto lentillas, tantas veces las pongan tantas veces las quitarán.
Y no me cabe más.
(Continuará)
Besos pa tos. l
Facebook : Patricio Martínez de Udobro
patriciomdu@gmail.com
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