La semana empezó con el terror en los mercados financieros mundiales a que las amenazas de Trump de bombardear las plantas energéticas de Irán y la respuesta de éste de que en ese caso bloquearía el estrecho de Ormuz fuesen a suponer un lunes negro. El Ibex cedía un 3% y de repente surgió un mensaje de Trump anunciando que había establecido conversaciones fructíferas con Irán, que daba una tregua a bombardeos de infraestructuras de 5 días y la bolsa en 15 minutos pasó a ganar un 2%. Alguien se está haciendo de oro. Así las cosas, Irán negó esas conversaciones anunciadas por Trump, aunque otras fuentes sí que hablan de conversaciones a través de terceros países. Eso sí, Israel sigue yendo a su puñetero aire –se le acusa de ser realmente el instigador de todo esto–, bombardeando Líbano y Teherán, a lo que Irán contesta bombardeando Israel. Mientras, se habla de que unos 2.500 marines están viajando hacia el estrecho de Ormuz y que llegarían el viernes, fin de la supuesta tregua anunciada por Trump.

Estamos, por tanto, ante una situación en la que parece ser que Trump quiere unas negociaciones que Irán no ve con buenos ojos si no pasan por pagar los muchos daños recibidos y ante un problema que quizá se pueda solucionar entre ellos dos pero que no sabemos cómo va a encarar Israel, que funciona de manera autónoma, según el mismo Trump ha señalado en varias ocasiones. Y, en paralelo, los mercados y el mundo inquietos y llenos de incertidumbre ante la llegada o no de una posible crisis de mucha mayor proporción económica de la que estamos viviendo hasta ahora, con el derecho internacional hecho pedazos, Europa diciendo que no pero que te ayudo y cada cual tratando de capear el temporal como mejor sabe. Esperemos que la gente que nos trajo hasta aquí no siga empeñada en una guerra que claramente podría ser muy larga y que salgamos de este embrollo en poco tiempo.