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Juan Echepare y el Chupinazo

Juan Echepare y el ChupinazoGerardo Zaragüeta

Joseba Asiron publica en Diario de Noticias de 10 de mayo de 2026 una semblanza titulada “Juan Echepare Aramendía (1880-1936). El gran impulsor del Chupinazo” que contiene varios datos erróneos. Datos sobre el origen del chupinazo muy repetidos y difundidos en otras publicaciones que, pese a ello, no son ciertos.

Afirma que “de forma paralela a las acciones de Oroquieta, el estanquero Juanito Echepare obtuvo en 1931 permiso para realizar el lanzamiento de un único cohete el día 6, a las 12 del mediodía. La diferencia, y al mismo tiempo la gran aportación de Echepare, es que su ‘chupinazo’ quería tener un carácter único y oficial, y pretendía marcar realmente el inicio de las fiestas, no era una mera manera de acompañar y dar mayor fasto al repique de campanas de cada 6 de julio”. Lo cierto es que, para entonces, el lanzamiento del primer chupinazo, seguido de otros (nunca se ha disparado un único cohete, ni entonces, ni ahora), ya marcaba el inicio de las fiestas y tenía carácter oficial. El acta de la sesión del Pleno del Ayuntamiento de Pamplona celebrada el 4 de julio de 1901 recoge lo siguiente: “El Sr. [Teodosio] Sagüés dio cuenta de que la Comisión de Festejos había dispuesto que el día 6 se anunciara a la hora de las 12 con disparo de cohetes el comienzo de las fiestas”. El Eco de Navarra de 7 de julio de 1901 contaba lo que sigue: “Como habíamos anunciado, ayer al mediodía quedaron inauguradas las fiestas de esta capital. Al sonar la última campanada de las doce, estalló en la Plaza del Castillo el primer chupinazo, al que siguieron otros, alternando con el disparo de voladores. Y fue cosa de ver la animación que de repente se produjo en dicha gran plaza”.

Desde 1901, pues, disparaba en la plaza del Castillo los cohetes que marcaban el inicio de la fiesta una empresa pirotécnica contratada por el Ayuntamiento, muy frecuentemente la de Manuel Oroquieta. Se hizo habitual que se congregara cada vez más público y algunos personajes notables de la ciudad. En Fiesta (novela de 1926 que este año cumple su centenario) Ernest Hemingway describe, desde la terraza del Iruña, el lanzamiento del cohete que anunciaba la fiesta y dice: “A las doce del mediodía, el domingo, 6 de julio, la fiesta estalló. No hay otra manera de describirlo”.

En la Colección Arazuri de la Fototeca Municipal se conservan varias fotografías del lanzamiento del primer cohete que realizaba alguno de los empleados de la pirotecnia. En la de 1924 (U0080383) figura la siguiente nota: “Numeroso público adulto e infantil rodea al encargado del lanzamiento. Anotación al verso: A la derecha, con boina, destaca Baldomero Barón Rada, actual decano de los periodistas navarros, con su hijo Jesús en brazos”. Y no lo dice, pero un poco más a la derecha se distingue perfectamente a Juan Echepare, que ya era de los habituales. En la de 1926 (U0080384), la leyenda es la siguiente: “Anotación al verso: Se ven caras conocidas, de los señores Ezcurra, Echepare, García (más conocido como Garcilaso) y, detrás de los cohetes, Oteo, conserje del Euskal Jai. Numerosos niños en torno a los cohetes, y uno de ellos en el centro de la escena”. En la de 1934 (U0080385) reza: “Numeroso público adulto e infantil rodea al lanzador del cohete. Anotación al verso: El número de curiosos que contemplan el anuncio del comienzo de las fiestas va en aumento. El encargado de la pirotécnica cede el primer cohete a un castizo, en este caso al señor Echepare, que se siente orgulloso de prender la mecha”.

Está documentado que Echepare ya había prendido el cohete en 1931 (aparece fotografiado en Diario de Navarra de 7 de julio, p. 3) y 1932 (figura retratado en La Voz de Navarra de 7 de julio, p. 1). Joseba Asiron escribe que “Echepare repetiría su ‘chupinazo’ en los años sucesivos, hasta aquel último 6 de julio de 1936, en vísperas ya del golpe fascista”. No es así, no lo disparó en 1936. La Voz de Navarra (7 de julio de 1936, p. 1) explica lo siguiente: “Testigos del lanzamiento del primer chupinazo debemos hacer constar no se encargó del rito el señor don Juan Echapare, sin que sepamos el motivo de la ‘defección’. Lo hizo Nicolás Ilundain, un joven y simpático operario de la Casa Oroquieta, magro, moreno y vivaracho, ayudado por su hermano Miguel”.

En suma, la intervención de Echepare entre 1931 y 1935 consistió en darle mayor ceremonia y popularidad al acto de prender el primer cohete, pero ni inició el acto, ni le otorgó un carácter que ya tenía desde 1901, ni lo hizo en representación oficial de nadie ya que no ocupaba ningún cargo público.

Afirma también Joseba Asiron: “Tras el parón por la guerra se recuperó en los Sanfermines de 1939, pero para aquella ocasión los responsables del ayuntamiento franquista decidieron apropiarse del cohete y lanzarlo desde el balcón Consistorial”. No es exacto. Como señala la prensa de la época (Arriba España, 7 de julio de 1939, p. 8), los periodistas del diario falangista Joaquín Ilundáin Tulie y José María Pérez Salazar propusieron al alcalde, Tomás Mata Lizaso, que prestara mayor ceremonial al acto prendiendo el primer cohete. Mata declinó la invitación, pero sugirió a Ilundáin que lo disparara él mismo, cosa que hizo ese año y el siguiente en la plaza del Castillo. En 1941, Ilundáin era teniente de alcalde desde un año antes y desempeñaba la alcaldía José Garrán Moso, es cuando se introdujo el cambio. Según se hizo constar en el programa de fiestas, “a las doce horas en punto se anunciará el comienzo de las fiestas con un repique general de campanas y el disparo de chupinazos desde la Casa del Ayuntamiento y otros puntos de la población”.