Consejo Pastoral Diocesano
Hace treinta años lo teníamos. Ha sido recuperado por don Florencio. Su inexistencia, una patología de anteriores jerarcas de infausto recuerdo. Aun así, sigue siendo una patología porque no es decisorio. Sólo consultivo. En el desolador panorama eclesial navarro es mejor que así sea porque si resolutivo fuera, sus decisiones serían integristas y antivascas, de matriz españolista y colonizadora. De los cuarenta miembros integrantes, el arzobispo y ocho sacerdotes no han sido elegidos por los cristianos, es decir, el poder sigue intacto, la estructura ejecutiva incólume. Son clérigos los que dirigen la Iglesia navarra. Don Florencio no es responsable de ello.
La existencia de un consejo pastoral diocesano no garantiza nada ni es reflejo del Evangelio. En otras diócesis ya había y la carcuncia, el desfase y la corrupción eran santo y seña. La raíz es la institución eclesial, una multinacional con poder económico superior a las tres empresas tecnológicas más importantes del mundo que osa hablar de pobreza, un estado teocrático ingobernable por la corrupción y la opacidad endémicas que osa dar lecciones de moralidad, con unos modos de gobernanza absolutos y antidemocráticos, de monarquía medieval.
De todo ello es trasunto el consejo diocesano de pastoral. Este chiringuito bien montado –la institución católica– no fue querido ni fundado por Jesús. Cristo proclamó todo lo contrario, propuso un estilo de vida, no lo que hoy tenemos. Muy querido, don Florencio, respeto absolutamente su intento amoroso por restaurar cauces para vivir el amor. Valoro que gracias a usted se haya repuesto lo que ya tuvimos. Comulgamos en el seguimiento a Jesús, aunque desde diferentes ópticas. O no. Espléndido nombramiento el de Sagrario Fernández - carmelita descalza- en el consejo pastoral diocesano. Lo mejor que tenemos. Zorte on! Don Florencio