Queda apenas un domingo para el Día del Ángel. Soy tudelana, pero vivo fuera y cuento los días para volver a casa y celebrarlo con mi familia y amigos, como siempre, en la orilla del río Ebro. Mi prima tiene 16 años, estudia en Tudela, y ya ha quedado en juntarse con sus amigos, como todos los años, junto al Ebro. Mi padre, que ha vivido siempre en Tudela, me cuenta con cariño cómo celebraba este día cuando era más joven, en la orilla del río. Hoy recibimos tristes noticias: no podemos festejar este día en las Norias.
Es de interés común preservar el entorno natural, pero rechazar la celebración en el lugar tradicional, sin ofrecer un lugar alternativo, no es una medida útil; supone rechazar el tiempo en comunidad, la alegría de reunirse con amigos y familiares, la ilusión de volver a casa y la emoción de formar parte de una costumbre tan arraigada. Los jóvenes estamos devastados, no queremos que la protección del entorno se use como excusa para impedir la tradición; pedimos medidas realistas y respetuosas.
Prohíban el plástico, faciliten bolsas de basura, coloquen contenedores de reciclaje y baños portátiles; no nos prohíban llevar mesas o sillas, carpas ligeras o lonas, para pasar la mañana y protegernos de la lluvia, ni equipos de música, sabiendo que nos encontramos lejos de cualquier zona urbana.
Si les preocupa el medio ambiente y la cultura de la Ribera, implíquense y busquen medidas reales. Estoy segura de que la juventud tudelana acogerá con los brazos abiertos cualquier iniciativa que salvaguarde el paisaje navarro y permita festejar el tradicional Día del Ángel. Trabajemos para que proteger nuestra tierra no implique renunciar a nuestras tradiciones.