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La crisis que atraviesa el Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea ha dejado de ser un conflicto de despachos para convertirse en un drama humano con dos caras: la de los profesionales y la de los pacientes. La reciente comunicación de la gerencia del Hospital Universitario de Navarra (HUN) confirmando la rescisión de 22 contratos de refuerzo es la prueba definitiva de que la gestión actual ha perdido el norte.

Bajo el argumento de que la huelga médica ha reducido la actividad extraordinaria de tarde (peonadas), la administración ha decidido prescindir de una cuarta parte del personal contratado para estos refuerzos. Enfermería, TCAEs, celadores, administrativos y técnicos han recibido la noticia como un jarro de agua fría.

Lo que para la dirección es un “ajuste de contingente”, para los afectados es una falta de respeto profesional. Ejecutar estas rescisiones con apenas tres días de antelación es un plazo insuficiente que ignora la realidad de quienes deben organizar su economía y su conciliación familiar. Pero el error no es solo humano; es estratégico.

Resulta incomprensible que, con unas listas de espera que siguen siendo una de las mayores preocupaciones de la sociedad navarra, la solución de la administración sea enviar personal a casa. Cada contrato rescindido tiene una consecuencia directa en el ciudadano.

La primera de ellas, la pérdida de capacidad asistencial. Aunque los médicos hagan huelga, el resto del equipo es necesario para reorganizar tareas, adelantar procesos o reforzar áreas saturadas. Prescindir de ellos es renunciar a cualquier plan de choque.

A ello se suma el desmantelamiento de equipos. La sanidad funciona por engranajes. Si quitas piezas (enfermeras, técnicos, administrativos), cuando se quiera retomar la actividad, el sistema será más lento y menos eficiente.

La tercera consecuencia es la inseguridad que genera en el usuario. El paciente no solo sufre la cancelación de su cita, sino que ve cómo el hospital que debe cuidarle se va vaciando de personal por una incapacidad de gestión.

No estamos ante un debate sobre el modelo de peonadas -un parche que nunca sustituirá a una buena planificación estructural-. Estamos ante una cuestión de ética. No se puede jugar a los dados con los contratos de quienes sostienen el sistema, ni se puede decir a los pacientes que “no hay actividad” mientras miles de navarros esperan una llamada para una prueba o una intervención.

Navarra no puede permitir que la eficiencia se confunda con la precariedad. Si la gerencia del HUN no es capaz de reubicar a estos 22 profesionales para que sigan aportando valor al sistema, es que el fracaso de planificación es total. Por respeto a los trabajadores que hoy se quedan en la calle y a los pacientes que siguen esperando una solución, es hora de exigir una gestión que, además de números, entienda de personas y de salud pública.

Responsable de Sanidad de la Federación de Servicios Públicos de UGT Navarra*