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Editorial

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Gimeno regala una victoria a UPN

Los Gobiernos de coalición requieren de una mayor capacidad de diálogo de la que muestra el actual consejero de Educación, que vio cómo su Orden foral que recortaba aulas quedaba derogada en el Parlamento

Gimeno, ayer en el plenoJavier Bergasa

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La votación de ayer en el Parlamento de Navarra, que ha permitido aprobar, aunque enmendada, la proposición de ley de UPN sobre los conciertos educativos, supone regalar una victoria inesperada a la derecha navarra y muestra las consecuencias de un modo de gobernar, el que ejerce con frecuencia el consejero Carlos Gimeno, que dfícilmente casa con la flexibilidad y el diálogo necesarios en cualquier ejecutivo de coalición.

En política las mayorías lo son todo. Y resultan imprescindibles en materias tan sensibles como la educación, donde conviven sensibilidades muy diferentes y dos redes paralelas –pública y concertada– que no es posible alterar de manera unilateral sin generar un incendio incontrolable. Y la realidad de los números, que ya se mostró hace unas semanas cuando la mayoría del Parlamento se posicionó en contra de los recortes a propuesta de Geroa Bai, es clara. Los 16 votos que suman Geroa Bai y EH Bildu superan a los 14 del PSN y Contigo Zurekin. Y quedan también por debajo de los 20 que a día de hoy son capaces de acumular UPN, PP y Vox. Gobernar de espaldas a esta realidad, tratar de imponer tu criterio sin escuchar ni acometer previamente un diálogo honesto entre socios supone abocar la acción política al fracaso.

La realidad demográfica es la que es. Por eso mismo, el futuro de la educación navarra y de la red de conciertos debe abordarse con planificación y altura de miras, superando intereses particulares, corporativos o puramente políticos, y buscando unos mínimos comunes que deberían ser alcanzables. Salvo un improbable repunte de la natalidad, la situación de este año volverá a repetirse en los próximos ejercicios y por ello mismo es necesario encontrar un punto de encuentro y diseñar una hoja de ruta para un camino que, en todo caso, no será sencillo y puede resultar incluso doloroso.

El Gobierno de Navarra, y en concreto el consejero de Educación, han fracasado en este sentido. Su terquedad –el acuerdo programático es lo suficientemente ambiguo como para haber buscado alternativas– ha abierto además una brecha entre socios imprescindibles si, dentro de doce meses, las mayorías políticas se parecen a las actuales, como parece probable. A un año de las elecciones, la confianza ha resultado dañada de manera grave, veremos si irremediable, y sobre todo de forma innecesaria.