Mesa de Redacción

Refugiados, retrato de la desvergüenza

19.06.2020 | 00:45

Hay también necesidad de conversar y de reflexionar sobre otras cuestiones más allá de la covid-19 y de sus consecuencias sociales, sanitarias, humanas y económicas. O al menos eso me pasa a mí. Por ejemplo, que las personas desplazadas y refugiadas forzosas en el mundo suman un máximo histórico. Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), 79,5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares para salvar la vida en 2019 (un año antes, alcanzaban los 70,8 millones). Es la cifra más alta registrada por ACNUR, que ayer jueves presentó su último informe anual con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas, que se conmemora mañana 20 de junio. La realidad es al mismo tiempo que las migraciones y la falta de equilibrio demográfico en el mundo, paralelas a la falta de equilibrio en su desarrollo, se conjugan hoy, en el primer cuarto del siglo XXI, con los conflictos bélicos que el hombre continúa provocando, con la secuencia de crisis económicas a que los cambios tecnológicos y productivos inducen y con los desastres naturales que la ya innegable crisis climática agrava. Y no sólo aumenta cada año el número de personas que se ven expulsadas de sus hogares y modos de vida sino que las perspectivas de que puedan volver son cada vez más lejanas. De hecho, las organizaciones internacionales de defensa de los Derechos Humanos denuncian la hipocresía de los países occidentales, que conmemoran la jornada anual dedicada a los refugiados, pero incumplen la legalidad internacional y sus propios compromisos de respetar y proteger los derechos de esas personas solicitantes de asilo. Aún más, advierten que ahora hay gobiernos que en un ejercicio lastimoso de xenofobia oculta bajo el paraguas conservador de la seguridad ciudadana, retratan a estas personas como una amenaza para la sociedad a la que piden protección. Ese incumplimiento sistemático de los compromisos políticos y legales internacionales con los Derechos Humanos es la confirmación de una desvergüenza que nos retratará como generación en el futuro.

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