La Red de Apoyo Mutuo Haritu celebra su quinto aniversario organizando la solidaridad y el apoyo mutuo en prácticas de resistencia, cuestionamiento y desborde de las lógicas del sistema dominante, impulsando la construcción de comunidad a través de redes que cuidan, alimentan y sostienen lo común frente a la lógica individualista.
En este recorrido, desde Haritu, hemos abordado de forma colectiva cuestiones alrededor de necesidades básicas como la vivienda y la alimentación. Es de la rama de autoproducción alimentaria, de donde nace ahora la apuesta por la colectivización de uno de los campos de olivos que gestionamos. Un paso que busca consolidar la autonomía material del proyecto y garantizar que el fruto del trabajo común revierta íntegramente en la comunidad.
El modelo agroindustrial dominante prioriza la rentabilidad económica sobre nuestras vidas y la salud del ecosistema en el que vivimos, generando profundas desigualdades y una destrucción ambiental sistemática. En Navarra, somos testigos de la dificultad de acceso a la alimentación por una parte importante y creciente de la población; la mayor dificultad aún de acceso tierra; o la precarización del trabajo agrícola. Por otro lado, gran parte del territorio sufre la contaminación asociada a la agroindustria. Y otras problemáticas como la erosión del suelo agrícola o la pérdida de biodiversidad que no solo presentan consecuencias ecológicas fatales de por sí, sino un deterioro de los medios de vida, comprometiendo la capacidad de producir alimentos en el territorio. De la misma manera, el modelo agroindustrial actual produce territorios dependientes y sociedades expuestas a las fallas, crisis y rupturas de un mercado global que no controlan. Al concentrar la producción en manos de grandes corporaciones, y al priorizar cultivos destinados a la exportación, las comunidades pierden autonomía sobre los recursos básicos que sostienen su vida: la tierra, el agua y los alimentos.
Frente a este modelo, surge la necesidad de construir comunidades estrechamente conectadas a la tierra y a la producción alimentaria, capaces de recuperar el control sobre los procesos que determinan su alimentación y sus medios de vida. Comunidades que no sólo fortalezcan su autonomía económica, sino también conecten la producción con los ciclos ecológicos y sociales del territorio, reduciendo la dependencia de insumos externos y creando redes de solidaridad y resiliencia frente a la explotación, el ecocidio y las crisis del mercado global, priorizando autonomía, colaboración y regeneración ecológica.
Esta reflexión no es abstracta para nosotras: llevamos cinco años organizando actividad agroecológica, intercultural y solidaria, generando vínculos y construyendo comunidad mientras actuamos. Este año, damos un paso más: dejamos de depender de acuerdos con propietarios externos y apostamos por la colectivización de la propiedad del olivar de Artazu. Sólo mediante estructuras colectivas, donde los objetivos comunes prevalecen sobre la lógica individual o mercantil, se puede garantizar que la producción alimentaria sirva a la comunidad y no a intereses externos. Si bien sabemos que por sí solo esto no va a derribar el sistema agroindustrial ni las estructuras de poder existentes, sienta algunas de las bases necesarias para construir alternativas, conectándonos con la tierra y con prácticas productivas que fortalecen vínculos y confianza mutua.
Como parte de estas lógicas colaborativas, lanzamos una campaña de donativos, en donde las aportaciones de quienes realizan una donación no solo ayudan a financiar la colectivización del olivar, sino que se convierten en una forma concreta de participar del proyecto, fortaleciendo la solidaridad. Cada contribución, por pequeña que sea, es un acto político que se suma al trabajo colectivo, conectando apoyo material, compromiso y prácticas que nos permiten ensayar alternativas reales frente al sistema dominante y sus lógicas de dependencia y desigualdad.
Porque celebrar el quinto aniversario de Haritu también es esto: seguir abriendo las puertas, ensanchar el nosotras y convertir cada mano que se acerca en una herramienta para transformar la realidad. Siempre hay sitio para quien quiera arrimar el hombro en la defensa del derecho a la vivienda, en las huertas y olivares, o en cualquier iniciativa que construya comunidad. Frente al individualismo, al aislamiento y la resignación, organización y apoyo mutuo.
Los autores son miembros de la Red de Apoyo Mutuo Haritu