Estoy seguro de que a Alberto Pérez, secretario general del Sindicato Médico de Navarra, le ha podido doler este titular. Es cierto, no es un encabezamiento apropiado. Tan poco apropiado como lo era el suyo de “Fernando Domínguez, el capitán sin rumbo” de una carta enviada por el doctor Pérez a los medios. Mala manera de actuar esta de prescribir titulares inflamados.

Coincido con el sindicato médico, su secretario general, el consejero, el Gobierno y la ciudadanía, en que la situación de la atención a la salud en Navarra (y en todo el Estado) es crítica y que su deterioro viene de años atrás. Innegable. Y comparto la preocupación de todos ellos. Pero de muchos es sabido que las sucesivas huelgas, las progresivas cartas de denuncia de la situación de los profesionales de la Medicina, la renuncia a hacer horas extras, etcétera, no se han decidido en Navarra sino globalmente en Madrid por el comité estatal de huelga. Aquí se han puesto en marcha de manera subalterna.

Escribe el doctor Pérez sobre la animadversión del consejero hacia el sindicato médico. Quizás sea así, no lo sé. Pero sí recuerdo perfectamente cómo, cuando en 2015 estábamos intentando constituir el nuevo Gobierno de Navarra, un destacado miembro de dicho sindicato, al conocer que el doctor Domínguez iba a ser el consejero de Salud, me dijo: “Habéis elegido lo peor”. ¡Como para que el doctor Pérez hable de animadversión! La descalificación personal y el sectarismo contra el consejero empezaron, pues, ¡ya antes de que tomara posesión del cargo!

Dice el doctor Pérez que mientras los responsables políticos de algunas comunidades autónomas buscan acuerdos con los sindicatos, nuestro consejero afirma tener la puerta abierta al diálogo, pero “solo con médicos alejados del ruido político y sindical”, algo que no gusta al doctor Pérez. Algo que es lo normal cuando se intenta negociar en situaciones de huelga. Pasa en todas las instancias entre patronal y sindicatos. Y esto no es interferir con el legítimo ejercicio de la acción sindical ni con el derecho a la protesta. Es sencillamente una forma de presionar democráticamente para obtener medidas que no perjudiquen a las y los ciudadanos (pacientes, en el caso que nos ocupa.) Y esto no es ni enquistar el conflicto, ni aumentar la tensión ni dificultar cualquier posibilidad de acuerdo, como afirma el doctor Pérez, que, en mi opinión, confunde la entrega, el compromiso, la firmeza en los principios y valores del consejero que piensa en y trabaja por el bien común, con lo que el doctor Pérez califica de “sectarismo, soberbia y preocupación por su imagen” del consejero.

Un consejero de un gobierno no debe mantener una postura de neutralidad institucional, como desea el doctor Pérez, cuando los principales damnificados por la huelga son las ciudadanas y ciudadanos. Y ni puede ni debe ofrecer soluciones que no se pueden cumplir. Eso sería lo más fácil. Por eso, en esa línea, sería útil saber a qué acuerdos concretos se ha llegado en esas comunidades autónomas en las que, según el sindicato, sí se han logrado.

Por cierto, afirma el doctor Pérez que el consejero no se reúne con el sindicato. Pero creo recordar que el consejero dijo en el último Pleno del Parlamento haberse reunido con ellos ese mismo día y parece que este mismo jueves hay convocada otra reunión. Por tanto, ¿se reúne o no se reúne?

Por último, y quizás lo más importante, ¿cuáles son exactamente las reivindicaciones concretas del sindicato? Porque, a pesar de todas las cartas, denuncias y ruedas de prensa, yo no las conozco y me imagino que la ciudadanía tampoco. Sería conveniente tener ese conocimiento para no opinar respecto de la huelga y de los médicos, su malestar, sus condiciones laborales y sus salarios, antes de posicionarnos como ciudadanos a favor de unos y en contra de otros, por prejuicios ideológicos o políticos, que es lo que me parece que ahora sucede de manera excesiva y contraproducente para todos.

El autor es médico jubilado