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Un Olentzero para el recuerdo

l Mari Ganuza, alma mater de la kalejira del carbonero por Iruña fallecido en febrero, fue homenajeado en una cita en la que estuvo muy presente. Multitudinario recibimiento en las calles, pero con menos público

EN FOTOS | Olentzero en PamplonaIban Aguinaga

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La tarde del 24 de diciembre el patio de la Escuela de Arte y Superior de Diseño es siempre un hervidero. Ahí nace una kalejira que involucra a cientos de personas. Unas 750. Pero el miércoles fue diferente. Primero porque no estaba Mari Ganuza poniendo orden. También porque, poco antes de las seis y durante un par de minutos, la actividad se paralizó casi por completo. Solo se escucharon las trompetas de Unai Eseverri y Chuchín Esquíroz, de La Pamplonesa, con la pieza El Silencio. Nada más.

Fue el homenaje íntimo y sentido de los amigos de Olentzero a uno de los fundadores en 1998 de la asociación, junto con Patxi Laborda y Ángel Dufur.Mari Ganuza, figura clave de Olentzero y otras tantas tradiciones de esta tierra, falleció el pasado febrero. Antes de desfilar sus amigos le regalaron ese “va por ti” en toda regla, al que siguió un emocionado aplauso y gritos de “¡Gora Mari!”. El alma mater de Olentzero estuvo muy presente en la kalejira. Con su rostro dibujado en un barril por el pintor y gran amigo Félix Flamarique –muchos años hicieron pancartas juntos uniendo en la firma Flamagan sus apellidos– y hasta el agur jaunak con el que se despidió al carbonero hasta el año que viene.

EN FOTOS | Olentzero por NavarraJavier Bergasa

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“Ahora estaría aquí moviéndose por todos lados, dando órdenes y poniendo a todo el mundo firme. Porque Mari era así, y si en un momento dado había que dar un golpe en la mesa, lo daba. No es que haya descoordinación, pero se nota que Mari no está”, reconocía antes de la kalejira Xabier Martínez de Álava, portavoz de los amigos de Olentzero.

La viuda de Mari, Arantxa Bacaicoa, arropada por los suyos en un día tan especial, explicó que para su marido Olentzero lo era “todo. Desde que lo arreglaba, empezaba a organizar con mucha gente de la asociación... Mari estaba ahí, gestionando muchísimas cosas. Y todos los trabajos los hacía atrás. No se le veía, pero ahí estaba”. Y recordó orgullosa que “sacaba todo siempre por amor al arte, su espíritu y sus ganas de que este fuera el mejor Olentzero del mundo”. 

Tras el recuerdo puertas adentro, cuando el carbonero asomaba por Iturralde y Suit el homenaje se completó con un aurresku de honor para la familia del propio Ganuza, de Jesús Mari Viguiristi, de Ricardo Insausti y de Loretxo Iñarrea. Todos colaboradores de la kalejira del carbonero fallecidos los últimos meses. Fue un Olentzero para el recuerdo.

Cumplido el obligado homenaje, la cita transcurrió sin ocas ni gallinas por el protocolo de la gripe aviar, y con conejos como invitados de última hora para suplir esas ausencias. Por lo demás, la comitiva desfiló como siempre. También como siempre la multitud –60.000 personas según la organización, algo inferior a las 72.000 de 2024– se agolpó para corresponder a la visita con la ilusión de cada Nochebuena. Los pequeños con sonrisas llenas de dientes, quizá proyectando en la figura del carbonero los regalos del día siguiente.

Olentzero cumplió con los protocolos y llegó puntual –19.30 horas– a la plaza Consistorial, donde amenizaba la esperaLa Pamplonesa y el público aplaudía el Orra, orra para sacudirse el frío. El carbonero fue recibido por la Corporación, encabezada por el alcalde Joseba Asiron, que le anudó el pañuelo festivo al cuello y le mandó saludos para Mari Domingi.

La comitiva enfiló entonces el camino de vuelta a casa. Por ahí estaba Joseba de Etxarri, que lleva exactamente la mitad de su vida regalando por Olentzero 80 kilos largos de castañas. Un rato montado en el carro y otro tanto abajo: “Pongo a un amigo la mitad del recorrido, porque ya tengo 62 años y hay que tener la espalda muy sana para estar encima del carro”. Para Joseba, sin duda, el 24 es “el mejor día del año”. Y la del miércoles una cita especial: “Mari era un grande y este año es todo por él. Con el toque de silencio antes de salir se nos ha puesto a todos la carne de gallina... me acuerdo y se me vuelve a poner”, reconoció.

“Esta es una de las actividades con más ilusión que podemos realizar a lo largo del año. Hoy un poco triste para todo el mundo que hacemos Olentzero, porque falta Mari. Gracias a él Hípica Zahorí está aquí; él vino a buscarnos y confió en nosotros. Tenemos un pellizquito en el estómago”, expresó por su parte Beatriz Zafra, junto con su marido Javier Olcoz responsable de nutrir con unos 120 animales a la kalejira. Zafra llevaba el cordel de la cabra Chivi, la jefa del rebaño que vuelve a estar preñada y “este año, para mi cumpleaños, me regaló a Mari y Ganuza, dos machos que van aquí”.

Beatriz explicó que para ellos Olentzero es “una manera de reivindicar que los animales no solamente se ven en Youtube, sino que se pueden tener, siempre y cuando estén en buenas condiciones, y pasear por la calle sin ningún tipo de problema”. Y agradeció “a la gente de Pamplona y alrededores, a todo el mundo que hace posible que desde el principio y hasta el final haya semejante cadena humana. Es brutal”, afirmó.

La brutal kalejira enfiló la calle Amaya con velocidad y, sobre las 20.20 horas, se despidió con el estruendo de los joaldunak hasta el próximo 24 de diciembre. Apenas hay que reseñar dos anécdotas; un carro cargado de niños que volvió al poco de salir porque la mula se puso nerviosa; y otro que por precaución –el caballo también se alborotó un poco– hizo buena parte del recorrido sin niños. “Al que preguntaba le decíamos, ‘llevamos la ilusión.Asómate dentro, ¿la ves?’”, se reía Miriam Zapata. Ella, que monta a caballo y fue reclutada por Hípica Zahorí para la cita, salía de niña en la kalejira porque vivía en el bloque frente al patio del carbonero. “Siempre salíamos vestidas de caseras, haciendo cadenetas, y siempre corriendo detrás, lo ultimo de todo”. Por eso, ahora le hace “mucha ilusión” participar desde dentro. 

El del miércoles fue un día “muy ajetreado” para Gonzalo Etxeberria, vocal de la asociación y desde el punto de la mañana –en realidad desde septiembre– encargado de organizar Olentzero. “Llamando a participantes, a los que bailan, tocan música, cuántos venís de la txaranga... manteniendo lo que viene par que siga viniendo”.

A Etxeberria, por cierto, también le engatusó hace ya dos décadas Ganuza, “una persona muy grande, no sé cómo describirlo con palabras. Para todo siempre con los brazos abiertos”. “Yo estaba en la comparsa, y Mari nos involucraba en diferentes actos; montar el belén de la Taconera, participar en Semana Santa con los pasos, o el Olentzero. Al final, arrastrado. ‘Oye, necesito gente para esto o lo otro’. Participas, completas el cupo y bien’”. Haciendo lo que hacía Mari para que Olentzero siga siendo Olentzero.