Pocas personas son capaces de imaginar hasta dónde puede llegar el potencial de los pájaros como mascotas. Lourdes Fernández, pese a dedicarse al ámbito de la eólica marina, ha pasado toda su vida rodeada de estos animales y del don para la escritura de su abuelo; dos pasiones que le han llevado a descubrir, no solo que las aves son capaces de servir de terapia para personas con movilidad reducida, autismo o demencia, sino también de protagonizar cuentos infantiles con moralejas de lo más valiosas.
A su abuela le encantaban los periquitos, por lo que esta vecina de 29 años del barrio de San Jorge –aunque natural de Tudela– ha visto revolotear a su alrededor a estos animales desde la infancia. Le regalaron sus primeros loros cuando tenía nueve años y, a partir de ahí, se enamoró de ellos y se indignó con el desconocimiento que gira en torno a sus habilidades, pese a que son capaces de “desarrollar una inteligencia y un razonamiento propios de un niño de seis años”, cuenta.
Por eso, a Lourdes le gusta dejar claro que pueden lograr “lo mismo e incluso más que el resto de mascotas”. De hecho, mientras la familia atravesaba momentos dolorosos, Loki –la Pyrrhura multicolor protagonista del primer libro– “se daba cuenta de que estábamos tristes y hacía ‘el payaso’ para que nos riéramos”, recuerda la escritora y apasionada de las aves.
Animales de terapia
Aunque parezca mentira, estos pequeños compañeros de plumas pueden colaborar de forma muy efectiva en la estimulación de personas con diversidad funcional, autismo o deterioro cognitivo. En efecto, ya solo por su plumaje tan atractivo, “es muy positivo rodearse de estos pájaros ya que su colorido ayuda a liberar endorfinas”.
Percy es un loro que antes convivía con Lourdes y que ahora acompaña a una persona que padece dislalia. “Además de ser su motivación diaria, al poder ‘hablar’, Percy le ayuda a practicar su dicción y a fortalecer sus funciones cognitivas”, detalla.
En relación con el charlatán talento de estos pájaros, Lourdes relata que, hace un tiempo, fue testigo de cómo la madre de un niño con autismo veía hablar por primera vez a su hijo gracias a un loro. “El animal le hizo sentir cómodo y seguro de una forma diferente y esto le motivó a hablar por primera vez”, explica la escritora.
Mientras tanto, Loki demostró sus habilidades como terapeuta cuando provocó que una persona con las manos parcialmente paralizadas moviera los dedos de una manera distinta solo por su deseo de tocarle. Según recuerda Lourdes, “hubo un primer acercamiento brusco porque no controlaba bien los movimientos, pero enseguida se vio que ambos querían volver a intentarlo. Al final, movió los dedos con cuidado y de forma consciente, algo que todavía no había logrado hacer”.
Lección contra el bullying
El primer cuento infantil de la escritora –El pistachito aventurero– narra la expedición que emprendió Loki cuando decidió escapar por la ventana. Afortunadamente, y a pesar de que “en Pamplona hay rapaces”, fue a parar a un hogar de amantes de las aves, “donde lo alimentaron y pasó una noche tranquila”. El cuento –que tuvo buena acogida entre niños de cuatro y nueve años– inculca a los txikis esa misma pasión de explorar el mundo, aunque recordándoles que son pequeños y deben hacerlo de la mano de sus padres.
Mientras, la segunda obra de Lourdes es quizás algo más personal. Se inspira en Milo, otro periquito, que llegó a las manos de la autora tras ser rechazado y maltratado por sus compañeros del refugio. “Me sentí identificada con él porque yo también sufrí bullying”, admite, “así que verlo así, con las plumas picadas y tan delgado me afectó tanto que no dudé en traerlo a casa”.
El relato –que se puede adquirir a través del correo lourditasfer@gmail.com o el perfil de Instagram @slowlyta1– pretende concienciar a los niños acerca del acoso escolar, al mismo tiempo que busca demostrar a quienes lo sufren que “no todo el mundo es malo” y que “siempre llega un ‘Ala amiga’ en la que poder apoyarse, como la que Rocket, otro periquito, le ofreció a Milo”.
En un futuro, Lourdes quiere emprender su propio refugio de aves y colaborar con distintas terapias. Mientras, la autora espera seguir presenciando uniones tan bonitas como la de Milo y Rocket, que ha desencadenado en un apasionado romance en el que “hacen cosas de mayores con la certeza de que jamás saldrá un polluelo de ahí”.