El derribo de un edificio es un puntazo difícil de desaprovechar. Como una volea a media pista con el rival vencido. El tenista de Krakovia ha vuelto a aparecer. Esta vez en las cuatro plantas del bloque de la calle Descalzos 57, donde el Ayuntamiento va a levantar la primera promoción de VPO en el Casco Viejo de Iruña. Antes de que esas viviendas sean una realidad, en el lugar se ha colado la Estatua de la Libertad.

El tenista de Krakovia, convertido en la Estatua de la Libertad en cuatro plantas de un edificio de la calle Descalzos. cedida

De nuevo, inspiración peliculera para el tenista con una referencia a la escena final de El Planeta de los Simios, cuando el astronauta Charlton Heston se encuentra la estatua semi enterrada en la arena. “No tiene ninguna simbología... Me ciño a películas y estoy limitado a personajes grandes”, dice. “Si le pegan un manguerazo no estaría de más, que está lleno de polvo y luce menos”, añade el tenista sobre la ubicación de su nueva creación.

Año 2020, primera aparición

El tenista de Krakovia se dio a conocer en 2020 con un ¿majestuoso? King Kong oculto durante cuatro años y descubierto de la noche a la mañana tras un derribo en la calle Ferrocarril. “Se puede considerar al tenista como una célula durmiente. De vez en cuando le da la vena y hace algo”, ya advertía entonces.

Le dio la vena e hizo algo dos años después en la Plaza del Castillo, imitando el enorme cartel publicitario de Ana de Armas en Blade Runner 2049. Y repite en el centro de Pamplona como escenario de sus andanzas. Su tercera aparición. Muralismo brutal. Arte efímero.

“Empecé a merodear por el Casco Viejo después de lo de la Plaza del Castillo... los pisos parecían abandonados y me dijeron que iban a tirar varios portales”, recuerda. Una vez desalojados los vecinos, los operarios colocaron unas tablas para evitar intrusos como el tenista. Pero en noviembre este deportista buscó la colaboración de “el tenista sénior, que es mi padre. Le convencí, fuimos con una escalera y entramos para coger medidas”.

Detalle del mural. cedida

Ya en casa “planteé el dibujo según las medidas, y otro día fui al punto de la mañana”. Empezó a pintar a las siete y terminó sobre la una y media. “La premisa es hacerlo en el mismo día para evitar exponerme demasiado”, confiesa. 

Se encontró el cuarto piso reformado, “con un baño del copón y las paredes del pladur, sabiendo que lo iban a quitar. Pero a la antorcha de la estatua le puse una pelota de tenis. Intenté entrar después para arreglarlo, pero ya estaba apuntalado con andamios, soy un anciano y no tengo casco reglamentario”. 

La pelota sobre la antorcha. cedida

Ahí dio por terminada su obra. Y de momento no tiene nada más entre manos: “Estoy esperando que Asiron me llame y me ofrezca la concejalía de deportes”.