Navarra es, como bien se sabe, un territorio que merece, y mucho, la pena visitar. "Desde sus hayedos hasta sus foces, atravesados por rutas mágicas que hablan de seres mitológicos, pasando por sus cuevas y sus leyendas de brujería, Navarra es una caja de la que parece que nunca dejan de salir sorpresas. Castillos y monasterios donde la realeza y la religión tejen los hilos del pasado, importantes paradas jacobeas en el Camino de Santiago, arquitectura única, pueblos que se bañan en ríos y ciudades con mucho que contar. Caseríos y valles donde desconectar del mundo y un sinfín de tradiciones", así es como desde le prestigiosa revista de viajes, National Geographic invitan a sus lectores a visitarlo.

"El faro protegido por un castillo" a una hora de Pamplona que sorprende a National Geographic

Este mismo lunes, 18 de mayo, la prestigiosa revista National Geographic publicaba este contenido 'El faro del País Vasco protegido por un castillo'. Un lugar que está ubicado a poco más de 80 kilómetros de Pamplona y cuyo nombre es 'El Faro de la Plata', el cual "empezó a funcionar el 1 de octubre de 1855, cerrando así la línea cronológica que se remonta a la Edad Media, cuando se encendían hogueras en los acantilados de Jaizkibel y Ulía para guiar a los barcos y poder entrar en el actual puerto de Pasajes. El puerto más importante de Gipuzkoa durante siglos, de aquí partió Lafayette en 1777 rumbo a la Guerra de Independencia americana y de aquí salían los balleneros vascos para llegar a Terranova, tenía una bocana que era una trampa perfecta flanqueada por espigones naturales".

Un lugar con encanto cuya "silueta rompe con cualquier expectativa posible". En la línea con lo que se comenta en la publicación, "no se sabe muy bien por qué al ingeniero Carlos Campuzano, aunque se suele señalar de autoría desconocida, un trabajo de la Universidad del País Vasco confirma que él fue el responsable del proyecto original, le dio por resolver el encargo con un edificio que tiene que ver más con la fantasía que con la practicidad. Parece un malentendido. En lugar de la iconografía universal habitual para los faros, él levantó sobre un farallón del monte Ulía un castillo neomedieval, coronado de almenas, flanqueado por dos torreones cilíndricos de diez metros y vigilado en las esquinas por garitones. De algún modo, el faro parece surgir directamente de la roca, hendido en una fisura, como protegiéndose del viento del norte del Cantábrico. La linterna, eso sí, es la habitual, moderna y funcional".

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Pero la descripción del lugar no se queda ahí. "Tampoco se sabe muy bien de dónde viene el nombre de faro. Como siempre, hay mínimo dos versiones de todo. Una apunta a la característica geológica del lugar, donde las rocas de pizarra mojadas por el mar, brillan como plata al sol. Otra teoría en cambio, se basa en lo histórico, pues según algunos historiadores, el puerto de Pasaia fue clave para la exportación e importación de riquezas; primero en el siglo XVIII, como puente con América, y, más tarde, como base para exportar los minerales que previamente se extraían de las minas de Arditurri. Para llegar al faro, hay una ruta larga, que arranca cerca de la playa de la Zurriola en San Sebastián, al otro lado del Kursaal, y recorre durante cinco o siete kilómetros la cresta de los acantilados de Ulía. Pasa por el estupendo mirador y luego sigue hasta llegar a lo alto. La recompensa está en las vistas, porque el acceso al faro está cerrado", detallan desde National Geographic.