En los delitos de trata de personas, donde las pruebas materiales son escasas y la violencia rara vez deja huella física, el testimonio de la víctima se convierte en una pieza central. Y a pesar de esta relevancia, no siempre resulta fácil obtenerlo porque muchas de las personas víctimas tienen miedo, creen que están cometiendo un delito o temen lo que puedan hacer las organizaciones criminales contra ellas o sus familias. Por esta razón, a la hora de producir un relato de lo sucedido, no basta solo con preguntar qué ha pasado. Hay que saber cómo hacerlo.
Ese fue el eje del taller práctico sobre la entrevista cognitiva, insertado en las I Jornadas de Metodología Policial y Psicología Jurídica en la Detección e Investigación de la Trata y la Explotación Sexual. Fue impartido por la psicóloga jurídica y forense Satoko Kojima, de FORENSI+D, junto al sargento Miguel Ruiz (EMUME Navarra) y la actriz Sandra Aguerri, que interpretó diferentes perfiles de mujeres para hacer más práctica la ponencia y evidenciar cuáles son los errores y las herramientas que se pueden aprovechar en una entrevista cognitiva para la recogida de testimonios.
“El testimonio está vinculado a la memoria, y la memoria es frágil”, explicó Kojima, apoyándose en los estudios de Elizabeth Loftus, que demostraron cómo pueden generarse recuerdos distorsionados o incluso falsos en función de cómo se formulen las preguntas. De ahí que el papel del psicólogo en la investigación no sea terapéutico, sino técnico: detectar indicios de trata, evaluar la credibilidad y ayudar a construir un relato que tenga validez judicial.
Uno de los principales retos es el punto de partida. “No siempre sabemos si estamos ante una víctima, si quiere denunciar o incluso si ha participado en delitos”, señaló Kojima. Muchas presentan situaciones de extrema vulnerabilidad –económica, emocional o cultural– y pueden no identificarse como víctimas, lo que obliga a adaptar completamente la entrevista.
Crear vínculos para investigar
La primera clave es la creación de confianza. “Para nosotros es fundamental que la persona narre los hechos con sinceridad”, apuntó Miguel Ruiz. Esto implica cuidar aspectos básicos: presentarse, explicar el proceso, marcar tiempos y permitir pausas. “Diez minutos iniciales pueden cambiar completamente la entrevista”.
Por otro lado, evitar errores es igual de importante: preguntas cerradas desde el inicio, interrupciones o interpretar los hechos desde la lógica del entrevistador pueden distorsionar el relato. “No podemos preguntar desde nuestra concepción, sino desde la suya”, insistió Kojima.
La entrevista cognitiva se estructura en varias fases. Primero, un relato libre, aparentemente desorganizado, pero fundamental para entender cómo la víctima recuerda y estructura los hechos. “Ahí obtenemos su visión y su forma de construir la memoria”, explicó.
A partir de ahí, se pasa a una fase más dirigida, en la que se reconstruye el contexto con el máximo detalle posible: emociones, sensaciones y motivaciones. Este proceso permite identificar elementos de coacción, vulnerabilidad o control, especialmente relevantes en los delitos de trata.
Evaluar la credibilidad
La aportación psicológica es clave también en la valoración del testimonio. No se trata de buscar un relato perfecto, sino de analizar cómo está construido: coherencia, cantidad de detalles, espontaneidad o inclusión de elementos secundarios. Además, el psicólogo puede determinar si la víctima está en condiciones de declarar, evitando procesos que puedan perjudicarla o debilitar la investigación.
De esta manera, a partir de un taller reforzado con la representación de entrevistas simuladas a cargo de Sandra Aguerri, que interpretó el perfil de varias mujeres víctimas, se evidenció que en delitos como la trata –sostenidos por el miedo y la presión psicológica– la labor de los psicólogos resulta esencial: transformar una experiencia fragmentada en un testimonio sólido capaz de sostenerse ante un tribunal.