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Usuaria de Proyecto Hombre: “Siento que la persona que era antes está volviendo a florecer, pero más fuerte”

Dos usuarios relatan su recuperación del alcohol y la cocaína y el proceso de reconstruir su vida y su familia

Usuaria de Proyecto Hombre: “Siento que la persona que era antes está volviendo a florecer, pero más fuerte”Javier Bergasa

El domingo pasado, R.E. les contó a sus hijas, de 10 y 13 años, por qué llevaba casi nueve meses sin estar en casa. Por el alcohol, les dijo. Pero que se estaba curando. Que pronto volverían a ver a su papá recuperado. Y mientras lo recuerda casi se le quiebra la voz, aunque sonríe. Le queda poco más de un mes en el proyecto educativo de Proyecto Hombre. Ingresó a la comunidad terapéutica de Estella con una adicción al alcohol y a la cocaína que venía "de muy lejos". Tanto, que su mujer lo intentó y lo intentó durante mucho tiempo hasta que "ya no pudo más, no había manera" y se separaron. Él se enteró dentro. "Yo ya lo sabía, pero fue muy duro", admite. Con todo, reconoce que entró por un compromiso que tenía consigo mismo. Y, sobre todo, con sus hijas. "Quiero cuidarlas", dice, y no añade más porque no hace falta. Porque pedir ayuda, reconocer que uno solo no puede, es uno de los gestos de amor más grandes. Y también uno de los más valientes.

Y eso es algo que E.S. conoce bien. Llegó cinco meses después que su compañero, de ahí que todavía le queden cuatro meses en el centro. Aunque se va viendo fuerte y espera con ansias la recta final, la de reencontrarse del todo con sus seres queridos. Tiene tres hijos, dos de ellos ya mayores y una hija que acaba de cumplir 14 años. Según cuenta, los problemas con el alcohol le provocaron conflictos una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… veces. Y más. Porque el alcohol estaba en todas partes: en celebraciones, en reuniones familiares, en comidas, en bares, en momentos felices y también en los tristes. "Es algo tan normalizado que llega un momento en que ni tú misma sabes cuándo has perdido el control", desliza. Y quizá ahí reside parte de la dificultad: en asumir que una sustancia tan integrada socialmente también puede destruir vidas en silencio.

Pasar tiempo sin sus hijos

Por eso, aunque le costó llegar a la comunidad –no era la primera vez que tenía relación con Proyecto Hombre– no quiso hacerlo antes porque, como muchas madres, subordinó durante años su propio malestar al cuidado de los demás. "No podía imaginar estar tanto tiempo sin ellos", confiesa. Y eso que, al contrario que en otros muchos casos, era algo que le pedían su madre y sus hermanos. Pero todo eran excusas. Porque, para ella, era más insoportable el peso de sentir que no podía fallar y que debía ser siempre la que sostiene, que el de reconocer que necesitaba ayuda. Hasta que un día su hijo mayor le pidió, por favor, que lo intentara. Y entonces sí. "Dar el paso es lo más difícil, pero también lo mejor que he hecho. Ahora me arrepiento de no haber venido antes", reconoce. Mientras lo dice, ya está pensando en lo que viene. "Cada vez me siento mejor, con más fuerza. Es como si la persona que era antes de todo esto estuviera volviendo a florecer". Pero con más cosas, matiza. Con lo que ha aprendido dentro. Con la posibilidad, incluso, de ayudar a otros cuando salga.

R.E. lo entiende de la misma manera. La salida le da "respeto", lo llama así, y esa palabra lo resume todo. Porque "aquí no hay alcohol, no hay drogas, no están los estímulos que esperan fuera. Hay compañeros, terapeutas, rutinas, el gimnasio al que va a tope, las vistas del monasterio…". Es como si estuvieran dentro de una burbuja que les ha devuelto algo que creían perdido, pero de la que también sienten el deseo –y la necesidad– de salir. "Me veo más fuerte. Con las herramientas que nos dan aquí, procuramos llevarlas a cabo cuando salgamos. Hay que ir despacio", apunta.

Al salir, todavía les espera medio año de seguimiento ambulatorio. La idea es soltar poco a poco. Que, como explican las terapeutas, la persona sea autónoma y capaz de llevar una vida con normalidad. Y en eso están. Los dos. Cada uno a su ritmo, con una historia distinta y algo en común: que un día decidieron que merecían algo mejor. Y que tuvieron el valor de pedir ayuda para recuperarse.