Diez años del modelo D en Caparroso: un premio para los niños que aprenden euskera
Las familias de la zona lograron abrir la puerta a la enseñanza de esta lengua superando numerosas dificultades
La plaza de Caparroso se ha llenado hoy de txikis con diplomas en la mano. No es un día cualquiera para esta localidad de la Ribera navarra ni para las pedanías y pueblos de alrededor —Rada, Carcastilllo, Santacara y Marcilla—. Sus niños y niñas han recibido un reconocimiento especial por parte de Iruñeko Komunikabideak Fundazioa (IKF) y Euskaltzaindia / Real Academia de la Lengua Vasca por algo que en estas tierras no era fácil: aprender euskera cuando en casa nunca se habló, cuando en la calle no se escucha y cuando hace apenas una década ni siquiera existía un aula en la que intentarlo.
Fue precisamente hace diez años cuando un grupo de familias y vecinos de la zona, con más ilusión que medios, logró abrir el modelo D en la escuela de Caparroso. El camino no fue sencillo. Tuvieron que superar resistencias, burocracia y el escepticismo de quienes dudaban de que tuviera sentido enseñar euskera en una zona donde el idioma no tenía peso.
Tras la entrega de reconocimientos, se ha proyectado un vídeo de 12 minutos que ha recorrido esa trayectoria de una década, con sus dificultades iniciales y los enormes logros posteriores, tras lo cual la plaza se ha animado con juegos infantiles.
El esfuerzo de los pueblos del sur
La delegada de Euskaltzaindia en Navarra, Sagrario Aleman, ha puesto el acto en perspectiva histórica con una reflexión que invita a pensar en los contrastes del tiempo: «Hace unos 60 años, en algunas pequeñas localidades del norte de Navarra, los niños fueron premiados por su conocimiento del euskera. Aprendían y utilizaban el idioma en casa y en la calle. Ahora los premiamos en los pueblos del sur por el esfuerzo que han realizado para aprenderlo en un entorno complicado».
El contexto ha cambiado radicalmente: antes se reconocía la transmisión familiar; hoy se premia el tesón de quienes han tenido que construir ese vínculo desde cero, en el aula, sin el respaldo del entorno.
Aleman también ha recuperado la figura de Celestino Peralta Lapuerta "Arrigarai" (1879-1929). Fraile capuchino, nacido en el propio Caparroso, que aprendió y cultivó el euskera en el convento de Lekaroz, hasta el punto de publicar un método de apredizaje de la lengua vasca que tuvo mucho éxito hace un siglo. Fue nombrado académico correspondiente de Euskaltzaindia. "Ahora estaría orgulloso de todas estas familias", ha concluido la académica.
El acto se enmarca en los acuerdos de colaboración entre Iruñeko Komunikabideak Fundazioa y Euskaltzaindia, que ya han celebrado reconocimientos similares en otros puntos de la Comunidad Foral con el objetivo de fomentar la lengua vasca en toda Navarra.
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