El caso del profesor del IES Zizur BHI que está siendo juzgado en la Audiencia Provincial de Navarra por grabar a mujeres en baños del instituto, en probadores de establecimientos comerciales (donde lo hacía con una cámara que portaba en el zapato), que incluso tomaba imágenes de dos vecinas a través de una videocámara que descolgaba de la fachada de su piso y que captaba fotos íntimas de al menos una treintena de alumnas a través de redes sociales e incluso algunas las retocaba con IA para desnudarlas y culminar así sus fines lascivos, como sostienen las acusaciones, reúne el repertorio más complejo de delitos tecnológicos, de revelación de secretos y de posesión de pornografía infantil. Pero no se trata de la única causa de este tipo que se ha podido ver en los últimos años en los juzgados y tribunales de Navarra.

Quizás por la entidad de los hechos, el caso más similar fue el de Daniel Lucía Obregón, exmister Navarra, que ahora tiene 41 años y que fundó la agencia Dana Models. Este pamplonés fue condenado en la Audiencia a 115 años de cárcel, de los que cumplirá como máximo cinco años. Se le aplicó ante la pluralidad de delitos que cumpliría en prisión el triple de la pena mayor, es decir, que de todas las condenas que le impusieron, 20 meses de cárcel era la mayor de las condenas y por tanto cumpliría 60 meses. El condenado había grabado desnudas a 129 aspirantes a modelo, 54 de ellas menores de edad, sin que lo supieran y lo consintieran.

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra confirmó una condena del Juzgado de lo Penal 4 de cuatro años de prisión al dueño de un bar de Tafalla que grabó durante seis meses -entre 2014 y 2015- con cámara oculta a 326 mujeres que accedieron al baño de señoras del bar Txoko en el que por entonces trabajaba. El acusado colocó varias cámaras que las camufló en un falso enchufe para que no fueran descubiertas. Él negó haber visto las imágenes. Se le condenó por todos los delitos dentro del denominado “concurso ideal homogéneo” (una única acción para varios delitos).

Hubo otro procedimiento muy parecido al anterior en un establecimiento hostelero de Mutilva, la Loli Gastrobar, pero que sin embargo acabó sin juicio y por tanto sin condena. Entonces se abrió un procedimiento judicial contra un camarero que grabó a 190 mujeres con un dispositivo que colocó en los baños. Sin embargo, antes de que se le notificara la apertura del juicio oral, huyó del país y se encuentra desde entonces en paradero desconocido.

Uno de los casos más recientes, y al que alude la defensa del profesor de Zizur en su estrategia para que no ingrese en prisión, sucedió en un caso juzgado a finales del año pasado. Entonces se condenó a un vecino de Pamplona de 65 años a 17 años de prisión y una multa de 12.000 euros por grabar a al menos 17 hombres desnudos mientras se duchaban y cambiaban en los vestuarios masculinos de la Ciudad Deportiva Amaya, en Pamplona. Aunque el acusado fue condenado a una pena tan elevada, no ha tenido que cumplir la misma dentro de prisión, ya que le fue suspendida por referirse el total de la condena a múltiples delitos contra la intimidad en el que ninguna de las penas superaba los dos años de prisión.

En causas anteriores, en diciembre de 2018 se condenó a tres años de cárcel (no los cumplió al suspenderle la pena) un joven que entonces tenía 30 años por sacar fotos a chicos desnudos en los vestuarios de las piscinas de Guelbenzu. Obtuvo imágenes mientras se cambiaban de un adulto y dos menores y no las difundió. Se le aplicaron las atenuantes de dilaciones indebidas y de reparación del daño.

Además, un joven pamplonés de 30 años fue condenado en 2015 por el Juzgado de lo Penal número 3 de Pamplona a un año de cárcel como responsable de un delito contra la intimidad y a una multa que suma 2.160 euros después de haber sacado una fotografía a una menor de 8 años en el interior de los vestuarios de las piscinas de la Agrupación Deportiva San Juan de Pamplona.

Así, un usuario de las piscinas de Aranzadi, que trabajaba como agente de la Policía Municipal de Pamplona, instaló incluso en 2009 una microcámara para grabar desnudos a mayores y menores de edad en los vestuarios masculinos y fue condenado a dos años de cárcel. Presentó un informe médico que certificaba que sufre un trastorno de la personalidad y no ingresó en prisión. Efectuó estas grabaciones fuera de servicio en los vestuarios masculinos entre los meses de julio y agosto de 2009.

En otro caso, un exoperario de las instalaciones de Lagunak fue también condenado a dos años de prisión por colocar en 2011 cámaras de vídeo en el vestuario femenino para grabar a las usuarias. Cometió un delito continuado contra la intimidad tras haber colocado cámaras de vídeo en el vestuario para grabar a las usuarias cuando estaban haciendo uso del mismo. En la condena del Juzgado de lo Penal número 4 se le aplicaron las atenuantes de confesión y de reparación del daño. El extrabajador de las piscinas, que fue despedido de manera disciplinaria tras 17 años, no ingresará en prisión (al no tener antecedentes penales) a condición de que no delinca en tres años y de que finalice el tratamiento médico que está siguiendo.