Obituario

Patxi Cilveti Baquedano, txistulari y coralista

10.09.2020 | 00:46
Patxi Cilveti Baquedano

Pamplona El pasado 6 de septiembre falleció en Pamplona Patxi Cilveti Baquedano a los 89 años de edad. Con su esposa Rafaela Jiménez tuvo cinco hijos, cuatro de ellos casados: Patxi y Carol, Rafael y Nuria, Susana y Nicolás, Idoia y Tano, además de Virginia, que le dieron el ramillete de estos seis nietos: Irati, Nora, Guillermo, Alexia, Saioa y Ainhoa.

Patxi nació en Aoiz aunque la mayor parte de su vida la pasó en Pamplona y en concreto en el barrio de Abejeras, de lo que estaba muy orgulloso. Me cuenta su hijo primogénito Rafael que "le gustaba la música, la pintura, la fotografía, la historia y hasta las matemáticas. Tenía una mente curiosa que siempre le impulsó a leer y, por su generosidad, le gustaba compartir todo lo que aprendía".

La música fue fundamental para él. Pertenece a esa pléyade de virtuosos txistularis "en nómina y plantilla" del Ayuntamiento pero sin sueldo. Que hace sesenta años eran una institución en la vida de la ciudad dando colorido y ambiente en la vida de Pamplona.

Patxi Cilveti, con el bien ganado cartel de destacado componente del Grupo de Danzas del Ayuntamiento de Pamplona, como nacido en Aoiz donde tenía familiares, fue invitado a la creación de un grupo de danzas femenino. Patxi se comprometió a acudir los domingos por la mañana poniendo ilusión y dinero a la vista del enorme entusiasmo desplegado por los jóvenes desde el principio.

Cuentan los más viejos del lugar que, gracias al "Centrico", el local cedido por las monjas no sólo salió el grupo femenino sino que echó a andar el masculino. "Patxi nos proporcionó un traje completo de una danzari de Pamplona que nos sirvió de modelo poniendo cada familia las telas y confección".

Con frecuencia nos enseñaba el programa de San Fermín donde aparecía vestido de txistulari en la procesión. Viajó mucho por todo el mundo tocando el txistu y dando a conocer el folclore navarro, haciendo hincapié en las salidas a Japón, Yugoslavia y Alemania. Cantidad de anécdotas solía contarnos en la barra del bar tras la misa mayor. Sobre todo aquella vez en el país germano que, cuando le vieron aparecer sobre el escenario con el desconocido txistu y tamboril, casi les entra la risa pero aplaudieron largamente, convirtiendo el aplauso en la mejor melodía.

Hace 50 años comenzó una nueva etapa, dedicándose en cuerpo y alma a la familia. En su faceta laboral fue pionero de los entendidos en informática que luego le ha venido muy bien para confeccionar unos libros de música como recién salidos de la linotipia. El coro de la parroquia San Juan Bosco, del que era su director hasta hace bien poco y la Rondalla El Salvador, que dirige Félix Lus a buen seguro que le van a echar en falta.

"En su entrega a los hijos se empeñó en darnos un buena formación para la vida, educándonos según sus convicciones que nunca quiso imponer, cubriéndonos las espaldas e todo momento. Nos educó en la libertad y en el respeto. Nos permitió crecer como personas".

En la jubilación la música volvió a ser algo consustancial. En todos estos años ha dejado una interminable lista de amistades. Era capaz de recordar a todos, hablar de todos y con todos.

"Para él los valores cristianos eran muy importantes: el trabajo, el amor al prójimo, la constancia. Las cosas materiales eran poco relevantes. A él le importaban las personas".

En la homilía del funeral, 'Chisco' Ahechu, el párroco, le despidió con estas sencillas palabras mientras sonaba el eco de Adagio, la bella melodía de Albinoni, que tanto gustaba: "Nos quedamos con la bondad de Patxi, que seguro está en el cielo haciendo felices muchos".

Patxi Cilveti, de feliz memoria, / que en mi mente y corazón conservar quiero / la imagen de una dulce novia, / amigo, profesor y compañero. / La música te dio con su cadencia / medida de los tiempos y valores / del blanco y negro y resto de colores / con los que comprender toda la ciencia. / Gracias te doy Patxi, en adelante / por tu labor, tus consejos y datos / y muy en particular por tu talante. / Gracias doy a la vida y al destino / por haberme cruzado en esta vida / gentes tan buenas que hacen mi camino.

Ángel Inda, Músico rondallista

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