Garaioa: La difícil renuncia a la vida social

Garaioa se mantiene libre de covid a pesar de la invasión del turismo y de tener un bar como centro de reunión

27.02.2021 | 20:06
José Javier Eransus, alcalde de Garaioa, Idoia Elizondo, enfermera SUR del C.S. Auritz y vecina de Garaioa, y Jesús Orradre, ganadero y vecino de Garaioa.

Para un pueblo con tanta afición a reunirse y celebrar festejos como lo es Garaioa, la pandemia supuso una auténtica condena para sus 91 habitantes. Si bien es cierto que la escasa densidad de población favorece que el virus permanezca ajeno, las medidas llevadas a cabo por los vecinos hicieron que Garaioa sea uno de los dos únicos municipios del Pirineo en los que no ha habido ningún sólo contagiado de covid. Y, teniendo en cuenta que en verano la afluencia de visitantes al Mirador de Zamariain provocó un colapso, es casi un milagro que el pueblo haya permanecido ajeno al virus.

La clave, según Idoia Elizondo, enfermera del SUR del Centro de Salud de Auritz-Burguete y también vecina de Garaioa, reside en el seguimiento estricto de las medidas de seguridad. "Yo creo que en Garaioa se ha respetado muchísimo el cuidado de no traer el entorno familiar a la casa. La mayor parte de la población es mayor y hay gente que sólo viene a visitar a sus padres o abuelos, están un ratico en la calle y se van, no se quedan ni a comer. Y los que se quedan, están con la mascarilla hasta dentro de casa. Yo veo que no ha habido relajamiento, y eso que somos muy dados a hacer fiesticas alrededor de una mesa", comenta.

En su caso, desde el primer momento quiso alejarse de Garaioa por respeto a sus padres y los primeros meses los pasó entre Pamplona y su lugar de trabajo, Auritz-Burguete. Confiesa que su labor no es comparable al trabajo en una planta covid, pero aún así, no deja de ser admirable el esfuerzo y dedicación que han mostrado los equipos sanitarios del Pirineo. "Las primeras semanas las vivimos con mucha sensación de incertidumbre, era algo nuevo que vino muy de repente y, al final, hemos ido aprendiendo con la experiencia y con los casos. No hemos tenido muchos, pero sí ha habido momentos puntuales con brotes que nos suponía más trabajo y un mayor control de los contactos", reconoce.

Quien también tuvo que estar al pie del cañón es el ganadero Jesús Orradre. Como cada día, debía atender a sus vacas, ovejas y potros que tiene en Garaioa. "Casi ni me enteré del confinamiento porque yo iba a todos los lados. Es verdad que no te juntabas con nadie, no había circulación en la carretera y justamente nos veíamos 8 ó 10 vecinos del barrio en el momento de los aplausos, pero yo hacía lo mismo que siempre", recuerda el vecino de Garaioa. Sin embargo, sí que vio mermadas sus ventas a raíz de la covid-19. "En septiembre tuve que vender los corderos 150 euros más baratos. Aún con el cordero y el potro ya tiré hasta las Navidades", añade.

Más allá del trabajo, Jesús también ha echado de menos la vida social del pueblo. "No ha habido fiestas ni las comidas que solemos hacer y también el bar ha estado mucho tiempo cerrado y ahí es donde nos solemos juntar. Los fines de semana casi desaparecieron", expresa.

MIEDO A SALIR El alcalde José Javier Eransus se muestra sorprendido con que no haya habido ningún caso positivo en el pueblo. "Ha sido casualidad. No hemos hecho nada del otro mundo y además, tenemos gente que trabaja en Pamplona y va y viene todos los días", confiesa. Sin embargo, el también ganadero y vecino de Garaioa, reconoce que las familias se han esforzado en mantener muy bien las distancias. "Las personas mayores se han cuidado muchísimo y la gente en general se está portando muy bien. Intentan estar en el pueblo lo menos posible y, en la calle, a distancia. He visto cómo los nietos no entran a casa a saludar a sus abuelos", afirma.

En cuanto a la masificación de turistas que se acercaron en verano a Garaioa atraídos por la fama del Mirador de Zamariain, el alcalde asegura que los vecinos lo vivieron con mucha tensión. Aunque una parte de los visitantes cumplía con las medidas, fue muy frecuente que los vecinos obligaran a ciertos turistas a ponerse la mascarilla y respetar las distancias de seguridad. "Me juntaba con alguna persona mayor a la noche que se quejaba porque no había podido salir durante el día. Sólo salían cuando las calles se quedaban vacías. Con todo lo que ha habido en junio y julio, es casi imposible que hayamos pasado todo limpio", confiesa. Sea como fuere, lo cierto es que Garaioa se mantiene libre de covid. Y, con suerte, sus vecinos continuarán con la misma actitud ejemplar.