Música

Metal ligero

22.12.2020 | 01:00

quinteto de metales de la osn Intérpretes: Aritz García de Albéniz, trompa. Carlos Gomis e Ibai Izquierdo, trompetas. Santiago Blanco y Mikel Arkauz, trombones. Programa: obras de Tylmn Susato (ca. 1510-1570), Danserye. Koldo Pastor (1947), Tres canciones vascas. Manuel Oltra (1922-2015) tres canciones del cancionero de amor de Lorca. L. Bernstein, suite de West Side Story. Programación: Fundación Caja Navarra, Fundación Baluarte, Orquesta Sinfónica de Navarra. Lugar: Civican. Fecha: 11 de marzo de 2020. Público: media entrada (gratis).

En el ciclo tan interesante del Civican –que nos está ofreciendo la orquesta por familias– le toca el turno a los metales; esos dorados o plateados instrumentos que le dan empuje hacia lo brillante. Las incisivas trompetas; la redondeada –en forma y sonido– trompa, que hace de elemento neutro y calmo en los cambios armónicos y de tonalidades en las sinfonías; y los trombones de varas, que a los profanos nos parecen un poco milagrosos, porque dan las notas –afinadísimas–, solo, con un resbalón. El quinteto de viento-metal de la Sinfónica de Navarra ha dado un concierto muy agradable y entretenido. El fulgor de los cobres y su sonoridad enganchan enseguida. Su programa se ha basado en elevar a ese tono brillante –con preciosos tramos recogidos–, diversos compositores que han basado sus obras en acerbo popular; de aquí, y de lejos; de épocas pasadas, e incluyendo dos estrenos. En general, el ensemble brindó, durante toda la soiree, un sonido muy empastado y cuidado; siempre en unas dinámicas –o sea de grados de intensidad–, y volumen muy controlados; algo fundamental en estos instrumentos que, por razones obvias, tienden a expandirse. Primó el sonido bonito. Desde luego nada de heavy metal; más bien, ligero; vamos que nunca se hizo aturdidor ni pesado. Incluso, me atrevería a decir, que las cinco danzas del renacentista Tylman Susato –sobre todo la Mourisque y la Basse Danse–, hubieran admitido un sonido un poco más agreste, más abierto, algo hojalatado (con perdón). Muy hermosas, en todo caso, las cinco piezas del editor de Amberes, con tramos recogidos –Bransle– y bien matizados en la repetición en piano; el solo magnífico de trompa –Ronde; y los fundamentales graves de Mon Amy. La aportación de Koldo Pastor –tres canciones vascas, estreno– al concierto, fue un divertimento francamente logrado, de traslado a la tímbrica del conjunto de temas tan conocidos como el Horra or Goiko, o diversas canciones de ronda. De dificultad técnica para los ejecutantes, para el oyente, la obra resulta entretenida y reveladora; sobresalen los temas y se esconden en juegos y texturas –con y sin sordina en trompetas–, que los enriquecen, los retuercen, sin perder entidad. Al contrario, el solo de trompeta de Aritz Acarrean –muy bien cantado–, se asienta en una, muy lograda, sonoridad de órgano Cabaille-Coll, así fue el empaste del metal grave sobre el que se asienta todo. Las tres canciones de amor sobre textos de Lorca, del valenciano Oltra, estuvieron en el aura sutil y poética que las conviene. Compuestas para coro, toma la trompeta –a veces con esa textura de sordina tan de Falla–, la voz de soprano en Madrigalillo: limpia la versión. En Eco –(€Ya se ha abierto la flor de la aurora€)– el ensemble abre y cierra el sonido en regulador –bien hecho– onomatopéyico. Y, en Preludio (€Las alamedas se van pero nos dejan el viento€) se lucen, también, las varas. Partituras tranquilas, algo melancólicas, pero no tristes. Terminó la velada con una suite de West Side Story de Bernstein: casi una obra de obligado cumplimiento para estos orgánicos. Luminosa, extravertida, bailable –tanto suelto, como agarrado, en esas cálidas baladas–, cumplió las expectativas. Fuertes y agradecidos aplausos, también para Koldo Pastor, que estaba en la sala. De propina un no menos entretenido Cuco, canción italo-suiza. Hubo media entrada, en un ciclo que se suele llenar. Se empieza a notar el maldito coronavirus.