En esta quinta edición de Ugao-Miraballes, todo lo recaudado se destinó íntegramente a Udane Eiros García, una niña que desde muy pequeña convive con el síndrome de West, una enfermedad rara que ha condicionado su desarrollo, su movilidad, su visión y el día a día de toda su familia. El acto tuvo un claro componente gastronómico, pero su verdadero sentido fue otro: acompañar, visibilizar y recordar que detrás de cada diagnóstico hay una vida, una familia y una lucha cotidiana que muchas veces transcurre en silencio. La cocina sirvió como punto de encuentro para reunir a vecinos, instituciones, cocineros, bodegas, colaboradores y público alrededor de una causa común.

La organización del certamen volvió a tener un nombre propio: Jon Gil. El joven chef, muy vinculado a Ugao-Miraballes, ha sido durante estos cinco años el motor de una iniciativa que ha ido creciendo edición tras edición. Actualmente impulsa Ahantz, un aula-taller concebida para acercar al municipio una propuesta culinaria de calidad, abierta y cercana. Su papel en el certamen va más allá de la coordinación: Gil ha sabido convertir la gastronomía en una herramienta de dinamización local y, al mismo tiempo, en una forma de tender la mano a familias que necesitan apoyo.

Udane Eiros y su madre, durante la jornada en Ugao-Miraballes. Ochotres Espacio

La jornada contó con la participación de profesionales de reconocido prestigio entre los cuales se encontraban tres espacios con estrella Michelin. Cada intervención permitió acercar al público proyectos muy distintos entre sí, pero unidos por una misma voluntad: cocinar para ayudar.

El menú

La parte gastronómica arrancó con la cocina del restaurante Alejandro Serrano, representado en esta ocasión por Saúl Barquilla, chef de la casa. Desde Miranda de Ebro, Barquilla acercó a Bizkaia una muestra de uno de los proyectos más singulares del panorama culinario actual. El restaurante, reconocido con una estrella Michelin y un Sol de la Guía Repsol, ha construido un discurso propio en torno al llamado Bosque Marino, una cocina en la que el producto del mar dialoga con el paisaje interior, los montes de San Juan, las Merindades y ese imaginario que Alejandro Serrano ha definido también como Mar de Castilla.

Con esa mirada, en la que técnica, territorio y producto se cruzan de forma natural, Barquilla presentó una ensaladilla rosa, una elaboración que reinterpretó un clásico popular desde una clave más personal, con juegos de emulsiones, matices marinos y texturas cremosas.

Después llegó el turno de Bea Pascual, al frente de Almazen, un concepto de barra situado frente a las Salinas de Añana. Su propuesta puso sobre la mesa una cocina de raíz, sensibilidad y coherencia, muy ligada al paisaje y a los productores del entorno, con la sal como elemento esencial en distintos formatos. En Almazen, el territorio funciona como punto de partida real para construir la oferta gastronómica.

Bea Pascual, a la derecha, del Almazen. Ochotres Espacio

Para Bea, la participación en Ugao-Miraballes tuvo además un componente especialmente emotivo. Supuso regresar a un lugar muy vinculado a su historia familiar y recordar establecimientos como Guria de Miraballes o La Vasca de Basauri, gestionados por su familia y ligados a una manera de entender la hostelería desde la cercanía, el oficio y el trato directo. En el certamen presentó un ajoblanco de coliflor con verduritas fermentadas, un plato que reflejó bien su forma de cocinar: producto cercano, mirada contemporánea y una sensibilidad especial para transformar ingredientes humildes en elaboraciones con profundidad.

El momento más emotivo

Uno de los momentos centrales de la jornada estuvo dedicado a Udane Eiros García y a su familia. Desde sus primeros días de vida, Udane tuvo que afrontar un camino especialmente complejo. El diagnóstico de síndrome de West, una enfermedad rara de origen neurológico, ha condicionado su desarrollo y ha requerido un seguimiento médico constante. La intervención de Silvia García, junto a Udane, fue uno de los momentos más emotivos del acto. Su testimonio puso palabras a una realidad difícil: la enfermedad de una hija, el desgaste emocional, la necesidad de apoyo y las barreras sociales, laborales y educativas que aparecen en el camino.

Su mensaje fue claro: los niños y niñas con necesidades especiales deben formar parte de la vida del pueblo, de sus colegios, de sus talleres, de sus colonias y de sus actividades. La inclusión necesita recursos, sensibilidad y acompañamiento real.

Desde Navarra y Hernani

El certamen continuó con Kabo, proyecto pamplonés liderado por Aarón Ortiz y Jaione Aizpurua. Su historia representa bien a una nueva generación de profesionales que ha decidido emprender desde la juventud, con ambición, técnica y una fuerte conexión con el territorio. Kabo nació a finales de 2019, en un momento complejo para la hostelería por todo lo que vino después, y ha sabido evolucionar hasta consolidar una propuesta más madura, libre y definida en la avenida Zaragoza de Pamplona.

Aaron Ortiz, del restaurante Kabo. Ochotres Espacio

El objetivo de Kabo, galardonado con una estella Michelin, es trasladar Navarra a la mesa. Lo hace a través de un menú degustación que combina producto navarro, influencias internacionales y una cocina técnica, precisa e intuitiva. Aarón Ortiz dirige la cocina con una notable capacidad para jugar con sabores y combinaciones, mientras Jaione Aizpurua aporta en sala una atención cercana, elegante y bien medida. En Ugao-Miraballes presentaron un ravioli de calabacín con calabacín cremoso, panceta de Maskarada y café, una elaboración que condensó producto, técnica y sensibilidad contemporánea.

Beñat San Sebastián, de Errioguarda Enea. Ochotres Espacio

Desde Hernani llegó Errioguarda Enea, representado por Beñat San Sebastián. El restaurante, reabierto el día de Santo Tomás de 2023 junto a Santiago Vázquez, recupera una casa con historia en la villa guipuzcoana. Durante décadas, Errioguarda fue un referente de cocina sabrosa y cercana, y en su nueva etapa ha traído una mirada renovada sin perder el vínculo con el producto y el entorno. Su cocina une producto local, técnica, fuego y respeto por la tradición culinaria. Trabaja con pescados de confianza, carnes del entorno, verduras de temporada, vinos actuales y sidras de la zona. En el certamen presentaron lengua, morro, oreja de cerdo y nabo, con una demi-glace de sus jugos y encurtidos; una propuesta muy ligada al oficio, al sabor y a una manera de cocinar sin complejos.

Los postres

Antes del cierre dulce, Bea Pascual presentó también un prepostre de arroz con leche de trigo local, fresas fermentadas y aceite de rúcula.

La última intervención gastronómica correspondió a Mina, restaurante bilbaíno con una Estrella Michelin y dos Soles Repsol, representado en esta ocasión por Irma Alonso. Mina ha sido durante años uno de los nombres clave de la gastronomía en Bizkaia. En su anterior ubicación, frente a la plaza de la Ribera, construyó una identidad propia alrededor del producto, la técnica, el sabor y una experiencia muy cuidada. Ahora vive una nueva etapa en el Hotel Ercilla de Bilbao, manteniendo la personalidad que Álvaro Garrido y Lara Martín han imprimido al proyecto desde sus inicios, de la cual llegó un hit de la casa, un sabayón de azúcar moscovado y cacao, una propuesta dulce que cerró la parte gastronómica con elegancia y profundidad.

Vinos y bodegas

El certamen contó también con la colaboración de bodegas y profesionales del vino. Los platos se maridaron con vinos de Luis Alegre, de la mano de Adrián López, y con la colaboración de Gorka García, de El Rincón del Vino, así como Israel Tavera, de la bodega de txakoli de Doniene Gorrondona.

La jornada dejó una imagen clara: cuando la gastronomía se pone al servicio de una causa, puede convertirse en una herramienta de ayuda, visibilidad y acompañamiento. En Ugao-Miraballes, la cocina volvió a demostrar que también puede reunir a un pueblo alrededor de lo importante.

La cocina y comedor de Ahantz. Ochotres Espacio

Ahantz, el aula-taller de Jon Gil en Ugao-Miraballes

Jon Gil acaba de abrir en Ugao-Miraballes Ahantz, un aula-taller gastronómica que nace de una idea muy clara: “Volver a cocinar con sentido”. El chef de Arrigorriaga, formado en la escuela de cocina de Galdakao y con pasos por Francia y casas de referencia como Boroa o Andra Mari, ha construido una trayectoria marcada por el oficio, la constancia y una sensibilidad especial hacia la cocina de raíz.

Desde que aterrizara con apenas diecisiete años en Bideko, donde puso al día el antiguo recetario de la casa, su crecimiento profesional ha sido notable. Ahora, con Ahantz, da forma a un espacio propio, íntimo y flexible, donde la gastronomía se une a la emoción, al producto y al valor del instante.

Jon Gil y Urtzi Merino. Ochotres Espacio

Ahantz no funciona como un restaurante convencional ni como un taller al uso. Es un espacio vivo, a medio camino entre laboratorio culinario, comedor privado y lugar de creación. Con un interiorismo diseñado por el prestigioso estudio de arquitectura BAT, tienen cabida experiencias gastronómicas bajo reserva, talleres temáticos, catas, sesiones de investigación y colaboraciones con productores, cocineros y artesanos, junto a su fiel compañero Urtzi Merino.

El nombre parte de ahantz, olvido en euskera, pero aquí el olvido no se entiende como pérdida, sino como una forma de dejar atrás el ruido, el exceso y la rutina para reencontrarse con lo esencial: el producto, el gesto, el silencio y la emoción.

Con este proyecto, Jon Gil refuerza y propone una manera de entender la cocina más pausada, cercana y honesta, en una experiencia efímera, cuidada y humana, donde cada encuentro sucede una sola vez.