Al PP le tiemblan las piernas: huele a leche en Castilla y León

Los columnistas conservadores, enfadados y resignados, se ponen la venda antes de tener la herida

11.02.2022 | 06:38
La propia prensa de la derecha pone en duda que el domingo por la noche Pablo Casado mantenga la sonrisa

¿Recuerdan al hoy acusado por sus empleadores de gandul Albert Rivera arrimando la nariz a un cachorrito y proclamando "Huele a leche"? Pues en esas anda el peperío mediático conforme el reloj descuenta horas para las elecciones del domingo en Castilla y León. "Canguelo", sintetiza Ignacio Camacho el sentimiento en el título de su columna en ABC. Lean el principio con la banda sonora de la escena de la ducha de Psicosis: "Nervios, nervios. Un mal cálculo de expectativas y una campaña errática han empujado al PP a un estado derrotista en el que, como otras veces, tiende a interiorizar el relato ajeno. Sus dirigentes están mirando los 'trackings' de intención de voto encogidos de miedo, de tal modo que su más que probable victoria la han asimilado ya como un retroceso. Han perdido la fe en Mañueco y van a llegar a las elecciones tan moralmente desfondados que ganarlas les va a parecer un fracaso".

Más enfadado, el también amanuense del vetusto Agustín Pery se revuelve contra el que considera culpable del batacazo en ciernes. "El problema eres tú, Pablo", le espeta en el encabezado antes de liarse a soltarle soplamocos dialécticos y terminar resoplando con resignación: "El PP cometió el mismo pecado que lleva adherido a su ADN como una rémora. No tiene agenda propia ni para plantear batalla. Con el charrán uno siempre tiene la sensación de que picotea donde no debe mucho más que donde puede. Un aletear por aletear para nada. Veremos el domingo".

"Pánico en el PP a 72 horas del 13-F: «Bajamos y Vox está muy disparado»", titula Jesús Ortega su crónica en Vozpópuli. Aunque no es una pieza de opinión, el autor deja su recadito: "Alguno creyó que se podía repetir lo del 4-M, pero ni Castilla y León es Madrid, ni Mañueco es Ayuso... y ni tan siquiera Francisco Igea es como Ignacio Aguado".

También en Vozpópuli, el siempre sobreactuado Miquel Giménez pide las sales mientras se cisca en los estrategas del PP: "Era tan evidente que con pasear a Pablo Casado entre ovejitas y jamones no había bastante! De la misma manera que es de parvulitos cargar contra Vox cuando el PP está condenado a entenderse con los de Abascal aquí, allí y más allá". Y así avanza el texto entre rasgados de vestiduras, hasta que al final Giménez da el do de pecho: "En este momento, en el que los ejércitos totalitarios están concentrándose en las fronteras de la vieja Europa con intenciones más que amenazadoras y sus agentes andan todo el día debilitando nuestra sociedad con matracas de unicornios rosas, el combate ideológico es la primera urgencia de cualquier demócrata. Ojalá ganen los anti comunistas, ojalá la libertad venza, ojalá la banda de Sánchez pierda piel y peso en estos comicios". Ya saben, un voto en Soria puede decidir la guerra de Ucrania.

Sin llegar a tanto, el director de El Debate, Bieto Rubido, también va por ahí. Lo del domingo no es solo para ver quién gobierna en Valladolid: "Estas son unas elecciones que algunos presentaban como algo más que unas autonómicas. En el cuartel general de Génova se quería ver esto como un nuevo capítulo para que Pablo Casado llegase a La Moncloa. Por tanto, en las urnas del domingo, además de la despoblación y las macrogranjas, también deberían pesar los entendimientos con ETA, el indulto a los golpistas catalanes, el maquillaje de la reforma laboral o el arreón fiscal con el que nos están amenazando. Aunque muchos dirán que eso no se examina, yo creo que sí".

"Se presiente una pifia de Casado en Castilla y León", mete el dedo en el ojo Ignacio Varela. Su columna de El Confidencial está llena de metáforas deportivas: "No forzó el PP las elecciones del 13-F para ganar por los pelos, sino para golear. No para salir de la plaza por la puerta de la enfermería, sino a hombros por la puerta grande. No para crearse un problema, sino una oportunidad. Se suponía que Castilla y León sería la primera etapa —o la segunda— de una sucesión de demarrajes electorales en territorios favorables, destinados a dejar a Sánchez derrengado antes de la contrarreloj final".

Le concedemos los honores del punto final a Francisco Marhuenda. El director de La Razón también aprieta las nalgas ante lo que pueda ocurrir pasado mañana. Ya no es que se ponga en lo peor, sino en lo peorcísimo: "Una alternativa de socialistas y comunistas, con el apoyo de las plataformas provinciales, sería muy negativa en todos los aspectos. El populismo y la demagogia no conducen a nada. Ninguna de las promesas electorales que hemos escuchado de los miembros del gobierno español se concretaría. El despilfarro, el radicalismo y la inexperiencia se instalarían en la Junta castellanoleonesa. No es un panorama tranquilizador". Tic, tac.

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