En Burlada, el Día de San Blas vuelve a ser sinónimo de encuentro, de trabajo compartido y de una tradición que se mantiene viva gracias a la Asociación de Mujeres del municipio. Hoy las rosquillas de San Blas, elaboradas por una multitud de voluntarias, vuelven a repartirse en la plaza entre la población tras las misa (19.30 horas) que se celebra en la iglesia de San Blas. Y lo hacen tras una intensa jornada de elaboración que tuvo lugar en la tarde ayer en el colegio Hilarión Eslava. Una cita ya plenamente asentada en el calendario local que, más allá del resultado final, se ha convertido en un espacio de convivencia y participación de la vida cultural del municipio.
La magia comenzó a suceder realmente ayer, cuando el colegio Hilarión Eslava se transformó en una cocina improvisada en la que no faltaron ni el trabajo ni el buen ambiente. Decenas de mujeres se organizaron en torno a mesas, fogones y cazuelas para dar forma a una receta que requiere tiempo, coordinación y el cariño de muchas manos. Para ello, se utilizaron 30 docenas de huevos, 50 kilos de harina de repostería, 14 kilos de azúcar, 90 litros de aceite de girasol, 30 cajas de levadura Armisén y 50 bolsas de plástico para su posterior reparto. A estos ingredientes se sumó, este año, una aportación especial: 18 botellas de anís Las Cadenas. Tras una excursión colectiva a su fábrica, la Asociación de Mujeres de Burlada quiso hacer un guiño al producto local y colaboraron con la casa de licor navarro, ubicado en Villava.
Además, Carrefour ha donado todos los ingredientes necesarios para la elaboración de las rosquillas, y desde la asociación se muestran muy agradecidas.
“Las rosquillas son importantes, pero lo que de verdad cuenta es todo lo que pasa alrededor”, explica la peraltesa Maria Luisa Orduña, una de las integrantes más veteranas del colectivo. “Aquí la gente viene a trabajar, sí, pero también a charlar, a verse, a sentirse de parte de algo común”, expresa Maria Luisa. En su opinión, ese es el verdadero valor de una actividad que se repite año tras año y que sigue convocando a mujeres de distintas edades, algunas con una larga trayectoria en la asociación y otras que se incorporan por primera vez, atraídas por un ambiente acogedor y participativo.
Pero detrás de cada bolsa hay también una historia colectiva que se ha ido construyendo con el paso del tiempo. “La Asociación de Mujeres de Burlada nació con una idea muy clara: que las mujeres dinamizamos la vida cultural del pueblo”, recuerda María Luisa. “Y desde el principio hemos intentado estar presentes, proponer actividades y participar en todo aquello que consideramos importante para el municipio”, dice la peraltesa.
A lo largo de los años, la asociación ha desarrollado una programación propia que incluye la elaboración y reparto de rosquillas, la organización de excursiones, charlas culturales y cursos de empoderamiento y autoestima, además de su participación activa en fechas especialmente significativas como el Día Internacional de las Mujeres, el 8 de marzo, o el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, el 25 de noviembre. “Son momentos que vivimos con mucha sensibilidad”, subraya María Luisa, que al igual que sus compañeras, considera que es fundamental dar protagonismo a las mujeres, visibilizar su papel y también denunciar situaciones que no pueden normalizarse.
En este sentido, la asociación ha tenido un papel destacado en los actos de visibilización de las víctimas de la violencia machista, con iniciativas como la colocación de carteles en los comercios, concentraciones públicas o acciones simbólicas de recuerdo y denuncia. En la edición de 2025, a propuesta del propio colectivo, se celebró una concentración junto a una piedra tallada con el logotipo contra la violencia, ubicada en el parque municipal desde 2018 bajo un ejemplar de cupressus cashmeriana, un árbol elegido por su simbolismo y su vinculación con la filosofía de las redes de mujeres. “La respuesta del pueblo ha sido siempre muy buena, y además cada vez participa más gente”, destaca María Luisa.
Esa acogida se percibe también en actividades como la elaboración de las rosquillas, donde la participación está muy consolidada y fidelizada. “Hay mujeres que llevan años viniendo y otras que se van sumando poco a poco”, explica. “Aquí no solo se aprende una receta, se aprende a trabajar juntas, a compartir y a sentirse parte de Burlada”, continúa. Una filosofía que se mantiene intacta y que convierte, un año más, una tradición culinaria en una herramienta de cohesión social.