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Intervenir para lograr la convivencia

Fundación La Caixa y Fundación Caja Navarra ponen en marcha una iniciativa para que jóvenes migrantes y autóctonos socialicen en espacios comunes

Intervenir para lograr la convivenciaFermín Pérez Nievas

Demostrado que la convivencia de autóctonos y migrantes no se produce de forma espontánea sino que es necesaria una intervención para promoverla y que se está dando una coexistencia y no una convivencia entre ambos colectivos al emplear los mismos escenarios sin interrelacionarse, la Fundación Caja Navarra y la Fundación La Caixa han decidido unir sus fuerzas para poner en marcha y promover proyectos que tengan como objetivos por un lado, abordar el reto de crear espacios de socialización en edades tempranas, y por otro, iniciar nuevos modelos de emprendimiento rural.

Para llevar y diseñar a cabo el primero de los objetivos, han elaborado un estudio, a través de la empresa Ágora, en tres localidades donde el porcentaje de migración es mucho más elevado que la media navarra (13%) y que son Castejón (28,5%), Fitero (27,7%) y Aoiz (22,3%). Este estudio ha desvelado varias conclusiones muy relevantes sobre lugares de socialización y principales problemas para convivir entre jóvenes de origen migrante y no migrante y que tienen su núcleo en la máxima de que “la mejora de la convivencia requiere de intervención activa” y que, además, perdure en el tiempo con recursos humanos constantes, ya que no surge “de manera espontánea”.

Si bien en los primeros años se vive con naturalidad “a partir de los 8-9 años se empiezan a producir dinámicas de separación que pueden acentuar situaciones iniciales en los que no hay convivencia”.

Conclusiones

Las conclusiones principales son que las plazas y parques de las localidades analizadas son usadas por autóctonos y migrantes si bien “la convivencia se da en paralelo y no es real”. En otro de los lugares principales donde la coexistencia se produce de forma obligada en las escuelas y por ello se considera el “primer espacio de socialización”, se ve que si bien en los primeros años se vive con naturalidad “a partir de los 8-9 años se empiezan a producir dinámicas de separación que pueden acentuar situaciones iniciales en los que no hay convivencia”. Quienes han llevado a cabo el estudio estiman que en estas edades se comienza a dar la separación por varios factores, “tienen que ver con las dinámicas sociales, se incorporan las tareas extraescolares, se llega a la adolescencia y eso entre la población femenina significa un cariz excesivamente protector dentro de la población musulmana, además de la influencia y la presión de los mensajes de la sociedad y lo que se ve en algunos medios”.

Este extremo se da con una peculiaridad en Aoiz, ya que hay que añadir el uso del euskera, aunque uno de los componentes de la firma Agora Eneko Larrarte, quiso destacar el trabajo que se está realizando en esta localidad, “el centro 0-3 de Aoiz ha realizado un trabajo espectacular de integración y lo saca y pone en práctica en la calle”. En Fitero se da otra pecualiridad como es que hay mucha población que proviene de la zona marroquí del Atlas entre los que hay un alto índice de analfabetismo por lo que los progenitores no pueden prestar ayudas escolar a sus hijos e hijas “cuando se empiezan a pedir determinados requisitos la distancia se empieza a agrandar”.

Otro de los ambientes en los que se ha analizado la convivencia es en el deportivo, y especialmente en los clubes de fútbol locales, una herramienta muy útil, “hay una participación mayor de jóvenes migrantes pero es cierto que se trata de un ámbito masculino y al faltar equipos femeninos este enfoque de cohesión social limita su potencial” en el ámbito del futbol juvenil. Asimismo, otro de los espacios que están sorprendiendo son las bibliotecas, que están siendo usadas por infancia y juventud y que “emergen como lugares de encuentro y socialización”. Por último, un espacio donde se evidencian las ausencias con las fiestas tradicionales, “frecuentadas por jóvenes de población autóctona pero donde no es normal que la población juvenil migrante participe de forma tan activa como la autóctona”, analizó Cristina del Estal de la Fundación La Caixa.

“Queremos que sean proyectos que aporten un grano de arena y que aborden la falta de socialización conjunta desde la infancia y la juventud en los tres municipios”

Líneas de acción

De esta forma entre las principales de acción propuestas se encuentran activar los patios escolares como espacios de convivencia re3forzar las bibliotecas como centros comunitarios, promover actividades deportivas inclusivas y con perspectiva de género, adaptar la programación cultural y festiva para favorecer la participación diversa e impulsar enfoques que conecten educación, cultura, deporte y tejido social. “Hay que promover dinámicas que favorezcan el conocimiento mutuo, la interacción y la construcción de una identidad común”, indicó del Estal.

Para llevarlo a cabo ambas fundaciones (Caja Navarra y La Caixa) han puesto en marcha la convocatoria (que acaba el 15 de mayo) de unas ayudas que ascienden a 150.000 euros para guiar, de la mano de la fundación Asoka, a un proyecto durante dos años, que esté impulsado por al menos tres entidades (asociaciones, clubs, colectivos, ayuntamientos) y que se prolonguen en el tiempo. “Queremos que sean proyectos que aporten un grano de arena y que aborden la falta de socialización conjunta desde la infancia y la juventud en los tres municipios”