El paraje natural de Sorogain ha vuelto a convertirse este sábado en escenario de una de las tradiciones ganaderas más singulares y arraigadas del Pirineo. Ganaderos y ganaderas de los valles de Erro/Erroibar y Baigorri, así como familias con niños y decenas de curiosos se reunieron para celebrar la tradicional Marca de Sorogain. Se trata de un rito que hunde sus raíces en el Tratado de Límites de Elizondo, firmado en agosto de 1785 entre los valles de Erro/Erroibar y Baztan con Baigorri, y que quedó ratificado posteriormente en el año 1856, en un acuerdo gracias al cual los pastos del valle de Erro/Erroibar y Baigorri pueden hacer uso desde primavera hasta el otoño de los pastos comunales de Sorogain.
En esta edición participaron 18 ganaderos y ganaderas de Erroibar, que introdujeron en los pastos 277 cabezas de ganado equino y 398 de vacuno, un número similar al del pasado año. A ellas se sumarán nuevas entradas en los próximos meses: en julio llegará más ganado “a media hierba” y en septiembre entrarán también las ovejas y cabras. Además, el próximo 23 de mayo será el turno de Urepel, donde se celebrará la tradicional marca con alrededor de 140 reses.
DOS LETRAS SELLADAS
Como marca la costumbre, el ganado del valle de Erro fue identificado con las letras “VE” (siglas de Valle de Erro) grabadas a fuego en el cuarto trasero derecho de las reses, un sello que permite distinguirlas de las procedentes del valle de Baigorri, que serán marcadas en el lado izquierdo con la letra “B”. “La marca no es para siempre; se les acaba quemando el pelo y, por lo general, para otoño ya se les quita. Yo por eso procuro hacerla suave, porque si la haces fuerte, se les queda más tiempo”, confesaba el alguacil del valle de Erro, Xabi Zía Urrutia.
Desde el año 2001, él es quien se encarga de sellar con fuego a las reses, y celebraba su vigesimoquinta marca destacando las condiciones favorables climatológicas. “Ha hecho buen tiempo en abril y ahora está lloviendo, así que muy bien para el ganado”, expresaba. Sin embargo, también resaltó que la campaña ha arrancado con menos cabezas de ganado equino de lo habitual. “Está siendo un año raro para las yeguas, no están pariendo y se están retrasando bastante, así que irán metiéndolas después, conforme vayan pariendo”, aseguró el alguacil.
La jornada dejó también una imagen cargada de simbolismo para la posteridad. Josetxo Lázcoz Urrutia, antiguo alguacil del valle de Erro, volvió a empuñar a sus 91 años el hierro candente con el que durante 21 años marcó el ganado del valle. Lejos de perder la destreza del oficio, marcó cuatro yeguas con una agilidad y precisión que sorprendieron a los presentes, como si el paso del tiempo permaneciera intacto en sus manos. “Siempre me ha gustado hacerlo. Si me dejan, intentaré marcar también en Urepel, pero me temo que ya va a ser la última vez, que ya tengo unos años”, decía sin perder el humor.
Al margen de su función ganadera, la Marca de Sorogain sigue representando un vínculo entre pastores y habitantes de ambos lados de la muga que se resisten a perder esa identidad ganadera que han preservado durante años sus antecesores. Así lo dejó patente el ambiente de cercanía y compañerismo que se vivió en el almuerzo de hermandad, celebrado en el recién abierto bar-restaurante de Sorogain, que demostró que estas costumbres son mucho más que un rito ganadero, son una forma de mantener vivo el patrimonio cultural del valle.