Tiempo de cerezas amargas

09.06.2021 | 01:00

En este tiempo de cerezas, que todavía marzea, tenemos a nuestras tres derechas muy airadas y desatando una guerra sin cuartel contra el Gobierno, con repetición incluso de la foto de Colón, ya sea a cuenta del conflicto con Marruecos o, más enconadamente, por el amagado y no consumado todavía plan para otorgar la gracia del indulto a los condenados por el procés catalán. Se detiene, por el momento, su campaña de odio visceral y en gran parte injustificado, contra Podemos, y especialmente sobre su fundador, Pablo Iglesias, que ha hecho mutis por el foro. Veremos cuánto dura esta tregua.

Esta iracundia es mayor ahora, si cabe, pues a raíz de su incuestionable triunfo en Madrid con su nueva lideresa, Díaz Ayuso, les parece evidente y urgente también su extrapolación a toda España, en unas elecciones exprés, en que supuestamente arrasarían. La tozudez del Gobierno en no darse por enterado les saca de quicio. Se ve que, a pesar de su defensa numantina de la Constitución, no se la han leído y tocan de oído y desafinando.

Siguen naturalmente, también, erre que erre en su negativa, violando la Constitución, a llegar a un acuerdo sobre la necesaria renovación del Consejo General del Poder Judicial. Antes la causa era Pablo Iglesias, ahora son los indultos y después será, quizás, la eliminación del Real Madrid de la Champions. En suma, una actitud inconstitucional y tramposa, además, pues el mantenimiento de la composición del Consejo, tal como está, supone una usurpación de poder en contra de la actual mayoría en el Congreso.

La razón de fondo de tanta histeria y ruido, por parte de la oposición de derecha, no es otra, a mi juicio, que su alarma ante dos acontecimientos que parecen muy probables y que pueden resultar para la derecha letales, como obstáculo a sus ansias ya irrefrenables de manejar el cotarro político, para el que sienten tener una especie de derecho natural o incluso divino.

Esos acontecimientos futuros bastante probables son: por una parte, la extensión de la inmunización colectiva contra el coronavirus a través de la inoculación de las diferentes vacunas, que al ritmo actual hacen prever a corto plazo una feliz liberación de la población del riesgo del contagio que nos ha tenido atenazados durante casi año y medio. La vuelta a la normalidad con sus consiguientes efectos económicos beneficiosos sería el resultado.

Por otra parte, se registraría la llegada, a partir del próximo otoño, de los primeros plazos de las ayudas europeas, de las que más de la mitad son donaciones, condicionadas, eso sí, a una eficaz utilización por los países respectivos. España es, después de Italia, el Estado europeo más beneficiado por estos fondos, que durante varios años suministrarán a España recursos extraordinarios para su desarrollo económico y modernización.

La conjunción de estos dos fenómenos no cabe duda que habrán de producir un claro clima de optimismo en la ciudadanía, tan azotada en esta pandemia, y aquí viene el temor de nuestra derecha. El Gobierno actual de coalición sacará pecho entonces, y a nada que sepa jugar sus cartas, pretenderá atribuirse el éxito de la recuperación, con previsibles ganancias electorales.

Esto es lo que preocupa fundamentalmente a la derecha, que se verá forzada a demorar ad calendas grecas sus ansias de recobrar el poder. Tal es el pánico que invade a sus más destacados dirigentes, y por eso van a utilizar ahora, y a lo largo de los dos años que faltan de la legislatura, toda clase de medios partidistas para hacer descarrilar la coalición actual de gobierno.

Que va a registrarse una vigorosa recuperación económica lo auguran todos los medios y reputados expertos tanto nacionales como extranjeros. Este mismo año, en el segundo semestre, se mostrará ya un crecimiento notable, y para el 2022 se pronostica su aceleración.

Según este consenso la izquierda va a dirigir el país durante la llegada de las vacas gordas, a diferencia de lo ocurrido en la Gran Recesión de 2008-10, en que fue la izquierda la que tuvo que tragarse el marrón del derrumbe económico, provocado en gran parte por un fenómeno mundial de desmadre del capitalismo financiero, y que tuvo en España connotaciones especialmente graves por la explosión de la burbuja inmobiliaria, creada al amparo de sucesivos gobiernos de distinto signo.

La recuperación mundial subsiguiente y sus réditos electorales aprovecharon generosamente a la derecha, que detentó el poder desde el 2011 al 2018, hasta que fue expulsada del mismo por sus reiteradas y graves prácticas corruptas. Ha habido a lo largo de nuestra historia recientes coincidencias desgraciadas para la izquierda, pues no podemos olvidar también la importancia que tuvo en el devenir de nuestra Segunda República su contemporaneidad con los coletazos de la Gran Depresión de 1929.

Que la recuperación económica llegará en los dos próximos años parece indubitada, y contra ella nuestra derecha, que sería la primera beneficiada, poco podría hacer. Ahora bien, la situación no es tan clara en lo que respecta a la llegada benéfica de los 140.000 millones de euros de fondos europeos. No sería la primera vez que esta derecha, tan patriótica ella, pusiese palos en la rueda en Bruselas para endurecer o incluso desacreditar los proyectos del Gobierno español para el efectivo desembolso de las ayudas.

Aquí puede ser oportuno recordar la actitud de la derecha durante la Gran Recesión, cuando tanto desde Bruselas como incluso por líderes mundiales, como Barack Obama, se conminó en 2010 a España, entonces dirigida por Zapatero, a que tomara drásticas medidas de congelación de pensiones y salarios públicos, entre otras, para evitar la quiebra de nuestra Hacienda. Su cumplimiento inmediato por el Gobierno supuso un golpe mortal para el PSOE en el poder, encontrándose entonces con la negativa rotunda del PP a cooperar con el Gobierno en esta emergencia nacional, dejando que éste tuviera que asumir toda la responsabilidad electoral, con los resultados conocidos.

Es un fiel reflejo de esta actitud insolidaria con los intereses de España la ya conocida conversación al respecto entre una diputada en el Congreso por Canarias y el responsable económico del PP, que cuando aquella toda alarmada le comentó que España se hundía si no se tomaban las estrictas medidas de austeridad recomendadas por los dirigentes mundiales, contestó con cinismo: "no importa que se hunda, ya la levantaremos nosotros cuando tomemos el poder".

Es por evitar a todo trance que la recuperación económica pronosticada y consiguientes réditos electorales sean anotados en esta ocasión en el haber de la izquierda, por lo que la derecha está dispuesta a todo, incluso yendo contra los intereses de España, si se tercia. La batalla va a ser atroz, pero el Gobierno no debe acobardarse por el estruendo mediático-político y seguir adelante ahora, entre otros, con su proyecto de unos indultos necesarios para intentar encarrilar el tema catalán, haciéndolo además cuanto antes y lo más alejado posible de fechas electorales. Esperemos...

Van a utilizar ahora, y a lo largo de los dos años que faltan de la legislatura, toda clase de medios partidistas para hacer descarrilar la coalición actual de gobierno

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