¿Cómo hemos llegado aquí?
Lisci ha sembrado muchas dudas entre el osasunismo, tanto en el plano de las decisiones tomadas durante el partido como en su manera de manejar la derrota
La pregunta es directa: ¿cómo hemos llegado aquí? La respuesta más sencilla apunta a las cuatro derrotas consecutivas sufridas en las últimas jornadas, a la incapacidad de sumar un solo punto para evitar los líos. El seguro cobijo de los 42 puntos, que aún puede ser suficiente, es ahora una casa de papel (mojado) que dentro de una semana no podrá acoger a Osasuna, Levante y Elche: uno de los tres será desalojado y quedará a la intemperie de una tormenta de críticas ácidas y análisis a punta de navaja. Y los que se salven, también.
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Pero, este desenlace inesperado, ¿es solo la consecuencia de esta mala racha o viene de atrás? El osasunismo ya estaba dividido entre los de la botella medio vacía y los de la botella medio llena; no eran pocos los que antes de esta caída en picado veían la sombra del descenso acechando a Osasuna. Son en su mayoría aficionados que ponían en tela de juicio los métodos del entrenador (que el mismo plan del Mirandés no servía para su nueva plantilla, sostenían) y que han señalado el bajo rendimiento que, en su opinión, han dado futbolistas como Torró, un Aimar lastrado por las patadas del rival y las lesiones, y, puntualmente, jugadores como Catena y Sergio Herrera. Sobre esto no me voy a extender: esos cuatro han sujetado al equipo en múltiples ocasiones, pero el fútbol da y te quita.
Igual que Budimir, que ha marcado una sola vez en los seis últimos encuentros, y en los dos más recientes, ante Atlético de Madrid y Espanyol, no ha acertado en situaciones que ya se celebraban como gol. Es raro, pero así ha sido. Más, ¿nos volvimos locos pensando en Europa? Esa opción estaba al alcance de la mano hasta ayer mismo. Un equipo incatalogable como el Valencia de este curso, ha pasado en dos partidos de sentir el agobio del descenso a soñar con la Conference. Osasuna es el fiel exponente de una Liga que esta temporada ha caminado entre el equilibrio y la mediocridad. Poner el objetivo en Europa siempre es un estímulo en el largo camino de la permanencia. Esto me lleva a otra cuestión: ¿se ha relajado el equipo creyéndose prematuramente a salvo? Yo creo que no. Osasuna realizó un excelente partido ante el Barcelona, sacó carácter ante el Atlético de Madrid y ayer sometió al Espanyol en la segunda parte. Un repaso de los remates a puerta y de ocasiones de gol fabricadas apoyan el argumento de que el equipo mereció más.
Lo ocurrido en el campo del Levante tras adelantarse 0-2 entra en el terreno de la parapsicología. Osasuna no se ha echado a dormir, otras cosa es que el entrenador y los jugadores hayan acertado en lo que requería cada partido y cada rival. ¿Por qué? Aquí el papel del técnico es fundamental. Durante la temporada ha sido difícil ver en el césped la misma manera de encarar a un adversario. Unos días el italiano apostaba por la posesión, otra por el juego en avalancha, cerraba con cinco o con cuatro. Entiendo esa versatilidad como algo positivo, como herramientas de las que echar mano según vengan las circunstancias, pero más allá de los clásicos centros laterales o las jugadas a balón parado, nadie podía decir que sabía cómo se iba a comportar el equipo desde el inicio.
Lisci, como hizo Vicente Moreno, ha movido poco su alineación favorita, en la que siempre ha habido nueve fijos y su valoración de la plantilla no contemplaba ni la meritocracia ni el label de la cantera. Así, Herrando e Iker Muñoz han aparecido cuando ha habido grietas en el equipo; a Osambela le han confundido haciéndole creer que es defensa central: Arguibide hacía más falta en el Promesas que en el banquillo: y el entrenador se dio cuenta muy avanzada la temporada que Barja podía cambiarle la cara a un partido en los veinte últimos minutos.
Lisci ha sembrado muchas dudas entre el osasunismo, tanto en el plano de las decisiones tomadas durante el partido como en su manera de manejar la derrota. El repetir que “yo soy el culpable de todo” como única explicación a este momento tan delicado no ayuda a empatizar con él. En fin ¿llevará todo esto a Osasuna a Segunda División? Espero que no; en todo caso, debe provocar una profunda reflexión entre la dirección deportiva y el cuerpo técnico sobre el estilo de juego, perfiles de futbolistas y el espacio de los canteranos. Y ahora, a hacer números.
