¿Qué es mejor desayunar: dulce o salado?
El desayuno sigue generando debate entre los nutricionistas, pero todos coinciden en algo: la clave no está tanto en si es dulce o salado, sino en que sea equilibrado y nutritivo. Elegir adecuadamente alimentos de calidad, limitar el azúcar y evitar el abuso de edulcorantes puede marcar la diferencia para empezar el día con energía y mantener la saciedad
Elegir entre un desayuno dulce o salado no es tanto una cuestión de gustos como de equilibrio nutricional. Las opciones saladas, que incluyen proteínas de calidad y grasas saludables, ayudan a mantener estables los niveles de saciedad, evitando picos de azúcar y el cansancio a media mañana. Los desayunos dulces, por su parte, pueden formar parte de una dieta saludable si se basan en alimentos naturales, como fruta o cereales integrales.
El desayuno es una de las comidas que más debate despierta dentro del sector de los nutricionistas. Algunos son fervientes defensores de que es la comida más importante del día, y otros simplemente defienden que no es así. Más allá de debates, todos los expertos coinciden en que un buen desayuno debería aportar energía, saciedad y nutrientes clave para empezar el día con energía y fuerza suficiente.
Dos motivos para apostar por el pan integral y otras curiosidades nutricionales
Además, incluyendo alimentos con texturas variadas y que sean saciantes (como frutos secos o pan integral) ayuda a que nos llenemos antes y evitemos el picoteo innecesario de la mañana.
Desayunos saludables
Una de las mejores opciones según los especialistas esel clásico pan integral con aguacate y huevo.Este plato no aporta fibra, grasas saludables, proteína y nos mantiene saciados durante horas. Si lo acompañamos con un café o una infusión sin azúcar y algo de fruta, es un desayuno muy completo.
Otro desayuno sano para incluir en nuestra dieta es el yogur natural o bien el kéfir con avena, frutos secos y fruta. Este desayuno favorece nuestra salud digestiva gracias a los probióticos del kéfir, a su buen aporte de calcio, fibra y antioxidantes, y a que se puede adaptar fácilmente a todos los gustos.
¿Azúcar o sacarina?
La sacarina es uno de los edulcorantes más utilizados, ya que no aporta calorías y no eleva los niveles de glucosa en sangre, lo que la convierte en una opción ideal para personas que desean controlar el peso o tienen diabetes. Sin embargo, también presenta inconvenientes, como su sabor residual ligeramente amargo y el hecho de que no ayuda a educar el paladar hacia sabores menos dulces.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), aconseja que el consumo diario de azúcar no supere el 5% de la ingesta calórica total de un adulto sano. Hablamos aproximadamente de 25 g de azúcar, unas 5 o 6 cucharaditas de las del café.
La importancia de hacer caso a esta recomendación reside en que la ingesta de azúcares se relaciona con una dieta de mala calidad que, aumenta el riesgo de obesidad y de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, hipercolesterolemia o dislipemia.
Un primer efecto secundario de la sacarina es que los edulcorantes aportan un sabor mucho más dulce que el azúcar, alterando la percepción del gusto y nuestras preferencias alimentarias, porque cuando comemos alimentos dulces como la fruta y algunas hortalizas, no somos capaces de percibir ese dulzor y terminamos desplazando el consumo de estos alimentos que tan beneficiosos son para nuestra salud.
Los expertos nutricionistas defienden que ni el azúcar ni los edulcorantes son necesarios para nuestro organismo y, por lo tanto, lo ideal sería prescindir de ellos. El cerebro no necesita azúcar, necesita la glucosa que se encuentra en alimentos básicos como frutas, pan integral, hortalizas o legumbres.
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