Un vecino de Tudela de 32 años, con múltiples antecedentes penales y con un importante historial psiquiátrico, pues tiene reconocido el padecimiento del síndrome Gilles de la Tourette, un trastorno neurológico asociado a tics motores, además de un trastorno disocial de personalidad y un trastorno de adaptación, es el detenido que denunció el trato degradante en la comisaría de la Policía Foral en Tudela. Este hombre, que llegó al juicio esposado ya que se encuentra en prisión provisional por una agresión y amenazas en el ámbito familiar, aseguró que el día en el que fue golpeado en los calabozos "me sentí humillado".

Su testimonio, al comienzo del juicio celebrado este lunes en la Sección Segunda de la Audiencia y en el que piden 4 años de prisión y de inhabilitación para tres policías forales, ha comenzado recordando que a primera hora de la mañana de aquel 12 de febrero de 2025 él se encontraba arrestado por unas amenazas el día anterior a una sanitaria, además de imputarle desórdenes públicos y desobediencia. Le habían reseñado e iban a ponerle en libertad tras entrevistarse con su abogada de oficio. "Recuerdo que entraron al calabozo varios policías arrebatados de genio. Estaba indefenso, sin posibilidad de defenderme y además colaborativo". Aunque afirmó que antes del episodio no les estaba llamando a los agentes, lo cierto es que las imágenes de la cámara que graba la celda en la comisaría muestra que el joven está tocando recurrentemente la puerta del calabozo, con la mano abierta y de manera suave. Como unos pequeños toques.

El vídeo, que se ha reproducido en la vista oral, no tiene sonido de audio y por tanto no se escucha si el detenido decía algo, lo que sí se aprecia es que no estaba ni gritando, ni haciendo demasiados aspavientos. "Fue entonces cuando entraron, me dieron varios puñetazos, me tiraron al suelo y me dejaron esposado a la espalda. No les insulté, yo estaba dentro del calabozo, ya me habían cacheado... Me imagino que me pegaron porque les caigo mal, soy un habitual y otra cosa no me lo imagino".

El arrestado había sido trasladado al hospital la noche anterior para que se calmara, porque sí había estado bastante alterado en el momento de ser detenido. Había protagonizado el día anterior abundantes gestos obscenos, se desnudó en la celda y se comportó muy alterado. Pero en el hospital le dieron un tranquilizante, durmió toda la noche y por la mañana cuando ocurre la agresión, se le observa bastante calmado. El denunciante afirmó que fue "un agente en el que entró envalentonado y me agredió. El más cebado de todos era uno, pero había varios que estaban ahí y no recibí ninguna ayuda. En principio no me hicieron sospechar nada porque estaba colaborador y no me esperaba la agresión. Le llegué a decir que tenía una fractura craneal y que tuviera cuidado porque me podía matar".