MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN NACE

Iñaki Zubizarreta: “Me da rabia que no se cuenten todos los casos de acoso escolar que hay y que la Iglesia no destape a todos sus monstruos”

Dentro del robusto cuerpo de más de dos metros de Iñaki Zubizarreta se esconde un gran corazón que se rompe cuando recuerda casos de abusos a menores que conoce

08.02.2020 | 19:23
Iñaki Zubizarreta. Fotografía de José Mari Martínez

Bilbao - No tiene pelos en la lengua y mucho que ganar cuando alza la voz para denunciar que todos los días hay menores que sufren algún tipo de acoso en el entorno escolar. "Es más fácil taparlo que actuar para frenarlo", lanza con contundencia el exjugador de baloncesto Iñaki Zubizarreta. Él sabe de lo que habla. Con 12 años medía 1,82 y por eso, el resto de alumnos de su clase comenzaron a reírse de él hasta convertirse en un acoso físico y psicológico inaguantable. Zubizarreta a punto estuvo de quitarse la vida, pero no lo hizo, y trató de superarlo, lo que le supuso una paliza y permanecer en coma dos días. Forma parte de la asociación Nace contra el acoso escolar y ofrece charlas por diferentes centros escolares.

Unicef destapa datos escalofriantes. En el Estado español al menos dos menores sufren acoso en cada clase. ¿Somos conscientes de ello?

-No (contundente). Siempre hay quien se encarga de justificar, que no investiga, que lo tapan, que miran a otro lado. Cuando ocurre un caso y preguntas la respuesta es: "Mi hijo o mi hija no ha sido". Lejos de erradicarlo, cada vez hay más.

Y por lo tanto no se pone remedio.

-No. No es una broma y hay que ponerle nombre para empezar a actuar. Es un problema social brutal al que no se está dando la importancia que requiere. Los casos son escalofriantes y las historias se repiten.

Iñaki conoce esa realidad en primera persona.

-Así es. Yo soy uno de los millones de niños que ha sufrido acoso escolar. Fue hace treinta años. Lo pasé mal pero pude superarlo. Fui al acantilado de La Galea para quitarme la vida, pero... no sé lo que me frenó. Desde hace unos cuantos años colaboro de manera activa con una asociación que se llama Nace y que trabaja en contra del acoso escolar.

Los patrones se repiten y el sufrimiento hace mella.

-No sabes de qué manera. Ahora existe el ciberacoso a través de Internet y de las redes sociales. No importa las formas, pero los patrones se repiten y te hunden igual la autoestima. Sufres, quedas marcado... y en el peor de los casos esa desesperación lleva a esos chicos y chicas a tomar decisiones drásticas. Es un drama. Familias rotas...

¿Por qué se metían con usted?

-Por mi estatura. Con 12 años medía 1,82 metros. Era un niño con un cuerpo de adulto. El padre de un alumno me puso el apodo de Jacobo, cuanto más grande más bobo... Todo empezó como una broma, pero caló. Se convirtió en una pesadilla para mí. Insultos, mensajes, vejaciones. "No vales para nada", "hueles mal", "eres tonto", "no sé qué haces aquí", "suicídate"... Así todos los días.

Y tocó fondo.

-Sí. Un día me cogieron entre un grupo de chavales y me llevaron al baño. Uno de ellos cagó en el retrete y la broma que me hicieron fue la de meterme la cabeza dentro hasta que la mierda me entró en la boca.

Impresionante.

-Pues así fue y este tipo de situaciones suceden. Ese día intenté quitarme la vida, pero me aferré a ella y me prometí que jamás iba a dejar humillarme por nadie. Hasta hoy.

Pero por poco le cuesta la vida.

-Me enfrenté y me dieron tal paliza que cuando llegué a casa, caí redondo. Desperté dos días más tarde en el hospital. Mis padres me cambiaron de centro y los problemas acabaron.

Cuéntenos algún caso.

-El pasado año un niño en Palencia se suicidó porque no podía volver a repetir lo que había sufrido en el curso anterior. Lo mismo que el chaval en Donostia en las navidades del año pasado que se suicidó por que su condición sexual era diferente y estaba machacado... Y todas las que pasan y no se cuentan...

Ocupa la mayoría de su tiempo en su actual profesión de fisioterapeuta y dedica el poco que le queda libre a ayudar a los menores. ¿Por qué?

-Llevo muchos años apartado de las canchas, algo así como 18 años, pero creo que fui de los primeros que conté lo que me pasó siendo un crío. El acoso escolar no es un juego de niños y yo puedo decir que gracias al deporte no me lancé aquel día por el acantilado de La Galea. Tuve las herramientas, pero hay muchos jóvenes que no las tienen. Por eso intento aportar mi experiencia para ayudar a quien está sufriendo situaciones de este tipo en el entorno escolar.

Ofrece charlas en centros y en colegios.

-Así es. Son varios los chavales que se han acercado y me han reconocido que gracias a mis aportaciones no se han suicidado. Los recientes mensajes que he recibido de padres es para ponerte los pelos de punta.

¿Por ejemplo?

-Que un niño o niña te diga que gracias a mi ayuda no se ha quitado la vida eso no tiene precio. Solo por eso no me puedo callar y no me van a callar. No me voy a quedar de brazos cruzados.

Hasta que no ocurre algo grave...

-La pregunta es: ¿Qué suceso más grave de lo que ha pasado tiene que pasar? No lo entiendo, no lo entiendo... Y otra cosa, los padres y los niños deben tener claro cuál es la diferencia entre denunciar y chivar, y no lo saben.

La responsabilidad de parar esta lacra es de todos, ¿no?

-Por supuesto. Tiene la misma responsabilidad quien ve lo que está pasando y se calla que quienes lo están haciendo. Hay que enseñar a comunicar, a denunciar, a contar lo que no está bien. Hay que enseñar a los chicos y chicas a denunciarlo. Porque, imagínate que es tu hijo o hija el acosador. Vamos a llamar a las cosas por su nombre y dejarnos de populismos. Es un tema social y es ahí cuando se heredan comportamientos que derivan en situaciones de maltrato cuando son adultos.

¿Contarlo y hablarlo ayuda?

-Lo peor que se puede hacer es callar. Lo que mejor define esta problemática es que es un monstruo con cara de niño. Hay muchas cosas que cambiar. Una cosa que no entiendo es por qué es el acosado quien al final tiene que irse del centro o es quien termina en el psicólogo. Lo que consiguen es cagarla, una y otra vez.

Hay que ser valiente para contarlo.

-Ahí es clave la familia. ¿Qué tipo de relaciones familiares se tejen hoy en día cuando los chavales están todo el día enganchados al teléfono móvil? La mejor herencia que pueden dejar los padres a sus hijos es el tiempo y no se está haciendo.

¿Usted tuvo apoyo por parte del colegio?

-Sí, (ríe) el colegio me invitó a marcharme del centro. Decían que eran cosas de chavales y que tenía que hacerme fuerte. Nunca he vuelto a tener problemas, pero también digo que jamás he puesto la otra mejilla y cuando he visto a alguien que estaba pasándose, le he parado de raíz.

¿Lo que vivió le hizo más fuerte?

-Eso fue una etapa que viví, pero durante toda mi vida mi única opción ha sido ser fuerte. Pero no solo me ha hecho fuerte, sino que me ha servido para empatizar con los chavales.

¿Cómo está viviendo el caso de los abusos sexuales en Salesianos?

-¡Con la Iglesia hemos topado! Que salgan los obispos diciendo que el abuso de los curas no ha sido para tanto... y que la Iglesia tenga todavía tanto poder...

Este tipo de noticias no pueden dejar indiferente a nadie.

-Prefiero no contestar lo que les haría. A ver si con un tío de dos metros y ciento cuarenta y tantos kilos se iban a meter. Me dan auténtico asco. Una persona, sea o no religioso, que pueda hacer este tipo de abusos a menores... Esos no son personas, son monstruos. Me da rabia que no se cuenten todos los casos de acoso escolar y que la Iglesia no destape a todos sus monstruos. Pero eso sí hablamos en nombre de Dios y pedimos perdón. ¡Venga! Me gusta mucho la gente que dice lo que piensa y me gusta más quien hace lo que predica. Y estos están muy lejos entre lo que predican y hacen. ¿Sabes lo que me crispa mucho?

Dígame.

-Todas esas campañas vacías, estériles que se sacan solo para callar bocas. El populismo no sirve para nada. Día de la Mujer, Día del Acoso, Día de... No valen para nada. Hay que actuar y coger el problema desde la base.

Ha conocido infinidad de casos, pero hay alguno que le ha impactado más.

-Hay muchos pero por recordar uno reciente el de un chaval de Cádiz de 16 años que intentó suicidarse... (silencio).

Tranquilo.

-Uf, me revuelvo entero. (Prosigue). Se intentó suicidar tomando pastillas y ha quedado en estado vegetativo para siempre. Me parece brutal. El chaval está vivo. ¡Ojalá hubiera muerto! Es un verdadero drama.

Familiares le han dado las gracias por haber ayudado a sus hijos. Eso es gratificante, ¿no?

-Por supuesto. Los padres y los propios chavales se han acercado para darme las gracias. Hace unos meses me pasó con una chavala de Bizkaia que después de una de mis charlas se acercó y me contó lo que estaba sufriendo. Y me dijo que no podía más y que había pensado en suicidarse. Pude contactar con sus padres y el tema se pudo solucionar a tiempo. A día de hoy la cría está increíblemente bien. Tengo relación con su familia. Pero hay tantos por ayudar. Hay muchos más y no me puedo callar.

¿Ha vuelto a coincidir con alguno de aquellos chavales que le hicieron la vida imposible?

-No me acuerdo de ellos. No tengo tiempo que perder. Paso de la gente que no me va a aportar nada positivo en mi vida.

¿Iñaki lo ha superado?

-He estado mucho tiempo anclado en la herida, la rabia, la venganza. No tenía otro objetivo en mi vida que machacarles, tanto a ellos como a la profesora. No merece la pena.

Le hacia más daño.

-El que se estaba hundiendo era yo. Me he dado cuenta de que he perdido muchas cosas en mi vida porque no era capaz de disfrutar de lo que realmente tenía.