Durante un puñado de kilómetros, Van Aert regresó a sus orígenes y Van der Poel le acompañó el viaje en el tiempo entre los adoquine de A través de Flandes y sus cotas. Fueron los que fueron, pero no lo que son.

El belga, castigado por las lesiones derivadas de crueles caídas, trata de recomponer su estatus. En ese arco temporal, Van der Poel se ha convertido en un tirano de las grandes clásicas.

En A Través de Flandes, la carrera belga heredera de la Gante-Wevelgem, compartieron destino y sidecar. Su rivalidad de nuevo en el punto álgido.

En el Kemmelberg (0.8km al 9.7 %) entraron en escena dos de los gigantes del pelotón, los candidatos, para protagonizar el duelo más esperado. Arrancó Van Aert en los adoquines, le siguió Van der Poel.

Se entendieron a relevos. En realidad no necesitaban hablar porque se conocen desde que eran unos muchachos. Los dos rodaron con entusiasmo.

Sobre todo, Van Aert. Van der Poel corría con red de seguridad porque Philipsen podía sostener la apuesta del equipo en el esprint.

Además, el pelotón se conjuró para romper el entente entre Van der Poel y Van Aert. Alec Segaert surgió desde ese bosque en una apuesta tardía.

Logró encolarse al dúo con entusiasmo. Mientras el trío rodaba con la angustia de la persecución encima, se aceleró el Ineos, con Ganna derrochando energía para suturarlo todo de cara al esprint.

Philipsen no perdona

Fue cuando surgió el instinto rematador de Jasper Philipsen, reciente vencedor de la Nokere Koerse, que encontró la clásica que perseguía para sumar su victoria número 60.

El belga pudo con Tobias Andresen, que fue el primero en desenfundar, y Christophe Laporte en un esprint que lanzó desde la proximidad a las vallas.

“Llevo mucho tiempo queriendo ganar esta carrera, pero nunca había tenido buenas sensaciones ni había logrado colocarme en posición de ganar en la recta final. Fue una apuesta arriesgada, todo o nada. Teníamos a Mathieu en cabeza lo cual era ideal para nosotros. Me mantuve muy tranquilo y lo logré”, analizó Philipsen, que acabó con el duelo de Van Aert y Van der Poel.

"La cooperación con Mathieu fue buena, pero él tuvo la ventaja de que Philipsen estuviera en el pelotón, así que pudo rodar de forma más defensiva al final. Eso me perjudicó y marcó la diferencia”, argumentó Van Aert para resumir la clásica. Philipsen se cuela entre Van Aert y Van der Poel.