Raúl de la Fuente y Amaia Remírez

“Ha habido momentos de pesadilla, pero al final hemos hecho la película que soñábamos hacer”

Raúl de la Fuente y Amaia Remírez director, productora y guionistas de ‘Un día más con vida’

07.02.2020 | 07:00
Raúl de la Fuente y Amaia Remírez, en Unciti.

PAMPLONA. Quedan unos días para el pase en el Zinemaldia y unas semanas para el estreno, ¿cómo se viven estos momentos después de un proceso de trabajo tan largo?

AMAIA REMÍREZ -Yo lo estoy viviendo con mucho trabajo, pero a la vez, según se acerca la fecha del estreno, con una sensación creciente de seguridad, de convencimiento en la obra que ha quedado y de cada vez mayor tranquilidad por la recepción que está teniendo entre el público internacional que la ha podido ver; los distribuidores internacionales que han querido comprarla; el recorrido en festivales, que está yendo muy bien, y la prensa española que la está viendo ahora.

RAÚL DE LA FUENTE -Yo tengo la sensación de haber cumplido un sueño después de haber pasado por épocas de pesadilla. Y más aún cuando ves cómo en el pase que hicimos en Lisboa el día de mi cumpleaños, el 23 de abril, para los protagonistas les encantó. En Cannes también la vieron la hija de Kapuscinski y su viuda les encantó. Hemos hecho la película, nos gusta y encima Amaia y yo, que somos pareja profesional y personal, seguimos juntos y felices.

¿Cuál era esa película que soñaban?

R.D.F. -Queríamos transportar al espectador de copiloto al corazón de las tinieblas junto a Kapuscinski y mostrar la guerra a través de la mirada del maestro. Y también de su poesía. Hoy (por el martes) estaba editando el tráiler final y he visto que sí, que era la película que queríamos hacer, así que siento mucha ilusión, tranquilidad y, de momento, pocos nervios.

Estar en Donostia es como mostrar la película en casa.

A.R. -Yo creo que me voy a poner tres veces más nerviosa que cuando fuimos a Cannes a la Sección Oficial.

R.D.F. -En Cannes estuvimos tranquilos y disfrutamos y en Donostia queremos hacer lo mismo. Para nosotros será como una gran celebración artística. La gente que nos conoce sabe cuánto nos ha costado sacar adelante la película, así que será una fiesta junto a los amigos, la familia, toda la gente que ha colaborado, los socios y, por supuesto, el público.

La idea nació hace diez años, en unas vacaciones en Menorca. ¿Por qué este libro de Kapuscinski?

R.D.F. -Fue un flechazo. Recuerdo que estábamos los dos en la playa leyendo, empezamos a hablar de Kapuscinski y enseguida vimos que tenía que ser Un día más con vida. La idea de que la gente le conociera a través de un documental con las voces de personas que tuvieron contacto con él era muy atractiva, pero creíamos que había que ir más allá. Yo siempre que leía sus libros veía películas, a todas sus historias les ponía imagen y sonido. Y Amaia también.

¿Estuvo clara desde el principio la idea de combinar imagen real con animación?

A.R. -Optamos por la animación porque nos posibilitaba dos cosas. Una, que el espectador se metiera en la mente de Kapuscinski, de ahí las secuencias más surrealistas de la película. Y dos, por las posibilidades que nos daba. Además, la animación también vino dada por párrafos del libro que para nosotros eran como secuencias metafóricas, como cuando los portugueses se van de Angola y él habla de esa ciudad de madera.

R.D.F. -Kapuscinski decía que el sentido de la vida era cruzar fronteras y no solo físicas, sino también culturales y, en nuestro caso, creativas. Nos apetecía contar su experiencia en Angola de una manera diferente, no sé si desde un género nuevo, pero sí a través de un proyecto al que dedicarle tiempo y vida.

En efecto, le han dedicado tiempo y vida, en la práctica más de siete años, ¿cómo se hace para mantener vivo un proyecto durante tanto tiempo?

R.D.F. -Nunca pensamos en que iba a ser tanto tiempo. La ilusión inicial siempre es muy naíf, no sabes todo lo que va a venir. Ha sido un proceso muy largo, muchos años de trabajo... Pero creo que los problemas han venido siempre del lado de la producción, por la dimensión tan grande que ha ido adquiriendo la película, por la financiación, la coproducción, la cantidad de socios opinando. A pesar de eso, nunca he pensado "por qué me habré metido en esto" y nunca he tenido un mal pensamiento hacia la historia en sí misma. Ha habido momentos duros, pero Kapuscinski nunca se ha manchado por las partes oscuras del proceso; siempre ha estado ahí, en lo alto, seguro que riéndose de nosotros.

A.R. -Lo que nos ha permitido mantener viva la ilusión es que el deseo de hacer la película fue desde el principio muy de corazón. No fue una idea premeditada de querer hacer un formato porque no se había hecho nunca. El amor a Kapuscinski inspiró el deseo de hacer una película sobre él.

¿Cómo se acercaron al estudio polaco Platige Image?

A.R. -La elección fue bastante natural. Desde el inicio del proyecto tuvimos claro que teníamos que afrontarlo en coproducción con un estudio de animación, y siendo Kapuscinski polaco, a través de Malgorzada Janckzak, una amiga que trabaja en Varsovia, contactamos con Platige, que es uno de los mejores estudios de Europa. Y en 2009 allá nos fuimos, Raúl y yo, a proponerles la idea. Él ya había hecho Nömadak Tx y más cosas, pero Kanaki Films estaba recién creada. Nos plantamos allí con los derechos del libro reservados, el primer guión y la idea del formato.

¿Y cómo recibieron en Polonia a unos extranjeros que se proponían hacer una película sobre su héroe nacional?

A.R. -Pues yo creo que se quedaron un poco en shock. Pero inmediatamente vieron que aquello era algo que no querían dejar escapar, así que muy pronto comenzamos el desarrollo conjunto para hacer el teaser, que presentamos en Berlín en 2012, después de un primer viaje a Angola en 2011, uno de los hitos del proyecto.

Sin duda, uno de los grandes valores es poder ver a varios de los personajes de aquella historia hoy en día.

R.D.F. -Claro. Cuando miro atrás y pienso en los momentos más bonitos de este proceso, siempre están vinculados a lo real. A la escritura del guión con Amaia, con Carlos (Bassas) y con toda la gente con la que hemos colaborado. A esas quedadas de fines de semana encerrados en casas rurales. A las visitas a la viuda, a su traductora (Agata Orzeszek)...

A.R. -A rastrear en las líneas del libro para buscar a los personajes reales que pudieran participar en la película. Como Luis Alberto, que en el libro tiene un capítulo pequeñito, pero que en la peli ocupa un lugar importante. O Farrusco, que no fue fácil de contactar ni de entrevistar. La preproducción y la producción en Angola fueron un camino de confusao, sobresaltos, mucha paciencia...

R.D.F. -Y hoy es el día en el que me ha llegado un wasap de Farrusco deseándonos mucha suerte, bendiciones... Al final nos hemos hecho amigos de estas personas legendarias. Ha sido un honor conocerlas y hemos descubierto que las personas que Kapuscinski describió en su libro son mucho más grandes en la realidad. En 2011 repetimos en Angola el viaje que hizo él en 1975 con la gente con la que lo hizo. Y eso ya dice mucho de la esencia de esta película, que está inspirada en la realidad, en personas de carne y hueso, y a ellas está dedicada. A los héroes anónimos, a Farrusco, Luis Alberto, Artur, Carlota, a los civiles que murieron...

Para Kapuscinski, Un día más con vida era su libro favorito, seguramente porque cruzó, o quizá borró, la frontera entre periodismo y arte.

R.D.F. -Y eso que es una ficción basada en hechos reales y él realmente estuvo más cercano a la realidad. Él era mucho más que un periodista, era un activista.

A.R. -Y creemos que, posiblemente, en Angola vio que las pocas líneas que le permitía enviar su télex a su agencia de prensa no eran suficientes para contar lo que les estaba ocurriendo a las personas. Y buscó el oficio de escribir, el arte, como manera de hacer permanecer a todos los que conoció allí.

Como a Carlota, que es un emblema de la historia y de esta película.

R.D.F. -Con esta película nos han pasado cosas impresionantes. Cuando fuimos a Lisboa en 2012, acompañamos Luis Alberto a la Cinemateca Nacional, donde sacó una copia en 16 milímetros de lo que él había grabado en Angola. Y ahí apareció Carlota... Fue sobrecogedor. Ella murió a las horas de grabar aquel material.

A.R. -Imagínate. Una guerrillera muy joven que perdió la vida hace más de 40 años en una guerra olvidada sigue viviendo gracias al libro de Kapuscinski y a esta película. Esta mujer vuelve a resurgir como inspiración de un montón de ideales.

R.D.F. -De hecho, el clímax de la película está construido en torno a ella. Creemos que fue ella la que inspiró a Kapuscinski a escribir, cuando le dijo en aquel puente "asegúrate de que no nos olviden". Él se tomó eso como una misión. Carlota representa los ideales, la revolución, la creencia en un país más justo, la mujer como un elemento troncal de una nueva sociedad...

¿Qué nos puede contar hoy en día, con el periodismo en horas bajas, esta historia de entrega y activismo?

R.D.F. -En su momento, Kapuscinski se veía obligado a constreñir y simplificar la realidad a través de un télex. Y hoy en día tenemos Twitter, Facebook... Hoy el rol del periodista de guerra ha cambiado mucho y seguramente el redactor jefe tiene más información que el corresponsal que está sobre el terreno. Y creo que es un buen momento para reivindicar la figura del reportero, del periodista de verdad, el que se juega la vida, el que quiere vivir lo mismo que viven sus protagonistas. La película también muestra que, a veces, tu profesión se te queda corta y tienes que romper todo tipo de códigos deontológicos en función de una causa que consideras justa. Kapuscinski se tuvo que plantear si seguir las normas o romperlas, implicarse y tomar todo el partido necesario para apoyar el socialismo utópico y humanista en el que creía.

La película rompe con los géneros porque tiene todos los ingredientes: aventuras, épica, introspección... Puede interesar a muchos públicos.

R.D.F. -Kapuscinski decía que tenía un miedo atroz a aburrir al lector. Y yo como director, y Amaia igual, siento un miedo atroz a aburrir al espectador. Esta película la hemos hecho para dar a conocer más a Kapuscinski, para quedarnos a gusto y, sobre todo, para que el espectador pase una hora y media entretenida y envolvente de la que luego se acuerde.

A.R. -Arriesgamos mucho en el formato y, del mismo modo, desde el principio se tomó la decisión de que la narrativa tenía que ser lo más clásica posible. Con el héroe en el centro, su sufrimiento en el conflicto y una conclusión clara. Queremos que el espectador salga del cine sintiéndose realizado y haciéndose preguntas.

R.D.F. -Además, aquella guerra fría de la que habla Kapuscinski en su libro sigue vigente. Estados Unidos y Rusia siguen tensando el mundo para controlarlo; ahí está el caso de Siria, que sería la Angola de hoy. Lo que pasa es que cada vez cuesta más encontrar cronistas que te den de primera mano el tipo de información que él daba.

¿Fue muy difícil decidir sobre los porcentajes de animación y de imagen real en la película?

A.R. -Una parte muy especial del trabajo de guión fue incorporar los testimonios de los personajes reales y que no desentonaran con la animación. Y creo que lo hemos hecho bien. La crítica está destacando que la película te coge de la mano y te lleva hasta el final sin importar si lo que estás viendo es animación o imagen real.

R.D.F. -Mantener el final cut fue decisivo. Para mí era importante hacer una película que fuera casi una canción, que pudieras cerrar los ojos y te diera igual si estabas escuchando animación o imagen real. Que no hubiera límites, porque para mí no los había. Sí que tenía el temor de que la imagen real pudiera quedar minimizada ante una animación muy poderosa, pero cuando veo la película creo que la imagen real es el alma de esta película.

¿Cómo ha sido dirigir entre dos?

R.D.F. -No nos vamos a engañar, ha sido muy difícil. Han sido muchos años, con mucha distancia geográfica, cultural e incluso de edad entre Damian y yo... Nos hemos ido adaptando el uno al otro, hemos tenido grandes broncas por Skype y también momentos muy bonitos. Y siempre agradezco que esa lucha de poder creativo haya ido en favor de la película. Creo que ese pulso navarro-polaco al final ha sido para bien.

Como productora, el proyecto habrá supuesto un aprendizaje enorme.

A.R. -Ha sido un reto constante. La película me iba planteando desafíos que no había afrontando nunca y que tenía que ir superando. Si producir un largo ya es difícil, hacerlo con un proyecto que nace como una coproducción entre España y Polonia, pero a la que inmediatamente, después del éxito del teaser en 2012, se apuntan dos nuevos socios, Bélgica y Alemania, y luego Hungría como productor asociado... imagínate. Todo esto ha hecho que los tiempos de la financiación, la división del trabajo y los plazos se vuelvan muy, muy complejos. Cada país tiene sus requisitos. Ha sido un trabajo muy difícil y grande para lo que es el tamaño de las producciones medias en España, pero creo que he sido capaz de sacarlo adelante con solvencia gracias al compromiso y al convencimiento de que este es un proyecto que nace del corazón.

En esta etapa final también cuentan con el apoyo de la distribuidora navarra Golem.

A.R. -Está siendo una gozada. Trabajan con un mimo maravilloso. Y nos da mucha pena que en este momento no esté Josetxo Moreno.

R.D.F. -Recuerdo que hablé muchísimas veces con él sobre la película y la verdad es que su muerte fue dura. Eso sí, Otilio y el equipo de Golem están haciendo un trabajo muy bueno.

Durante estos años también han trabajado en otros proyectos, como Minerita, Goya al mejor corto documental en 2014, y la Trilogía de Haití, entre otros. ¿Y ahora?

R.D.F. -Ahora mismo hemos hecho Love, una historia sobre niñas de Sierra Leona obligadas a prostituirse y también otra sobre una cárcel de Freetown en la que hay menores. En breve iremos a un campo de refugiados en Uganda, volveremos a Angola...

A.R. -Tenemos muchas ganas de hacer nuevos proyectos y de seguir con la animación. Hay un material que nos ha enamorado que habla de un tema urgente y actual, pero de momento no podemos contar más. Nos están llegando muchas propuestas de coproducción tanto para documental como para animación y la verdad es que es un momento bonito para Kanaki.

En ese sentido, ¿Un día más con vida ha sido un antes y un después?

A.R. -Sí. Hemos arrancado este año con el Premio a Mejor Productora Europea en el Cartoon Movie de Burdeos, fuimos seleccionados para Cannes, ahora Donostia, la trayectoria de la película está siendo muy buena... Así que sí que es un antes y un después porque toda esa energía que hemos tenido volcada en Un día más con vida durante tantos años nos está proporcionando ahora la posibilidad de afrontar nuevos proyectos.

R.D.F. -Seguimos teniendo ganas de contar historias, que es lo que hacemos. Y ahora tenemos en mente tres y cuatro que nos vuelven locos.

Un día más con vida aún les puede dar más alegrías. Viene la carrera a los Goya, a los Oscar...

R.D.F. -Para mí, como autor, que la peli se vea en Donosti y luego en salas es importante, pero es que, además, si se ve en medio mundo es realmente importante. Trataremos de apoyar la película en todo lo que podamos, los Goya, los Oscar y lo que venga.