Javier Errea periodista, diseñador y consultor de medios

“Me apasiona la obligación ética de conseguir que en una sociedad local la gente sea capaz de hablar”

La librería Walden acogerá mañana, a las 20.00 horas, la presentación del segundo ‘acto’ de ‘El diario o la vida. Una defensa a tiros de los periódicos y el periodismo’

08.02.2020 | 16:50
Javier Errea posa junto a sus tres últimos retoños editoriales.

pamplona - El periodista navarro Javier Errea acaba de editar el segundo volumen de su particular diario, un compendio de experiencias vitales que tiene en la defensa del periodismo y los periódicos su leitmotiv. Un batalla en la que Errea usa todas las armas disponibles, hasta pegatinas con lemas como Newspapers dead? ha ha ha! o Fight Facebook Google. News enemies.

En 2015 se destapó con el primer volumen de esta defensa a tiros de los periódicos y el periodismo. Recién comenzado 2019, ¿se mantiene firme en esa decisión?

-Sí, yo creo que la cosa está igual. Este segundo volumen es un cierre de etapa porque refleja también la clausura del blog (Erreadas, donde inicialmente se han publicado los textos que lo conforman).

¿Estamos igual que hace cuatro años, realmente lo cree así?

-Los periódicos no han ido a mejor, yo diría que están peor, en general. Sigue habiendo la misma desorientación y ansiedad, incluso mayor, puesto que pasa el tiempo, se sigue cayendo y no se encuentran soluciones. Algunos, los grandes, parece que sí las encuentran, como el New York Times, que ha dado en la suscripción digital una vía de ingresos muy importante, hasta el punto de hacerlo rentable. El problema es que solo esas grandes marcas tienen capacidad para encontrar un nicho digital de suscripción. Toda la prensa regional de España lo está intentando, pero yo tengo muchas dudas de que eso funcione. De hecho, periódicos como El País continúan ofreciendo todo su contenido en abierto, aunque dicen que este año va a cambiar... Este es el panorama que tenemos.

En resumen, ¿que todavía no sabemos hacia dónde vamos tras haber continuado con esa caída que parece no tener freno?

-La caída en picado fue tan en picao que mucho más ya no se puede caer. Pero sí, veo mucho despiste y poco coraje para tomar decisiones que hay que tomar. Y me preguntarás cuáles son. Algunas las puedo intuir... En este sentido, creo que hay una revolución pendiente en la prensa regional, en la que noto que hay algo que no acaba de explotar.

Y, ¿qué es eso que no acaba de explotar?

-Es un tema de autoexigencia, de decir: hasta aquí hemos llegado y hay que dar un volantazo.

¿Hacia dónde?

-Hacia la calidad. Para mí, un diario regional tiene que ser el New York Times de Pamplona. Y mientras un periódico local no se plantee eso, me parece que no hay nada que hacer. Y creo que la prensa regional no está en eso. La sociedad ha evolucionado y ya no se conforma con cualquier cosa porque a través de un teléfono tengo acceso al New York Times, y por lo tanto no me la pueden dar con queso. Y cuando hablo de falta de coraje sé muy bien lo que digo porque mi trabajo como diseñador y consultor de medios me ha permitido ver muchos periódicos en el mundo, y esa falta de coraje se ve en todas partes igual. Yo siempre digo que los periodistas somos muy conservadores, mucho más de lo que creemos. Además de que estamos atados a una época en la que éramos muy influyentes y ahora no lo somos, y eso lo llevamos muy mal. Y ante esto, qué haces, te conviertes en un medio vocero o cierras el chiringuito. No, yo creo que hay otra solución. Martí Caparrós dice que hay que "hacer periodismo contra la gente, porque si vamos a hacer lo que la gente nos dice que hagamos, cerramos esto". Por lo tanto, no se trata de hacer lo que la gente aparentemente pide. Y luego, hay asumir que el periodismo de verdad y profesional es minoritario.

Acudiendo al título de uno de los capítulos de este diario, ¿periódico sigue siendo una palabra importante?

-Yo creo que no... pero todavía las esferas de poder sí lo consideran. Y eso condiciona mucho a todos, incluidas las agencias de publicidad, las agendas de los políticos o lo que la gente habla en las cenas tomando un pote. Sí que hay un círculo vicioso entre la política y los medios, se retroalimentan. Pero en la calle de verdad, y esto lo digo con muchísima tristeza, creo que somos poco importantes.

El problema es que los periódicos son, en muchas ocasiones, los que aportan las noticias de las que se nutren radios y televisiones. Y si estos desaparecen... ¿quién va a buscar las noticias?

-El núcleo de una empresa periodística es la redacción, es el corazón, el que alimenta... Si no hay una redacción, todos los demás departamentos del periódico se pueden ir al carajo. Y hemos vivido una época en la que los departamentos que más han crecido eran los de marketing, y eso es una contradicción brutal, porque esos departamentos de marketing no pueden vivir si no hay un periódico.

Ha apuntado que este libro marca un cierre de etapa y del blog. ¿Por qué? Y, ese cambio de etapa, ¿marcará también una nueva actividad profesional?

-Dejé de escribir en el mes de mayo porque me apliqué a mi mismo lo del coraje, aunque mucha más gente de la que me esperaba me ha preguntado por qué lo dejaba. Me suponía mucho desgaste porque he ligado la experiencia personal con el periodismo a la par que he procurado cuidar el lenguaje; y eso me ha costado muchísimo esfuerzo. No he pretendido hacer homilías, aunque alguna me ha salido, y tenía su repercusión, fíjate que hasta del grupo Prisa me han llamado alguna vez para protestar. Pero creo que ya he dicho lo que tenía que decir sobre periodismo, y prefería descansar. Y, por otra parte, llevo dándole mucho tiempo vueltas a sacar algo, a hacer un medio. En realidad, lo que me gustaría es no hacer esto sino volver a la trinchera.

¿Eso quiere decir que ya tiene algo entre manos?

-Tengo una idea desde hace tres años, parada porque el día a día me puede, porque hace falta valor y dinero... Pero tengo una idea de qué me gustaría hacer bastante concreta.

¿Local, estatal...?

-Local, porque yo creo que hay espacio. Hay algo que me apasiona que es la obligación ética de conseguir que en una sociedad local la gente sea capaz de hablar. Es una obsesión que tengo metida en la cabeza porque creo que los medios, en general, nos encargamos de echar leña al fuego. Y con eso me refiero a que no crean puntos de encuentro entre la gente. Una sociedad como la navarra está muy dividida, y mi obsesión es cómo, periodísticamente, puedo contribuir a que una sociedad hable más y esto funcione de otra manera. Ese es mi objetivo y creo que es una misión del periodismo que se ha olvidado. Así que si alguna vez sale mi idea, iría por este camino y sería en Navarra, que es lo que conozco. En este sentido sí es una defensa a tiros del periodismo y de la calidad.