Cuando se toma la decisión de comprar un coche se piensa en si ya es momento de apostar por el eléctrico, si aún es más cómodo una de gasolina por la falta de puntos de carga, si al diésel aún le queda más vida de la que se pensaba, si se opta por la opción intermedia de un híbrido… Pero hay una alternativa menos popular que está creciendo exponencialmente en los últimos años: los coches propulsados con GLP o autogás.

Tanto es así que en los últimos cinco años sus ventas en España se han incrementando un 420% (se han multiplicado por cinco), muy por encima de la media europea, donde también crecen, pero bastante menos: un 135%. Y en el último año el estirón que han pegado en nuestro país ha sido notable, disparándose sus matriculaciones un 76%, con más de 59.000 unidades.

Qué es el GLP y cómo funciona

Para entender este fenómeno conviene saber que el GLP es gas licuado de petróleo, una mezcla de butano y propano que se almacena en estado líquido y se utiliza como combustible alternativo en automoción.

Los coches que lo emplean son los llamados bifuel, es decir, que funcionan tanto con gasolina como con GLP. Incorporan dos depósitos (el de GLP ocupa el espacio de la rueda de repuesto en el maletero) y el conductor puede cambiar de uno a otro en marcha, normalmente con un botón. El arranque se hace casi siempre en gasolina, y después el sistema pasa automáticamente a gas. El resultado es un funcionamiento muy similar al de un coche convencional, pero con un coste por kilómetro sensiblemente menor, y se calcula que se puede amortizar a los 30.000 kilómetros.

Barato, etiqueta ECO y autonomía

Esa es una de las claves de su éxito. El ahorro en combustible puede rondar hasta un 40-45% respecto a gasolina o diésel, algo especialmente atractivo en tiempos de precios inestables, con guerras e invasiones en lugares estratégicos.

El Dacia Sandero es el indiscutible líder entre los vehículos con GLP.

No es la única ventaja. Los coches de GLP cuentan con la etiqueta ECO de la DGT, lo que les permite circular sin problemas por Zonas de Bajas Emisiones y beneficiarse de ventajas fiscales o de aparcamiento en muchas ciudades. Además, ofrecen una gran autonomía combinada (algunos modelos ya alcanzan los 1.600 kilómetros), gracias a sus dos depósitos, sin olvidar que el mantenimiento es más barato y se reduce el ruido.

De alternativa minoritaria a opción real

Durante años el GLP ha sido un combustible residual en España. Pero eso está cambiando a gran velocidad. En 2025 alcanzó una cuota de mercado superior al 5%, acercándose incluso a tecnologías tradicionales como el diésel, que es cierto que se encuentra en clara decadencia por las restricciones actuales y por el futuro que le espera con los planes de la Unión Europea.

Detrás de este crecimiento hay varios factores: un precio de compra contenido, con modelos asequibles; un coste de uso bajo; una infraestructura suficiente, con más de 800 puntos de repostaje por todo el país; y una transición energética en la que no todo el mundo puede (o quiere) dar el salto a los modelos eléctricos. No es casualidad que modelos económicos como el Dacia Sandero lideren tanto el mercado general como el de GLP, impulsando buena parte de las matriculaciones. De hecho la marca de origen rumano concentra el 80% de las ventas de modelos que incorporan este combustible.

¿Solución definitiva o paso intermedio?

El auge del GLP tiene su lectura en clave de transición energética. No es un combustible cero emisiones, pero reduce las partículas contaminantes un 100%, el óxido de nitrógeno un 68% y el dióxido de carbono un 14%. Por eso puede verse como una solución puente, que abarata costes y reduce impacto mientras la electrificación se asienta; un equilibrio entre precio, uso y restricciones.