Oier pone a Osasuna en su camino

0-1 EN SAN MAMÉS / Un gol del capitán da los tres puntos a los rojillos en el campo del Athletic en un encuentro práctico, en el que Arrasate montó un sistema para no encajar y el plan le salió con creces

17.02.2020 | 00:48
Oier, que reaparecía ayer, celebra su gol, el único del partido.

pamplona – Todo el mundo esprinta, por lo menos lo intenta; todo el mundo tiene prisas cuando la meta se empieza a divisar, aunque sea todavía a lo lejos. Por eso, Osasuna también notó en el cogote el aliento de las exigencias en la clasificación, tiró por el camino del medio e hizo un encuentro práctico en San Mamés, ideal por su resultado, tranquilizador para el futuro. Osasuna tenía para el estadio del Athletic un plan declarado, recomponer a su equipo a partir de una sólida defensa y evitar la sangría de goles, y el plan le salió con creces porque se llevó el premio máximo.

Oier, el centrocampista que regresaba al equipo tras varios encuentros de ausencia, marcó el único gol del partido en una acción de estrategia y reivindicó así el invento que había organizado el técnico para rendir visita al Athletic. El capitán no solo fue decisivo para el desarrollo y conclusión del encuentro, sino que demostró porqué tiene galones y estatus en esta plantilla. Combativo siempre, agresivo cuando correspondía y sin un solo gesto que enseñara falta de determinación o amilanamiento, Oier ejemplificó el ejercicio de resistencia y temple que trasladó Osasuna a San Mamés. No se vio ayer al equipo ambicioso que no rehuye el intercambio de golpes y que tampoco elude un encuentro de ida y vuelta sino, al contrario, Osasuna fue un conjunto recatado y comedido, que fue a Bilbao a pescar y lo pescó todo.

El gol de Oier colocó de nuevo a Osasuna en su camino después de varios resultados adversos y recuperó el ritmo del equipo para la consecución de la salvación. El acierto del centrocampista restableció el orden emocional en el conjunto rojillo, que suma después de dos jornadas sin hacerlo y se relanza en la zona tranquila de la clasificación. El premio añadido de mantener la portería sin mácula después de varios partidos con demasiados goles en contra es el postre de un partido ideal, por los puntos y la restauración de la confianza.

En un encuentro más animado en lo emocional que vibrante sobre el terreno de juego, los protagonistas del derbi dejaron todo visto para sentencia en el primer acto, porque en el segundo no se alteró el marcador –hubo trabajo y fortuna empujando hacia el mismo lado–. Los dos equipos habían montado alineaciones poderosas en lo defensivo, con numerosos centrales en sus formaciones y pocos metros para los delanteros, a los que les tocó buscarse la vida siempre molestados, con acometidas de mucho personal.

Había poco sitio para la chispa y el que acertara, tenía mucho trabajo adelantado. Fue en una jugada a balón parado cuando pasó el principal acontecimiento del primer tiempo y, a la postre, definitivo en el partido. Fue una acción de indudable acierto, también de mosqueo para el Athletic, porque el balón dirigido sobre el área por Íñigo Pérez lo tocó primero Unai, lo remató después también a puerta de cabeza Darko y finalmente Oier remachó la pelota despejada por Unai Simón. Tres remates en el área es como para enfadarse si se sufren y para felicitarse en este caso por el lado de los rojillos, que desatascaban un partido espesísimo y sin ocasiones con un lance de fe y oportunismo.

Osasuna se animó a partir del gol y ofreció sus mejores minutos frente a un Athletic que fue incapaz de rematar entre los tres palos y de agotar las fuerzas y la paciencia de Iñaki Williams, un jugador fantástico al que el vigor se le escapa en estos encuentros en que sus compañeros no le ayudan a sacar partido a su entrega y disposición.

Y quizás porque hay jugadores con espíritu y al Athletic le sobra corazón, pese a la tranquilidad del primer tiempo, el partido no se veía cerrado y en absoluto finiquitado. Garitano movió su equipo obligado por la lesión de uno de sus delanteros, Villalibre, y empujó a Raúl García más adelante, con el navarro Sancet incorporado a la tarea en el centro del campo.

Fue precisamente Raúl quien firmó la primera jugada de peligro real para su equipo gracias a un despeje de Sergio Herrera que dio en su cuerpo y salió rebotado hacia la portería. Se temió por el gol tonto de la temporada. Los acontecimientos se alinearon contra Osasuna en los minutos iniciales tras la reanudación porque el público le protestó como penalti una mano de Unai García tras taconazo inverosímil de Williams y Unai Vencedor, el canterano debutante en el Athletic, mandó una falta al larguero después de rozar en un defensa.

Fueron los mejores lances de los locales, que se fueron quedando definitivamente con el balón con el paso de los minutos, dejando el ataque para las acciones imposibles de Enric Gallego, demasiado solo en mucho campo que recorrer, o a las correrías de Estupiñán, que se ofrecía para todo y se lanzaba por su banda con esa energía inagotable que multiplica sus posibilidades. En una de esas, el ecuatoriano firmó el único remate de Osasuna en el segundo tiempo, un testarazo al esprint que bastante mérito tuvo por la velocidad de la acción y su reconversión en ariete desde el lateral izquierdo.

El equipo de Arrasate fue cediendo metros inconscientemente, calibrando la importante de guardar el marcador, y el Athletic sacó su ventaja de ello en el tramo final. Williams se encontró con Sergio Herrera en un cabezazo manso para lo excelente de su zona de remate, pero el portero rojillo todavía resultó más decisivo en una intervención fantástica ante Capa. El lateral metido de delantero se encontró con el regalo de un balón en el área y su disparo a romper se topó con los metros restados por la salida del guardameta, que hizo el resto, que fue mucho, con la manopla izquierda. Para ser el minuto 90 había sido un buen susto. No el último porque Aduriz, eterno cabeceador, colocó un testarazo en la cepa del poste tres minutos después.

El plan de Osasuna tembló al final, pero el marcador dice otra cosa, que es felicidad. Que la conclusión feliz del trabajo está más cerca.